16 julio 2019
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Modesto Blanco, ‘Pichoga’, azote de las Jaras en su juventud

Personajes populares de Ciudad Rodrigo

17 may 2019 / 17:49 H.

Coincido de vez en cuando con Modesto en La Aldaba, compartiendo sufrimiento como buenos seguidores del Atleti. Es Modesto todo un personaje que anda deambulando por las calles del barrio, su barrio, desde que ya hace tiempo cerró su etapa madrileña.

Bastante mayor que yo, coincidimos en muchos recuerdos y experiencias vitales, por lo que cuando nos vemos siempre hay un espacio para comentar cualquier anécdota o chascarrillo de la vida de aquellos años en la calle del Rollo y sus alrededores. Pertenece Modesto a una familia enormemente conocida en Ciudad Rodrigo: Los Pichogas, familia numerosa que se dedicaba fundamentalmente a hacer cisco en otoño e invierno, a segar en verano y, a veces, a espantar los toros en carnaval, aunque siempre me dice que nunca le dio por seguir esa tradición de Los Pichogas, que hay más de una familia.

No se ha vaciado esta zona recientemente como parece que quieren transmitir los políticos jóvenes, lleva años teniendo las puertas abiertas, por donde nos marchamos generaciones y generaciones en busca de nuevas oportunidades o sencillamente por conocer otras formas de entender la vida. Modesto fue uno de ellos, hizo sus maletas un día, y ligero de equipaje se presentó en Madrid, donde en los años 60 hacía falta mucha mano de obra para construir bloques y más bloques de pisos ante la llegada masiva de emigrantes de las zonas de la España más deprimida. Me cuenta muchos de sus avatares madrileños , desde el primer momento se integra perfectamente en la vida de la capital, terminando su vida laboral en una portería. Más de una vez coincidió con mi tío Orencio tomando un chato por la calle Mayor de Alcorcón. Es Modesto una persona muy abierta y eso por supuesto ayuda cuando uno se marcha de su pueblo

Un pueblo del que nunca renegó y al que volvió cuando le llegó la jubilación y las circunstancias familiares cambiaron bruscamente. Lleva ya muchos años paseando por las calles, especialmente de su barrio de siempre. Nació en la calle La Valera, donde sus padres tenían la cisquería. Pedaleando esta semana por el camino del Junco Gordo, entre jaras en flor, rabiosamente olorosas, me acordé de Modesto. Según me ha contado en más de una ocasión, estas sierras eran el destino de trabajo para arrancarle su materia prima: las jaras. Empezaba a final de agosto la temporada del cisco. Un carro de varas, tres mulos en fila tirando, sacos de anjeo, cántaras de cinz imposibles de curar ya los lecheros, la espiocha, el calabozo, la hoz eran sus armas para enfrentarse cada día al tajo.

Sierra de Torralba, Camaces, Monsagreño, Mediasfuentes, La Sierra, Campanero, y Valdecarros, son nombres que le traen muchos recuerdos a Modesto, parajes llenos de encanto que nuestro protagonista recorrió de cabo a rabo para obtener de las jaras el combustible más popular de aquellos años. Se nota que las jaras ya no tienen depredadores urbanos, campan a sus anchas hasta la orilla del camino. Entonces, tenían complicada su supervivencia entre la espiocha de los cisqueros y el calabozo de los jareros su ciclo vital estaba constantemente amenazado. Recuerdo las tardes cuando llegaban las largas hileras de burros cargados de jaras que parecían caracoles con su casa a cuesta, para atizar los hornos de las panaderías, como la de Benito Paniagua enfrente de mi abuela. Inundaban las calles de olor, era el mejor ambientador para eliminar los malos olores, que haberlos había.

Me cuenta Modesto el arte de hacer cisco, porque estaba claro que tenía su intríngulis Controlar que no se transformase en ceniza o que quedasen trozos sin carbonizar, que pudiesen provocar el temido tufo de los braseros, de efecto letal. El viento, el frío, la lluvia, cisco mal apagado que prendía los sacos de vuelta en el carro, muchas calamidades pasadas por estas tierras, caminos y carreteras, como el día que un camión se llevó por delante el carro, matando a uno de los mulos ya que él y su padre se salvaron al tirarse a la cuneta.

Por ello me cuenta, que prefería trabajar en la huerta de mis padres, donde estuvo unos años cuando era un crío para cuidar las ovejas, vacas y cerdos y otras tareas. Muy emotivo para mí el cariño que le tenía a mis padres, especialmente a mi madre, a la que sigue llamando “mamá Pura”. Fue muy emocionante para todos mis hermanos ver llegar a Modesto al tanatorio el día que falleció mi padre, muy pronto, con un ramo de flores, rompiendo a llorar.

Cuando quise hacerle una foto en la calle El Rollo, enseguida se fue hacia la puerta de la casa de mis abuelos, donde más de una vez le tocó subir las escaleras con un saco de cisco o de carbón ya que aunque ellos no lo hacían también vendían, pues entre carboneros y cisqueros había buen entendimiento para intercambiar el producto.

Sigue Modesto madrugando, es fácil verlo con su bolsa callejear por las calles a primera hora y está claro que se mantiene muy activo, aunque de ir a la sierra a rozar jaras, nada de nada, me lo recordó cuando le propuse hace poco hacer una ruta por la sierra.

¡Sigue disfrutando de tu jubilación!