24 enero 2021
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Cazadores que se tiran piedras contra ellos mismos

El sector pide respeto desde el exterior y prudencia a los propios compañeros

Sergio Milán

Delegación salmantina de caza

Cada día estoy más convencido de que no necesitamos a los ‘anticaza’ ni al sector animalista radical para poner la caza en tela de juicio y para provocar más desunión entre los cazadores. Hace poco apareció en muchos medios de comunicación, tanto adoctrinados y adoctrinantes en el animalismo, como del sector, una noticia sobre unos cazadores españoles que habían ido a cazar a Portugal, en una finca cerrada, en la cual en una sola jornada de caza se abatieron unas 540 reses. Los cazadores asistentes cometieron el “error” de compartir por redes sociales su recuerdo que causó grandes criticas.

Sinceramente, poco preocupa que los de siempre critiquen lo que no conocen o lo que nunca se esforzarán en comprender, es batalla perdida. No ocurre lo mismo con las críticas de dentro del sector. Estamos cayendo en una peligrosa rutina que fuerza la ruptura de una cohesión más que necesaria en tiempos difíciles, pedimos que los de fuera nos respeten pero desde dentro somos los primeros en tirarnos piedras a nuestro tejado.

Cada día es más patente el egoísmo de muchos cazadores cuyas quejas no hacen más que poner el foco sobre una actividad cuyo papel es esencial. Rápido caemos en la hipocresía de la que acusamos a otros.

Hace relativamente poco se habilitaban los desplazamientos para control poblacional, hecho de indudable importancia, y allí teníamos a no pocos aficionados a la caza menor quejándose de por qué jabalí sí y no perdiz.

Ahora tenemos a quienes critican a estos cazadores que se fueron a Portugal a una finca particular, cuyo propietario crió esos animales para ser abatidos en una “montería”, gente que seguramente si les hubieran invitado gratis habrían ido a ojos cerrados, o que van a ojeos de perdiz a apostarse con un secretario para hacer tapices de 1.500 o 2.000 perdices criadas para tal fin, o que van a intensivos a preparar cachorros (o no tan cachorros) antes de la media veda a golpe de caja de 25 codornices, pero claro... su moral es superior.

Para más inri, vienen las instituciones deportivas o cinegéticas a pedir que no se compartan fotos de caza en redes. Empezamos por admitir que, como citaba el compañero, unos “carteristas conceptuales” cambien el nombre de nuestra Ley de caza por un eufemismo horrendo, y acabamos por hacer desaparecer nuestros recuerdos, nuestros lances, nuestro compañerismo frustrado a golpe fría pero necesaria mascarilla.

Señores, más nos valdría no pasar el día como la gata Flora, no ensañarnos con compañeros, mostrar más empatía por quien haciendo las cosas legalmente disfruta de una modalidad diferente a la nuestra, pero sobre todo, no avergonzarnos por nuestras pasiones pues al final lo que se oculta, acaba por desaparecer.

Eso sí, recordad, como dice nuestro amigo y colaborador Álvaro Fernández, “una foto de caza es bonita siempre que sea bonita, y sea de caza”.

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