29 noviembre 2021
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Boadilla mantiene la tradición del toque de campana: de la fiesta al fuego

José Luis González es el campanero del pueblo y el encargado de emitir los seculares sonidos, con sus diferentes ritmos y cadencias

16 oct 2021 / 16:41 H.
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Antes de la existencia de los móviles, muchos siglos antes, los habitantes de los pueblos tenían como principal medio de avisos los toques de las campanas de las iglesias, que tanto llamaban a la fiesta como alertaban del fuego. Esos toques eran conocidos y reconocidos por todos, que acudían raudos a la cita.

Sin embargo, ya son pocas las personas que conservan en su memoria estos toques tan precisos y característicos, con sus algunas veces casi inapreciables cambios o variaciones de un pueblo a otro, por muy cercanos que estos se encuentren.

Entre estas personas, estos campaneros que mantienen viva una tradición en vías de desaparición está José Luis González Sánchez, de Boadilla, que a sus 78 años volvió a subir este viernes a la espadaña de la iglesia parroquial para dejar muestra de estos toques “tanto los que se siguen utilizando, siempre y cuando esté yo en el pueblo, y de los que ya no se usan”, señala.

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Así, José Luis González asiendo con fuerza la cadena que pende de cada una de las dos campanas de la iglesia realizó el rápido y continuado toque de fiesta, el conocido repique.

“Con un toque mucho más lento, y alternando las dos campanas, se realiza la ‘señal’, para avisar que alguien del pueblo ha muerto”, señala el campanero, un toque que “se dobla para llamar a la misa de difuntos, dando tres toques firmes para continuar con 20 campanazos y finalizar con otros tres toques firmes”. Una llamada que se realiza de nuevo 15 y 5 cinco minutos antes de la hora de la misa.

Como momento más alegre, así es el toque de procesión que “es muy rápido y hay que mantenerlo durante todo el tiempo que dure la procesión, lo que a veces hace que se carguen mucho los brazos”, afirma el campanero de Boadilla.

José Luis González recuerda que “siendo monaguillo y después como sacristán tocaba la campana y ayudaba en misa tanto en Boadilla como en San Muñoz. Después vino el servicio militar, el buscar trabajo en el País Vasco, donde me casé en 1967 y ahora, ya jubilado del astillero de Bilbao y luego de Pamplona, solemos estar en el pueblo desde Semana Santa hasta Todos los Santos, por lo que el resto del año creo que no se llegan a tocar las campanas”.

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