19 septiembre 2020
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Cazadores... y ‘recolectores’

Artículo de opinión de José Antonio Pérez Garrido en la sección quincenal de caza de LA GACETA

09 ago 2020 / 21:13 H.

Siempre nos enseñaron que desde su aparición hace 5.000.000 de años hasta hace apenas 10.000 años la especie humana fue cazadora-recolectora, términos esenciales a la hora de definir la evolución humana y la aparición de sus organizaciones sociales. Pues bien, en el momento actual se impone la necesidad de que el hombre que es cazador se comporte nuevamente como recolector, pero no de otros frutos de la naturaleza, sino de datos de las especies sobre las que sigue ejerciendo su afición venatoria.

Nos encontramos en un punto en que el mantenimiento de la caza como extracción de piezas del medio natural ha de justificarse, salvo en el caso de daños a cultivos o infraestructuras, en base a la viabilidad futura de dichas especies y a que el impacto que produce no afecte a la sostenibilidad de sus poblaciones. Especialmente manifiesto es este hecho en especies migratorias, como becada, codorniz, tórtola o los zorzales, que “no pertenecen a nadie”, cuya gestión es complicada al afectar a territorios, países e incluso continentes con muy diferentes culturas en cuanto a la conservación del medio natural se refiere.

La legislación europea y sus trasposiciones nacionales exigen la monitorización continua de las poblaciones animales sometidas a actividades humanas, la caza incluida. Sin embargo, prácticamente todos los datos en que se fundamentan provienen de las mismas fuentes, autodenominadas ecologistas y muy cercanas en la mayoría de las veces a movimientos animalistas poco transigentes con aquellos que piensen diferente a sus postulados. Estas fuentes cuentan con escasos medios humanos en el campo pero abundantes apoyos económicos y propagandísticos, e influyen de forma notable sobre las decisiones administrativas y políticas relacionadas con el medio natural.

Es el momento de que los cazadores nos volvamos recolectores porque disponemos de información de primera mano de lo que está sucediendo en nuestros ecosistemas, tanto con las especies cinegéticas como con las protegidas. Ha sido tradición entre los cazadores guardar el saber, nuestras experiencias y observaciones para nosotros mismos o nuestro círculo de semejantes de confianza. No hemos dado importancia al hecho de que en conjunto disponemos de un ingente potencial humano presente en el campo una gran parte del año recogiendo información veraz que resulta necesaria a la hora de posibilitar el trabajo de gestión tanto a técnicos como administraciones y podamos ser así imagen visible a la hora de que terceros tomen decisiones en cuanto a nuestra actividad se refiere.

El cazador ha de evolucionar. No puede quedarse en salir al campo y abatir piezas sin más, puesto que cada una de esas piezas ofrece información única como su sexo, edad, estado sanitario, etc, necesaria para conocer el estado de conservación de su especie y la posibilidad de seguir cazándola en años venideros. Podemos aportar los datos de forma individual o bien colectiva entre todos los socios de nuestro acotado contactando directamente con la administración, con nuestros gestores o con las diferentes asociaciones de cazadores existentes, fundamentalmente con las delegaciones provinciales de la Federación de Caza dado que tienen un sistema estandarizado para canalizar dicha información, como es el Proyecto Cazdata en Castilla y León.

Es ya un deber para con la naturaleza y con la sociedad si queremos seguir cazando.

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