14 octubre 2019
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Felipe Calditos, el hortelano de la huerta El Piojo

Un relato de Antonio Castaño sobre este personaje de Ciudad Rodrigo

11 oct 2019 / 11:58 H.

Muchas son las imágenes que tengo grabadas de Felipe cuando éramos vecinos y compartíamos penurias campesinas, que por aquellos años había para dar y regalar. Lo he seguido viendo de vez en cuando y es asombrosa su naturaleza, es de admirar cómo se mantiene física y mentalmente, por lo que el día que quedé con él en su huerta para charlar un rato, me costaba creer que hubieran pasado tantos años, pues tenía ante mí al Felipe que conocí hace más de 50 años.

La vida, ese camino que cada uno recorremos dotándolo de unas señas de identidad, tiene tantos matices, que pocas veces dos caminos son iguales, ello forma parte del alma humana, lo que nos hace únicos e irrepetibles. Es por supuesto Felipe un claro ejemplo de ello, persona que lleva una vida poco convencional pero enormemente gratificante para él, sólo hay que ver su cara de felicidad, mantiene la misma sonrisa de hace años, por lo que a todas luces este ermitaño del siglo XXI derrama felicidad por los cuatro costados.

Sobrino del dueño de la fonda Calditos, aquella pensión donde convivían alumnos y profesores, donde los martes había colas de marcianos para comer, heredando de su tío el apodo. Es una persona bastante popular por su carácter abierto, que se mueve de maravilla por los bares y tascas del barrio de Santa Ana o por donde haga falta, pues derrocha enormes habilidades sociales para relacionarse. Con gran cara de satisfacción me enseña los cultivos que tiene en la mítica huerta El Piojo, justo cuando la ciudad se abandona para dar paso al campo.

Es esta huerta toda una institución dentro del carnaval, donde los espantadores hacían de las suyas. Si lograban pasar ese peaje los encerradores, según decía mi padre, era fácil que entrase el encierro, “ya vienen por la huerta El Piojo”. Hoy gracias a Felipe, esta huerta también tiene cierto protagonismo, pues es de las pocas huertas de Ciudad Rodrigo que aún está cultivada. Seguí a Felipe mientras hablábamos, recorriendo la huerta, como hacíamos entonces cuando llegaba una visita.

Coles, lombardas, tomates, pimientos, cebollas, berenjenas, calabazas, alfalfa, son algunas de las plantas que hemos visto en el recorrido. Una huerta como las de antes, con su pozo, su higuera, su nogal, sus burros, sus cerdos, sus gallinas picoteando por todos lados, sus pavos, y sobre todo sus ocas, se le nota en la cara que pone, que son sus predilectas.

Verlo moverse por la huerta, disfrutando de su trabajo, generando nuevas ilusiones- me enseña el invernadero que está haciendo- cuesta entender que Felipe haya cumplido 82 años. Una vida muy larga, que ha disfrutado, llevándole por distintos caminos, en los que siempre ha sabido dar su toque personal, donde siempre destaca su buen talante y su gran generosidad.

Cuando lo conocí vivía con su hermana y su cuñado Luis “El Pajarero”, cultivaban una huerta, un largo pedregal paralelo al canal, no muy apta para cultivar hortalizas. Quizás por ello, y por su espíritu aventurero, se dedicaron al trato del ganado, para completar su actividad hortelana. Formaban los dos cuñados un dúo que viéndolos actuar se convertían en la atracción del campo de las reses, o donde fuera. Me recordaban a Tip y Coll, sin haber ensayado, improvisaban todo un espectáculo, consiguiendo al final llevar al vendedor o comprador al terreno que ellos querían. Eran muy buena gente, siempre dispuestos a echarnos una mano en la huerta. Durante unos años recorrieron muchas ferias, especialmente de Extremadura.

Antes de recorrer la huerta, me enseñó su álbum fotográfico, sus recuerdos de una vida dinámica, entre ellos está recogiendo la garrocha de plata por su trayectoria de encerrador, durante años, me dice que no faltaba a su cita con el carnaval. En otra está con uno de sus burros y alumnos del seminario que lo utilizaron para una representación, un ejemplo más de su generosidad, por último, a destacar, su foto más mediática, una calabaza de 140 kg que salió en Antena 3.

Es su casa un museo etnográfico, donde guarda muchos de sus recuerdos, especialmente la silla de montar con la que tanto disfrutó, no faltan arreos, albardas, cribas, adornan una casa que conserva su esencia de casa de huerta, con su chimenea y techos de madera para curar la matanza, que sigue haciendo como siempre. Podría haber montado un puesto en la Feria Medieval, para nada habría desentonado.

Enormemente hospitalario y generoso, me preparó una bolsa con productos de la huerta, por cierto auténticas exquisiteces, como no podía ser de otra forma, pues las plantas y los animales entienden perfectamente cuando se les cuida con esmero, y a ello se dedica en cuerpo y alma Felipe. No se cómo consigue sacar tiempo para atender la huerta y los animales, mucho tiene que bregar, quizás ahí esté el elixir que le permite mantenerse en plena forma. Es de las personas que mantienen su fisonomía de siempre.

Pero no todo es trabajo, todas las tardes sale a dar una vuelta a la ciudad, andando, pues la moto ha tenido que aparcarla, una imagen que la tengo grabada con su Gucci camino de la ciudad. ¡Qué años aquellos! le comento, de trabajos duros, sin parar, pero él los prefiere, no los cambia por los actuales, es fiel seguidor de Jorge Manrique: “ cualquier tiempo pasado fue mejor”

Creo que tal como es Felipe, todos los tiempos son buenos para él, muestra nostalgia por los amigos, que poco a poco van perdiendo cualidades y los echa de menos cuando sale a tomar unos vinos. Varias veces nombra a sus sobrinos y los dueños de la huerta, con todos tiene gran confianza, sintiéndose en todo momento amparado, de soledad nada de nada.

Regresamos a la casa, después de recorrer la huerta, compruebo que aún saca tiempo para dedicarle a las flores, que lucen a la entrada junto a un gran mastín que está adormecido a la sombra del árbol. Va siendo hora de recoger el ganado, Felipe me regala una preciosa imagen, llevando a sus gallinas, pavos y ocas al dormidero como si se tratase de uno de sus encierros de carnaval, todo un personaje. Gracias Felipe