14 diciembre 2019
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Adiós al último pastor de El Cabaco

El pueblo se queda sin ovejas y cabras por la jubilación de Andrés Pérez, que de niño, con apenas 12 años, cuidaba el rebaño de Aldeanueva de la Sierra

04 dic 2019 / 12:54 H.

Con la jubilación de Andrés Pérez se acaban las ovejas y cabras pastando por El Cabaco y también se va el último ganadero del pueblo -quedan dos pero son de otros municipios y se dedican a las vacas-. A pesar de ser el último -”porque ahora los jóvenes no quieren esto y a mi primo, que quiso, le puso pegas el anterior Ayuntamiento”- su balance general como ganadero ha sido bueno, hasta el punto de que repite que se siente “orgulloso” de haber elegido este camino que para él no fue fácil.

Aún recuerda que cuando apenas tenía 12 años pasó el verano en Aldeanueva de la Sierra para cuidar las ovejas de los vecinos “y era escuchar los domingos las campanas de mi pueblo y echarme a llorar porque quería volver”.

Adiós al último pastor de El Cabaco

Después cuidó las de su padre hasta que decidió comprar ovejas a medias con otro y fue haciendo un rebaño al final propio que llegó a tener 1.200 ovejas. Empezaron los problemas con el anterior alcalde -del que denuncia que le ponía trabas- hasta el punto de que cuando ya sólo le quedaban cabras que había comprado en Malpartida, con ordeñadora y pese a la comodidad y tranquilidad que suponía que un camión fuera a El Cabaco a recogerle la leche, decidió que no podía más y vendió los animales -122 entonces- a un extremeño.

“Pagué 125 euros por cada cabra y al final las vendí por 30 euros y eso que eran muy buenas”, dice para ilustrar lo precipitado que fue la venta. Su compañera se quedó con 100 ejemplares en El Cabaco y él aceptó irse a Extremadura para trabajar de pastor para el ganadero que le había comprado las cabras. “En El Cabaco me estaban machacando con las cabras, todo me iba mal porque eran problemas y más problemas. Él me dijo que necesitaba a alguien que cuidara de su ganado, 350 cabras en total, y para allá me fui y todo fue estupendo”. “He vuelto porque tenía en El Cabaco otra parte de las cabras por el contrato de 5 años que tenía con la Junta y que cuidaba mi compañera, porque sino es posible que hubiéramos acabado allí”, cuenta.

Andrés se jubiló el domingo pero se queda con 20 ovejas de raza Dorper, tres conejos y 9 gallinas por no perder el contacto con el campo. Tiene claro que, si el Ayuntamiento de turno no pone trabas, en un pueblo como El Cabaco “de las cabras se puede vivir y perfectamente”.

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