16 octubre 2019
  • Hola

Un rincón del río Águeda en el olvido

Un espacio por el que pasan muchos caminantes todos los días y que parece un basurero

06 ago 2019 / 12:23 H.

Justo ahora cuando las máquinas limpian la basura de la margen de enfrente, este rincón del río aún parece más sucio y desamparado. Llevan varios años las distintas corporaciones llevando a cabo actuaciones en el río y sus orillas, que lo han transformado en un espacio con mucho encanto, especialmente en los meses veraniegos. Actuaciones que merecen todo tipo de alabanzas.

Clamaba al cielo ante tanta armonía y belleza el basurero en que lo habían convertido la orilla próxima al muro de contención. Hasta los caballos, se han vuelto a ver, mejorando si cabe la bella estampa, a pesar del escaso caudal que baja desde la pesquera.

Cada vez que paso por las casas de la Concha, no puedo menos de recordar cómo era hace años, ese espacio del río entre las casas y el puente, incluso la parte de las Tenerías. A pesar de que ahí desembocaba una de las cloacas más grandes de la ciudad, el suelo estaba tapizado por hierba siempre fresca, que entonces llamábamos verderas. Césped natural de grama, regado por las lavanderas que tendían la ropa para blanquearla. Eran las lavanderas, unos personajes a los que había que hacerle un homenaje. Cada vez que voy a Oviedo, en calles y plazas, siguen colocando escenas escultóricas de oficios, personajes de la historia de la ciudad, quizás ese espacio afeado actualmente, dentro de un entorno muy coqueto, sería ideal para homenajear a aquellas mujeres que hacían un trabajo en la sombra.

Basura, lanzada como dardos contra la belleza natural, insensibilidades que es difícil reconducir, afortunadamente, la enorme morera de hojas anchas se encarga de tapar muchos desaguisados. No se priva de nada este espacio, hasta el fuego lo visitó recientemente, agudizando si cabe, su lamentable estado, como dice el refrán “al perro flaco todo son pulgas”.

Nada que ver con lo que conocimos en nuestra niñez, formaba esa esquina del río, una de las señas de identidad de la vida de la ciudad. Las lavanderas arrodilladas en la banca de madera, frota que te frota sobre el lavadero, una tabla que la escofina habría hecho crestas y valles, para llevarse al río la suciedad de la semana o semanas, porque mudarse era un ejercicio que no tenía horario ni calendarios. Cada casa y circunstancia tenía el suyo.

Creo que eran las lavanderas, las que se encargaban de adecentar la ribera, el camino de bajada, la roza de zarzas y maleza, y sobre todo los tendederos, cuerdas o alambres entre palos clavados o de chopo a chopo, donde tendían la ropa, que entonces casi toda era blanca, alguna negra, cuando el luto sobrevolaba la familia.

Bajaban, especialmente los lunes por la Colada, haciendo equilibrio con un barreño de cinc en la cabeza, otro en jarras y un caldero de la mano. Cuando la ropa estaba la seca, en parejas doblaban las sábanas e iniciaban el camino de regreso y repartir la colada limpia a sus clientes, especialmente las sábanas que era difícil lavar en las casas por falta de espacio físico. Me acuerdo de la señora Paca que era la lavandera de mi abuela, ya mayor, con un carácter exquisito entre tanta penuria. Aún recuerdo el olor a ropa limpia uno de los olores que más marcaron mi infancia, donde muchos olores no eran demasiado gratos al olfato.

Tal vez, pronto le toque el turno a este espacio para que deje de ser un basurero, por el que pasan muchos caminantes todos los días. Se mire como se mire, la mierda llama a la mierda, la limpieza y la belleza, tal vez la espanten, falta hace. Y cuando llegue el momento de adecentarlo, sería bueno pensar un poco en lo que fue. En un mundo donde todo pasa tan rápido, es bueno de vez en cuando echar la vista atrás, ver de dónde venimos.

De momento, los patos nadan a la orilla, dando un toque bucólico, entre juncos y cañaverales. Por último, un ruego, que la intervención sea respetuosa con el río y su entorno, que son los protagonistas, especialmente después de ver como la traída y llevada pasarela ha adquirido demasiado protagonismo, sin merecerlo, se mire el río desde donde se mire.

PALABRAS CLAVE