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Luis Tudanca debió dimitir la misma noche del 13 de febrero de 2022, tras el batacazo socialista en las elecciones a las Cortes de Castilla y León. Y apunto estuvo, cuando dijo aquello de «Tened claro que otros vendrán y que harán que el cambio llegue a esta tierra porque esta tierra lo merece». Fue solo un amago. Ahí sigue el burgalés al frente una oposición inodora e indolora, liderando al PSOE en la Comunidad, y con unas inexplicables ganas de continuar fracasando.
A Luis Tudanca le dábamos todos por amortizado desde aquella moción de censura contra Mañueco en la que le falló la «operación tránsfugas» fracasada por no haber amarrado bien a los traidores/as. El golpe de gracia fueron las urnas de febrero, donde perdió 7 de sus 35 procuradores y salió condenado a otra legislatura de travesía por el desierto de la oposición.
Si no estaba poco quemado, sus declaraciones de hace un par de meses contra el «cupo catalán» le han cerrado definitivamente la puerta a repetir como candidato a presidente de la Junta. Así lo ve todo el mundo, aparte del propio Tudanca y de los integrantes de ese recinto de realidad virtual llamado PSCL-PSOE. Ignorante de esa circunstancia, el secretario regional ha intentado, con el aval del Comité autonómico, una jugada a espaldas de Sánchez y su guardia de corps, adelantando las primarias para prepararse ante un posible adelanto electoral y evitar de paso que Ferraz le coloque un candidato alternativo. Hay que ser inocente, cándido e ingenuo para pensar por un momento que un baroncillo de andar por casa como Tudanca puede ganarle por la mano al trilero mayor del reino.
Así que el Comité de Garantías del partido le ha parado los pies al de Burgos y no habrá primarias hasta que Sánchez, Santos Cerdán mediante, así lo decida. Y con el candidato más sanchista que encuentren.
A todo esto tenemos marejada en el PSOE regional, cuando todos pensábamos que el partido era un mar en calma, lo más parecido a un cementerio. Casi dan ganas de hablar de rebelión a bordo, si no fuera porque el grueso de la marinería se mantiene fiel al gran timonel, pese al hambre, los castigos y la deserción de los principios democráticos, de la igualdad, del respeto a la ley y de la separación de poderes, entre otras menudencias.
Este amago de rebelión contra Ferraz, las discrepancias sobre las primarias y el derecho a decidir de las bases, junto con algunas declaraciones altisonantes, provocan una mezcla de hilaridad y compasión. Alguien en el PSOE no se ha dado cuenta de que el partido está muerto y aquí hace tiempo que no existe otra cosa que no sea el sanchismo, el culto al líder y la lealtad incondicional bajo pena de pasar por la quilla.
El papelón de quienes han apoyado la jugada de Tudanca es de aúpa. No pueden renegar del adelanto de las primarias, porque lo han votado, pero tampoco se atreven a enfrentarse a Ferraz, por lo de la quilla. Así nos encontramos en Salamanca con un suavemente crítico secretario provincial, David Serrada, que no comparte pero acepta la desautorización, o un portavoz en la Diputación, Fernando Rubio, que se queja de que con este freno a Tudanca les dejan a los pies de los caballos. Y es cierto: ahora si eligen al burgalés para repetir como candidato contarán con la oposición del todopoderoso aparato sanchista, y si votan a otro, se sabrá que no es el candidato de Castilla y León sino el de Madrid.
Este lamentable espectáculo en casa del «enemigo» será un acicate más para que Mañueco adelante las elecciones. Pero tampoco depende del PP de Castilla y León, sino de Madrid.
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