16 enero 2021
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El testimonio de este salmantino de 101 años: “No le tengo miedo a la muerte. A lo que le tengo miedo es a la poca vida que me queda”

Luis Martín Gonzalo, de La Zarza de Pumareda, acaba de superar el siglo de vida y es la persona de mayor edad en el pueblo. Ejerció de lechero, superó la mili durante la Guerra Civil y es testigo de la despoblación rural

Muchas cosas han pasado desde el 7 de octubre de 1919, día en que nació Luis Martín Gonzalo, entre ellas una guerra civil y, quién lo diría, una pandemia. El año pasado los habitantes de su pueblo le rindieron un sentido homenaje por alcanzar el siglo de vida, y ahora acaba de cumplir un año más. Sus ojos han contemplado los horrores de la guerra, la degradación progresiva de la población rural y los avances en su antigua profesión.

–¿Qué se siente al ser el habitante más mayor de La Zarza de Pumareda?

–Lo que siento es que estoy arropado por toda la familia. Estoy orgulloso.

–¿Cómo se siente de salud en comparación con otras personas mayores?

–No tengo relación con otros mayores porque no los hay de esa edad. En cierta manera, orgulloso de ser el más anciano en toda la historia del pueblo porque nunca ha habido nadie tan anciano.

–¿Cómo ha cambiado la profesión de lechero desde que usted era joven?

–Ha cambiado totalmente. Antes se trabajaba con pocos animales y ahora todo es a base de tractor. Entonces se trabajaba mucho y había ilusión. Se ayudaban las familias. Había gente.

“La pandemia fue mandada por la providencia. La guerra fue una lucha inútil entre hermanos que nunca debió existir. Es mucho más dura la guerra”

–¿A qué dedica su tiempo?

–Ya no salgo de casa porque ya no puedo andar. Me dedico a cosas como ver la tele o leer el periódico. Hasta los 100 años jugaba la partida y daba paseos auxiliado con el andador hasta esta enfermedad que me ha recluido en casa.

–¿Qué está siendo más duro, la pandemia o los años de mili en plena Guerra Civil y después en África?

–Una fue mandada por la providencia: la pandemia. La otra fue una guerra inútil entre hermanos que no debió existir. Mucho más dura la guerra.

–¿Ha cambiado mucho el pueblo desde su juventud?

–Mucho. En primer lugar, había más personas, era un pueblo pequeño con unos 800 habitantes. En la actualidad solo hay unos cien. Hay poca juventud, lo que demuestra que habrá más ancianos y menos jóvenes. Aunque ahora tienen agua corriente, y en el pueblo se vive bien.

–¿Cómo está viviendo la crisis sanitaria? ¿Siente miedo?

–No tengo miedo a la muerte. Le tengo miedo a la poca vida que me queda, porque cada vez me valgo peor y necesito mucha ayuda. Me tratan bien y como bien.

–¿Cómo ha vivido el cumplir los 101 años?

–Mal, porque no me encuentro bien, y me da miedo lo dependiente de los demás que pueda ser.

“Me da miedo lo dependiente de los demás que pueda ser; mi vida ha sido variada, he tenido ratos buenos y malos; en general no me puedo quejar, no me ha faltado de nada”

–¿Lo ha celebrado como otros años, o la pandemia ha influido?

–Sí ha influido, porque otros años estábamos toda la familia, y este año no ha podido ser por evitar aglomeraciones y nos lo están diciendo constantemente.

–¿Qué balance haría de su vida?

–A los 16 años iba a segar, a los 18 me marché a la guerra y estuve en el frente de Balaguer un año. Me hicieron cabo. Allí quedaron muchos muertos. De allí a África, pasando de infantería a artillería. Me licenciaron, estuve seis meses en casa y de nuevo en Valladolid. En total seis años. Me vine con mi padre a trabajar. Estuve 45 años. Fui teniente de alcalde y alcalde. No tuve juventud, pero estoy conforme con mi vida. He tenido una vida variada, con ratos buenos y malos. Estoy satisfecho, tengo un hijo, tres nietas muy guapas y buenas, y dos bisnietas muy guapas.

–¿Cuáles han sido los mejores y lo peores momentos?

–Las enfermedades, el desprendimiento de retina y la operación de quiste hidatídico; una perforación de estómago con una hemorragia muy fuerte y partirme la pierna con 84 años. Los momentos felices, cuando fui alcalde varios años. También durante los 45 años que serví la leche a Iberduero. Económicamente no me puedo quejar, no me ha faltado de nada.

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