15 mayo 2022
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La historia de Roberto González, maestro de halcones a los 7 años

Este niño salmantino apasionado por la cetrería se postula como uno de los adiestradores de aves rapaces más jóvenes de España

19 nov 2021 / 17:24 H.
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Desvele, salto al guante, placeo, vuelos a la tira, altanería, alcahaz, yarak, gorga, egagrópila... son términos empleados en el arte de la cetrería. Parece casi imposible que un niño que ha crecido ya con el perfecto manejo de una pantalla táctil, pueda coquetear también con una práctica que data del 3000 antes de Cristo.

Los hermanos salmantinos Clara y Roberto González conocen a la perfección esos términos y son unos enamorados de los animales y de la cetrería. Con tan solo siete años, Roberto es probablemente, por no asegurarlo, uno de los adiestradores de aves rapaces más pequeños de la provincia y de toda España. Su padre, con el que comparte nombre, ha sabido inculcarles el respeto a los animales y esta pasión, que, según Rodríguez de la Fuente, “no es tan solamente un sistema diferenciado de caza, sino el arte que ha llevado al hombre a la más profunda alianza con el animal”.

Observar a Roberto en el manejo del animal, la delicadeza con la que lo trata, le da de comer o simplemente lo mira, es sin duda un ejercicio de calma, una representación de esa alianza con el animal de la que hablaba el conocido naturalista.

Al preguntarle al niño si le gusta esta práctica, sonríe tímidamente y asiente con la cabeza. Sin duda alguna disfruta de cada detalle, que no son pocos los que admite esta disciplina en la que además se emplean unos utensilios muy determinados que en gran medida deben adaptarse a las medidas de quienes la practican, como por ejemplo los guantes que cubren sus brazos y donde se posa el animal, en términos adecuados, de nombre Lua.

Roberto practica con Crogar y Tizona (un torzuelo de Halcón Peregrino y una prima, híbrido de tres sangres Gerifalte, Sacre y Yankee) la altanería. Se trata del método de vuelo utilizado en cetrería en el que el animal sale del guante y vuela entorno a quien acompaña al ave. Los pájaros llegan a alcanzar hasta los 400 metros de altura hasta el momento en el que sale la pieza, que habitualmente son faisanes, perdices o patos. Cuando esto ocurre, el pájaro desciende en picado para acuchillar la pieza.

Por el momento es solo un pasatiempo para Roberto —¡quién sabe si el día de mañana participará en campeonatos!—, pues, desde luego, tiene madera para ello. En la actualidad, los pájaros que poseen, son prácticamente de la familia. Clara y Roberto tienen una estrecha relación con Anaya, un Autillo Europeo de preciosa estampa, pequeño y muy manejable que forma parte de sus tareas diarias como uno más de la familia.

Las aves que practican la cetrería, exigen altos cuidados y disciplina. El pequeño Roberto participa en las labores de cuidado diario de Crogar y Tizona.

Cada día a la misma hora pesan a los pájaros. “El peso es muy importante pues da a conocer si el pájaro está en condición de volar o no”, reconoce. Tras el pesaje, se apunta el peso y el comportamiento de las aves. “Estos han de estar en un estado de hambre ideal denominado Yarak, que quiere decir que tiene hambre pero está fuerte para volar y salir a cazar”, subraya.

Roberto lleva al dedillo la frase del Emperador Federico II del Sacro Imperio Germánico que reza: “un día sin cetrería es un día perdido”; y después recupera la actividad propia de un niño de la “era millenial”. Juega y disfruta con otros niños. Probablemente les hable de su amiga Anaya y del bonito color de sus ojos, eso sí, cuando no los tiene cerrados.

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