04 agosto 2020
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Empleados que viven en 5 metros cuadrados en Salamaq

Medio centenar de empleados vive en cabañas de madera en la trasera de la nave del ovino. Hacen cola para ir a un baño que comparten entre diez familias, tapan con sacos las ventanas y rezan para que no haya lluvia

09 sep 2019 / 11:55 H.

La parte trasera de la nave del ovino esconde uno de los secretos mejor guardados: el lugar donde descansan medio centenar de trabajadores de Salamaq e incluso ganaderos. Son varios bloques de cabañas de madera diseñados para que en cada nave convivan entre 8 y 10 personas en habitaciones de 5 metros cuadrados cedidas por la Diputación para estos días.

Jorge Suárez lleva viniendo diez años seguidos a Salamaq y viviendo en las cabañas de madera para ayudar a su tío en una ganadería de charolés. “Desde pequeño me gusta el ganado y aunque mi profesión es de director de niños de coro, nunca faltó a la Feria”, explica mientras muestra su habitación en la que este año ha instalado un colchón hinchable para ganar en comodidad. Las habitaciones individuales son de apenas 5 metros cuadrados, mientras que las dobles tienen un tamaño ligeramente superior.

“Durante el año soy director de niños del coro y siempre en Salamaq ayudo a mi tío en su ganadería de charolés”

Reconoce que las instalaciones “son mejorables” y centra las necesidades en los baños: “Cuando te duchas el agua no solo se queda en el cuarto, sino que también llega hasta el pasillo y se inunda el bungalow entero”. A esta situación se le suma que tengan que compartir los lavabos con 8-10 familias todos los días. Sobre la situación de las habitaciones, aunque todos entienden que es una solución provisional que se vive durante una semana también proponen algunos cambios. “Tenemos que tapar las ventanas con sacos si queremos que no se vea todo desde el otro lado y salir corriendo para que no se acabe el agua caliente”, detalla una ganadera de una provincia cercana a Salamanca que prefiere no dar a conocer su nombre. Virginia Martín también lleva viniendo 15 años acompañando a su marido y asume que las habitaciones “debían ser más amplias”. Viene desde Boadilla dos días antes de la Feria y se queda hasta el día 10. La ropa envuelve la cama por la falta de espacio. “Estamos rezando todo el rato para que no llueva porque sino nos calamos”.

Sin embargo, vivir todos juntos en esta solución provisional también crea un clima de camaradería que hace que la Feria sea mucho más llevadera. “Comemos todos juntos, nos reímos, charlamos, jugamos con los niños y los nietos y al final lo pasamos bien”, explica Suárez.

La ganadera pide que la Diputación debería fijarse en las instalaciones que realizan en Zafra (Extremadura) para mejorarlas y dar un lavado de cara a las cabañas. “Hace 15 años estaban bien, pero ahora debería ser el momento de mejorarlas”.

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