28 junio 2022
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Unos sueñan y otros ladran

Artículo de opinión Javier Lorenzo en el suplemento ‘Toros’ de LA GACETA

15 ene 2022 / 10:21 H.
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PALABRAS CLAVE

Si será importante la irrupción de Marco Pérez en el toreo que nada más aparecer en público ya encuentra quien le pone pegas e incluso trata de negar la evidencia buscando defectos y lo que llaman “trampas” de quien aún no le ha dado tiempo a desarrollar. La aparición de Marco Pérez es un milagro y, sobre todo, una alegría en tiempos de penurias. En un momento en el que se reivindica más que nunca el arte del bien torear imponiéndose a todos los patrones que mandaron y se impusieron en la tauromaquia en las dos últimas décadas; el nuevo valor salmantino ha aparecido como una nueva ilusión con todo un mundo por delante. A sus catorce años recién cumplidos ha conseguido que el universo entero hable de él, Manizales ha sido su gran lanzamiento tras las primeras apariciones en Quito y en Lima.

El suceso de la ciudad colombiana hubiera sido su punto de partida inicial y más coherente de acuerdo a la categoría que ya no solo se le intuye sino que se le ve. Y así lo ha demostrado en el ruedo. Porque a sus innatas y portentosas cualidades para el toreo impone una facilidad asombrosa para imponerse a todo lo que le rodea para superarlo todo con una absoluta autoridad. Es un milagro que a un niño —es difícil llamarlo así aunque lo sea—, a un torero de solo 14 años recién cumplidos, se desenvuelva con tan naturalidad, con esa portentosa autoridad, con esa grandeza y esa facilidad para no asustarse y desenvolverse a lo grande en un escenario de máxima categoría como la monumental plaza de Manizales, coso de primera, lleno a rebosar con más de 15.000 almas ávidas de buen toreo; ni tampoco le atenazara aquel miedo escénico del que hablaba el gran Juanito del Bernabéu haciendo referencia a un estado inhibitorio que atenazaba e impedía desarrollar la efectividad comunicativa o dificultaba la capacidad expresiva de quienes aparecían en las citas de los grandes escenarios.

A Marco Pérez no le hace falta ningún calificativo de niño prodigio. Es mejor disfrutar el presente que atreverse y empeñarse a pronosticar el futuro.

A Marco no le asustó ni la plaza, ni los tendidos llenos a rebosar, ni tampoco verse rodeado de primeros espadas del escalafón como El Juli, Roca Rey, Emilio de Justo o Juan Ortega. Los dejó con la boca abierta, incluso al maestro César Rincón, máxima figura y el espada colombiano más importante de la historia, que no dudó en convertirse en improvisado capitalista para sacar al joven valor salmantino a hombros por la puerta grande escoltado por todos los diestros que aquella noche de velas, farolillos y sueños del festival manizalita se fundieron con el buen toreo y con la esperanza de que este espectáculo tiene vida más allá de la pandemia y de los males que hoy le atenazan. A Marco no le hace falta ningún calificativo de niño prodigio, porque estamos ante un diestro en agraz con unas cualidades asombrosas para hacer soñar el toreo y para interpretarlo ya como muchos sueñan y pocos lograrán. Es mejor disfrutar el presente que atreverse y empeñarse a pronosticar el futuro.

Hoy lo tiene todo, menos la edad mínima para poder torear. Hay que esperar aún dos años más (solo puede actuar en América y en España clases prácticas hasta que cumpla los 16). Y en este tiempo tendrá que seguir cociéndose a fuego lento mientras su cuerpo le pide nuevas emociones y mayores retos. Tal vez para entonces hayamos puesto punto y final a una pandemia interminable y él explote en el momento clave en el que se vuelvan a abarrotar las plazas que hoy no hay figura que sea capaz llenar. Esos escenarios que siempre se colapsaron para presenciar los grandes acontecimientos y los toreros más populares. Lo de Manizales ha sido un suceso que trascendió lo taurino. Una nueva ilusión que reluce y surge al rescate del toreo tanto que ya tiene, junto a la legión de partidarios y admiradores, las primeras voces críticas. Tan buenos son unos como otros. Unos sueñan y otros ladran. Todo vale.

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