El día de la trilla, fiel a su ya habitual cita anual en Monsagro

Como viene siendo costumbre, la trilla tiene su día en la localidad llegado el mes de agosto

04.08.2018 | 20:37
El día de la trilla, fiel a su ya habitual cita anual en Monsagro.
Con la llegada del mes vacacional por antonomasia – agosto – comienza a ser ya tradicional en Monsagro, la celebración de una jornada de recuerdo y homenaje, a uno de los oficios rurales más  antiguos de la estación estival. El día de la trilla.  
 
El primer fin de semana - sábado 4 -  del recién estrenado mes, Monsagro fiel a su ya acostumbrada, y porque no decirlo reciente tradición, reúne en las antiguas y  bien conservadas eras, a los amantes de lo rural, para participar en el día de la trilla.
 
Algunos nostálgicos que conocieron esta actividad – desaparecida de la localidad hace un cuarto de siglo – y sobre todo gente que nunca ha tenido ocasión de contemplar el arduo proceso de obtención del grano. Grano que posteriormente, tras pasar por las muelas de piedra de los añejos molinos se convertía en la blanca harina con la que se elabora el pan, toda esa gente, y sobre todo los chiquillos, ávidos como siempre de nuevas experiencias,  se han dado cita en la pequeña población salmantina, para al menos por unas horas, contemplar el lento y costoso trabajo de  dos caballerías arrastrando  un artilugio de madera – trillo - con pequeñas piedrecitas en la parte que toca con la paja, con el fin de quebrarla hasta que se separe del grano.
 
Una actividad, hogaño lúdica, pero que antaño constituía una de las más arduas tareas del campo, tanto por la época en que se realizaba, verano, a pleno sol, como por lo que suponía todo el proceso, segado, acarreado, trillado y posterior limpiado para dejar separada paja y grano.
Durante este proceso, los niños tenían un papel relevante, sobre todo a la hora de la trilla, ellos eran los encargados de pasarse prácticamente todo el día subidos en el trillo, dirigiendo la monótona rotación de las parejas de animales sobre la superficie de la era tapizada de balago, hasta que estaba lo suficientemente desmenuzado como para proceder a su separación. Todo un tedioso trabajo a cargo de los menores, bajo la supervisión de sus padres.
 
Lo que ahora resulta un juego, antes constituía una obligación, que se prolongaba durante varios días bajo el agobiante calor, con la única protección de un sombrero de paja y la inestimable colaboración de un botijo con agua de la fuente, para mitigar la sed.
 
Afortunadamente en la actualidad, esas antiguas obligaciones se han trocado en  actividades representativas de lo que fue la vida rural, y  han pasado a convertirse, en homenaje a los mayores que nos precedieron y sin los que - a pesar de que cueste creerlo - hoy no tendríamos lo que tenemos, y me refiero a la tecnología y el nivel de bienestar del que gozamos.
 
La presente edición ha contado con la presencia de un tamborilero nacido en la localidad – Hilario – y con un nutrido grupo de personas residentes vestidas a la antigua usanza para realzar aún más la escenografía, y dotando de paso la jornada con una nota de color, que también en lo meteorológico, ha hecho honor a la actividad, aportando el componente de un calor sofocante inherente a tan ingrata labor, tal y como se padecía en la antigüedad.
Por eso, a mi juicio, es tan importante que municipios como Monsagro, organicen un día de la trilla, para que las nuevas generaciones sean conscientes de donde procedemos.
 
Al final de la mañana, una vez concluida la actividad principal, los asistentes complementaron el día, con la amplia oferta turístico-cultural de Monsagro, Jardín botánico, museo de la caza, Centro de Interpretación de los Mares Antiguos,  y de paso recorrer las calles del pueblo, tratando de buscar los trilobites en el recientemente estrenado videojuego de MonsaGo – los más pequeños – y por su parte los mayores, contemplar las huellas fosilizadas que dejaban los trilobites al "crucianear" – termino éste, acuñado por el paleontólogo José Ángel González de la Universidad de Salamanca, para referirse al desplazamiento  del animal  por el fondo marino dejando a su paso, el rastro (icnofósil)  conocido como cruciana – por lo que por aquellos entonces era el gélido mar en el que se ubicaba Monsagro. Motivo por el cual, el también paleontólogo del Consejo Superior  de Investigaciones Científicas,  Juan Carlos Gutiérrez Marco, catalogó a Monsagro como: "la capital del mar de la provincia de Salamanca", el  pasado 2 de julio, día de la inauguración del Centro de Interpretación. Quién nos iba a decir, que 450 millones de años después, en el lugar por donde se movían exclusivamente seres vivos marinos; en el año 2018 podríamos asistir a la recreación de una actividad agrícola tradicional, típicamente serrana y  por descontado, eminentemente terrestre.
 
Un año más, el Ayuntamiento acierta  de pleno, al ofrecer al visitante una actividad, que puede contemplarse cada vez más escasamente en contados pueblos. El día de la trilla, debe de seguirse celebrando cada año  tanto como homenaje a nuestro mayores, como por actividad lúdica para los pequeños,  y educativa para los mayores.
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