Lázaro: pinceladas de una vida llena de creatividad

El pintor mirobrigense Lázaro Hernández Becerro expone y realiza talleres en la Casa de Cultura

02.08.2018 | 19:50
El pintor mirobrigense Lázaro Hernández Becerro.

Quedo con Lázaro en la Casa de Cultura, donde en sus paredes cuelgan alguna de las obras de un artista forjado a sí mismo, caminando por senderos a veces llenos de dificultades, pero que él con una madurez que siempre me ha impactado, ha sabido incorporar a su maleta vital. Es precisamente su enorme vitalidad, su creatividad a flor de piel lo que sorprende de Lázaro, ciudadano del mundo, al que conocí hace más de 40 años.

Casualidades que tiene la vida. En la década de los setenta, un grupo diverso de bachilleres recién graduados, como ahora se lleva, atraídos ni se sabe por qué, empezamos a estudiar magisterio. A pesar de que él vivía en las Tenerías, no habíamos coincidido en los estudios por la diferencia de edad. No deja indiferente a nadie esta persona, con la que pronto comencé a compartir caminos de ida y vuelta a clase, siendo enorme su generosidad, pues al poco de conocernos,  me dejó aparcar en su casa mi bici, mi siempre compañera de viaje.

Mundo complejo, rico, interesante, lleno de color, de luces y sombras es la vida de este artista, que por encima de todo es pedagogo del arte. Es difícil encontrar  una persona que siempre esté dispuesta a dedicar su tiempo para explicar su obra, cómo la hace, la luz, el color... O para enseñar el complicado arte de la pintura, una pintura para él siempre con un sello personal, que está transmitiendo a sus alumnos estos días en un entorno para él especial, rodeado de sus cuadros. Su enorme dedicación, disponer de su tiempo a disposición del que quiere aprender, hizo que nuestro encuentro tuviera que aplazarse más de una vez.

Alrededor de una caña, en una terraza por donde el trasiego de gente era bastante menor que un mes de julio normal, charlamos largo y tendido de lo divino y lo humano. Y es que ante todo Lázaro es un gran comunicador.
Llegó muy pequeño a Ciudad Rodrigo desde su Puebla de Yeltes natal. Aquí su padre ejerció de panadero, bonita profesión, aún lo recuerdo con su boina repartiendo el pan con su furgoneta. Fue a clase a las escuelas del Castillo, donde reconoce que con seis o siete años, ya disfrutaba desarrollando su creatividad con pinturas, pasteles, acuarelas que le regalaban. Fue su madre su principal apoyo y estímulo a la hora de animarle para seguir por la senda de la pintura, a pesar de que su padre, además de panadero que en aquellos tiempos eran artistas, ejercía en sus ratos libres de dulzainero y tamborilero.

Un artista es una persona con miradas diferentes, muy necesarias para que la sociedad avance por los caminos del cambio. No estaban los tiempos de su infancia y juventud para ser diferentes,  "perder el tiempo en hacer borratajos", no ganarse la vida con un trabajo normal. Fueron unos años difíciles, de ser constantemente observado, de tener poca empatía en el instituto, aunque reconoce que algún profesor se acercó a él en momentos que llegó a estallar después de tanta rabia acumulada.

Poco a poco, la necesidad de reconciliarse consigo mismo, hizo que la pintura fuese adquiriendo más protagonismo vital en Lázaro, dando el paso de compartir su obra con los demás. Es el verbo compartir uno de los que más conjuga, junto con convivir. Ello le llevó a liberarse de sus miedos, desinhibiéndose, sacó su manga de camisa de su bolsillo y a partir de ahí nuestro personaje enterró su pesadilla. Más de una vez nombra a Matías Castaño, persona importante en su ayuda personal. Por esa época, lo recuerdo jugando al fútbol, veloz como una gacela o jugando al tenis, en aquellos frecuentes tiempos muertos cuando estudiábamos una pedagogía con fecha de caducidad.

Precisamente, en ese momento le pregunto si no ha echado de menos haberse dedicado a la enseñanza reglada, porque está clarísimo que es un maestro con mayúsculas. Su respuesta está cargada de pinceladas artísticas, ser diferente, ser raro, es una etiqueta que la sociedad te pone, piensa que su creatividad iría en contra de una escuela muy encasillada, le comento que desde la individualidad se pueden introducir cambios metodológicos. La escuela perdió un buen maestro, el arte se lo arrebató. Ello nos lleva a resaltar la importancia del arte para conseguir miradas diferentes de la realidad, a partir de ellas se abren las ventanas del cambio, con el  que tanta gente se asusta.

Está claro que su pedagogía la ha aprendido en el día a día, ejerciéndola de manera magistral. Solo hay que verlo cómo enseña "disfrutando" a los alumnos del taller que estos días dirige, cuando explica alguno de sus cuadros, cuando me muestra cómo la belleza está en cualquier lugar, por ejemplo el vaso de cerveza, jugando con la luz.
Sin empatía la sociedad chirría, es el aceite necesario para poder compartir y disfrutar del arte, la ruptura de  las relaciones humanas, nos lleva hacia el aislamiento, el individualismo. Hay que intentar proteger a la familia.

Hablando con él, rebobinando su recorrido vital, pertenece Lázaro a ese grupo de personas que transforman las dificultades y los problemas que surgen en estímulos para seguir viviendo y sobre todo aprender. Es aprender otro de sus verbos favoritos, no ha parado de aprender y sigue aprendiendo, a través de cursos, de la naturaleza, especialmente viajando, empapándose de todo lo que tiene a su alrededor, utilizando su especial mirada. Y todo para que podamos disfrutar de sus cuadros, donde capta de forma magistral esas realidades.

No está valorado socialmente el arte. Los museos según él deberían abrirse más a la sociedad, realizando actividades para explicar las obras, para implicar a los visitantes. No pueden ser espacios donde la gente acuda solo a ver a determinados artistas mediáticos. Ante una sociedad angustiada, donde cada vez hay más desigualdades, los museos tienen la oportunidad de convertirse en espacios de convivencia, de reparar psicológicamente a muchas personas, convirtiéndose en los templos del siglo XXI.

Habría que empezar dejando a los niños que expresen su creatividad, no delimitando tanto la cuadrícula, que jueguen con las pinturas, con el color, que quiten sus miedos. Da mucho juego Lázaro en una entrevista, había que concluir, pero habría temas para dar y regalar. Pone en práctica su empatía, compartir, enseñar, mejorar un mundo necesitado de respeto y comprensión, es lo que pide para todos los que se dedican a este complejo mundo del arte.

Para terminar, a pesar de que nuestro mundo está lleno de injusticias, violencia, desigualdades, deterioro ambiental, Lázaro lanza en mensaje lleno de optimismo: a pesar de todo, existe armonía, la belleza está presente en muchos rincones, especialmente en la naturaleza, una de sus mejores fuentes de inspiración. O el que  ha comprado un cuadro suyo, y después le comenta, que sentado delante de él, experimenta sentimientos de goce, disfrute, tranquilidad, es el no va más de un artista. Gracias Lázaro.
 

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