16 agosto 2022
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La despedida de las cigüeñas en primera persona

Es fácil encontrar esta ave en llanos de Fresno, Robliza o Villoria

08 ago 2020 / 13:09 H.
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Nada más empezar julio, les entra una especie de sin vivir en el cuerpo. Es fácil verlas en grupos por los llanos de Fresno y Robliza si viajas al sur o por Villoria si vas hacia Salamanca. Vuelan juntas, enseñan a los cigoñinos las técnicas necesarias para volar en grupo, pues el largo viaje está a punto de iniciarse.

Entre las muchas cosas que me robó el confinamiento, una fue el seguimiento de los nidos de las cigüeñas, su reconstrucción, la incubación y el nacimiento de su descendencia. De vez en cuando las veía desde el balcón pasar con sus materiales de construcción, con su majestuoso vuelo, llevando en el pico todo tipo de objetos. Comprobé, que también las cigüeñas han tenido que adaptarse a los tiempos. Ya no es tan fácil encontrar a orilla de los ríos leña cortada como hace 50 años, pequeñas ramas de todos los tamaños y grosores, con los que, de una manera increíble, estas aves tan especiales van trenzando sus gigantescos nidos. Lo mismo le debe pasar con el barro, apenas hay caminos embarrados por carros de ruedas con llantas de hierro.

Es por ello, por lo que más de una vez, me sorprendió una cigüeña transportando materiales impensables hace años: trozos de sacos, plásticos de gran tamaño, ramas enormes, cartones, con lo que su trabajo se le complicaba, ante la tarea de encajar tanta diversidad de objetos. Una de las primeras vistas que tuve al llegar a Ciudad Rodrigo el 25 de mayo fueron las cigüeñas que anidan en un muro del convento de Las Claras, al que llevo muchos años observando. Ante mi sorpresa, allí andaba liada la pareja de enamorados, intentando colocar alrededor del nido un plástico de enormes dimensiones. ¡Los plásticos llegan a los nidos de las cigüeñas!

Después comprobaría que este año han vuelto a la Caridad, la espadaña ha vuelto a ser lo que era, con sus nidos rematando sus torres, después de años alejadas a la fuerza. Ha sido el abandono la mejor arma para ganar de nuevo su plaza. Es curioso, muy cerca tienen una grúa también abandonada, con un espacio, que en teoría parece ideal para trabajar en la construcción del nido. Estas aves entienden de arte, de piedras, de campanarios, de historia, nada que ver con la frialdad del hierro de las grúas, donde estén los árboles, los pináculos para observar la realidad, que se quite todo.

Quién fuera cigüeña, aunque fuese por unas horas, para disfrutar de las maravillosas vistas de la ciudad, son unas aves afortunadas. También nosotros somos afortunados el tiempo que conviven con nosotros, pasear por la ciudad, contemplando su presencia, su magnífico vuelo alrededor de las torres de iglesias, abetos, pinos de los parques, es un añadido de gran valor a la visita. No pasan desapercibidas para la mayoría, este tiempo que están con nosotros.

Su regreso, cada vez más sorprendente por su anticipación, siempre produce alegría, anuncian que el duro invierno tiene los días contados, en cambio su marcha produce un efecto contrario. Fue a partir del 25 de julio, cuando ya era más difícil contar con su presencia, la escasez de alimentos, le obligan a preparar el gran viaje que les llevará hacia el sur en su busca. Lo mismo que los plásticos, los basureros han cambiado sus hábitos alimenticios, por lo que va siendo habitual que más de una se queda a invernar entre nosotros. Hace años, en mi niñez, sólo aquellas que tenían algún problema físico no partían con el grupo, eran recogidas por grupos ecologistas, centros de recuperación de aves o por defensores de los animales.

Adiós cigüeñas, adiós, que tengáis buen viaje, qué disfrutéis del paisaje veraniego que os espera antes de alcanzar el Estrecho. Os lleváis en el pico un hatillo con un montón de historias de este viaje que no ha sido como otros, habéis estado solas en los parques, sin niños, sin bullicio, quizás por ello, se os ha visto deambular por las calles de alguna ciudad en busca de la gente que estaba desaparecida.

Como dijo el poeta con las golondrinas, volveréis el año que viene a ilusionarnos a todos los que os esperamos ver, surcando los cielos ahora más que nunca desiertos, porque los aviones también están aparcados. Os necesitamos subidas en torres, copas de árboles, para guardar la historia de pueblos y ciudades, esperemos que al regreso, este período negro que os ha tocado contemplar ya sea un mal recuerdo y nos traigáis más que nunca esperanza. Buen viaje.

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