16 octubre 2019
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¡Qué poco queda de las huertas ahora que tanta falta nos hacen!

Reflexiones del Martes Mayor

31 ago 2019 / 12:20 H.

Llevamos un tiempo que el cambio climático se está abriendo un hueco en el mundo de las noticias, especialmente en la prensa escrita, bien en papel o digital, en cambio en la TV, donde siempre acuden más a informarse, de momento esa información la obvian. Últimamente le está tocando al ganado, especialmente a las vacas, bailar con la más fea, pues sobre ellas llueven- con la falta que hace la lluvia- críticas responsabilizándolas del calentamiento de la atmósfera por la gran emisión de gases que expulsan a la atmósfera.

Por supuesto, que el calentamiento global no ha sucedido de la noche a la mañana, y en él han contribuido gran cantidad de factores que se han ido sumando para llegar a este puerto donde estamos ahora embarrancados.

Martes y 13, Martes Mayor en Ciudad Rodrigo, mucho ruido y pocas nueces a la hora de mercadear, ese arte que tanto supuso en la evolución humana, donde es fundamental la empatía entre el que vende y el que compra. Difícil que ello se consiga con la marabunta de gente, que semejando riadas de agua que no corre, se mueve sin ton ni son por las calles y plazas de la ciudad, buscando alguna ganga o simplemente para mirar.

No es la mejor forma de promocionar las bellezas de la ciudad, pero la gente llama a la gente y desde luego la ciudad por la mañana estaba irreconocible. Es cierto que es buen escenario para encontrarte con gente, tomar unas cañas. Lo hicimos, recordando los comienzos de esta fiesta-comercial, con postre dulce en Etreros incluido, echando mucho de menos a Tere Bárez y a Julia Montero, auténticas animadoras de esta celebración.

La tarde queda para jóvenes y otros no tan jóvenes que aguantan aferrados a su vaso hasta que el día vaya decayendo. Cogí la mochila y me eché a pedalear, después del barullo matinal necesitaba conversar conmigo mismo desde el interior, rumiando informaciones, pensamientos y también recordar que a tu alrededor hay una realidad que merece la pena contemplar y analizar.

Recorrí unos kilómetros por caminos y otros sucedáneos entre huertas que fueron y han dejado de serlo y algunas que afortunadamente aún lo son, y alegran y de qué manera al caminante.

¿Realmente cuántos productos que se vendía por la mañana eran de Ciudad Rodrigo? ¿Cuántos de esos productos eran realmente de primera necesidad?. Hace años no había martes mayor, pero sí había el mercado de los martes, las ferias, donde acudían a vender principalmente los hortelanos de estas huertas por donde paso, hoy convertidas en eriales o en proyectos de lagunas rodeadas de juncos y cañaverales, aprovechando el agua que escapa por todas partes .¡Qué bullicio por el puente repleto de caballerías con las árganas repletas de productos camino del mercado¡

Huertas que proporcionaban a la mayoría de la población verduras, fruta y hortalizas todo el año, además de carne, queso, huevos, en un entramado económico, que visto en la distancia parece tan lejano en el tiempo como imposible que vuelva a funcionar de nuevo. Ha ocurrido todo tan rápido, que apenas hemos tenido tiempo de analizar lo que ha pasado. Lo que cuesta arreglar una cadena cuando se pierde un eslabón.

En mi caminar, de vez en cuando salta a la vista lo que queda de la vieja huerta, donde la noria, la higuera, el nogal y el charaíz aún han resistido al más duro de los abandonos y aún es claramente perceptible su presencia, a pesar de su reconversión en piscinas. Son las huertas más antiguas las que aún conservan algo de lo que fueron, aunque ninguna como la del matrimonio Perancho, repleta de verduras en este mes especial para los hortelanos.

Huertas de Santa Cruz, de la Torrecilla, Pedrotello, Las Viñas... donde había familias de hortelanos que pasaban su vida entre el cielo y la tierra, agachados, plantando, cavando, regando, recolectando productos de una gran calidad. Aún se pueden comprar algunos en los pocos puestos que quedan los martes en la Plaza de Béjar. En esas huertas los lunes había una actividad especial, preparando el género, como lo llamaban, para llevarlo a la plaza el martes, su día grande. Olían las huertas a verdura, a tomates, pimientos, zanahorias, que lavaban en el charaíz, agua que se reutilizaba, no se podía malgastar, lo mismo que ahora que el agua corre por donde quiere sin rumbo, bajando por el asfalto de la calleja, sin nada que regar.

A las viejas huertas, se le unieron muchas más cuando el pantano empezó a suministrar agua en abundancia. Hoy, visto lo visto, fueron huertas de muy corto recorrido, a juzgar por lo que son ahora. Pasamos de ser un modelo de agricultura sostenible a ser un modelo difícil de catalogar, donde las vacas, ovejas, que en la ONU aconsejan reducir su número, están aumentando.

Es difícil que el regadío vuelva a ser lo que fue, caminando por la calleja que lleva al canal, en su día vergel de huertas que producían mucho, pienso en iniciativas desde los centros de enseñanza. Si la tarea es complicada, sino se afronta desde la educación mejor no hacer nada. En Cabra, municipio cordobés, un instituto ha desarrollado un proyecto para recuperar las huertas abandonadas que está dando ya sus frutos, una bonita iniciativa que permite fijar población.

Tal vez sea difícil, pero no imposible, después de llegar y contemplar el precioso jardín que tiene el matrimonio Perancho, una huerta de exposición. Canteros de lechugas, coliflores, coles, lombardas, berenjenas, puerros, cebollas, judías verdes, tramos de patatas. Hay que trabajar de sol a sol para tener la huerta como la tienen, y aún le queda tiempo para segar alfalfa para las vacas lecheras, un ejemplo de sostenibilidad.

Pero al salir del jardín, de nuevo uno topa con la realidad, las acequias tienen demasiadas heridas por donde el agua escapa a ninguna parte, el canal está siendo colonizado por todo tipo de plantas, con las zarzas comiéndose sus orillas, huertas irreconocibles. En algunas pastan ovejas, caballos, vacas, en otras campan a sus anchas estramonios y cenizos gigantes, otras han sido transformadas en chalets de lujo y recreo, otras en eriales estériles, algunas cerradas a cal y canto con somieres herrumbrosos para que duerman su sueño eterno, difícil, muy difícil será despertarlas.

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