25 febrero 2021
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Unión y voluntad

Artículo de opinión de Javier Lorenzo en el suplemento ‘Toros’ de LA GACETA

Se pasó la mitad del enésimo invierno en el que se iban a arreglar los problemas del toreo y todo sigue igual. Todo sigue de la misma manera por el irremediable inmovilismo del sector acostumbrado a que el espectáculo siempre avanzó amparado en la fuerza popular e impulsado por la fuerza de su verdad. En el ruedo se sigue muriendo de verdad, como axioma incuestionable, pero la tauromaquia necesita un impulso que ya no tiene y una fuerza que ha perdido, entre muchas cosas por un mal endémico que habita en su interior y nadie ataja. Ni siquiera se han atrevido a ponerlo encima de la mesa. Hasta que llegó una pandemia a la que vemos como el gran enemigo y sólo ha sido la catapulta para dinamitar y poner en evidencia nuestras vergüenzas. A lo único a lo que nos hemos atrevido ha sido a lanzar un grito absurdo y real: “El mal está dentro”. Es cierto. Pero nadie se atreve a atajarlo. Entre muchas cosas, porque al mínimo intento el propio sector lo demoniza. Cuadrillas en su guerra, empresas sin ideas para evolucionar y con una falta de compromiso evidente y figuras incapaces de salir de una burbuja que les acabará asfixiando... El resto apenas importa, incluso el toro (¡fíjense! el principal y imprescindible actor del tinglado pasó a un segundo plano), por supuesto, a la novillería, por donde pasa la continuidad de la Fiesta, para nadie es importante. Y qué decir del público, de quien solo se acuerdan a la hora de abrir la taquilla. Ni antes ni después piensan en él. Con este panorama con cada uno de sus integrantes por su lado, ¿para qué pensar en los medios de comunicación en los que debe de encontrar su acomodo el toreo para su proyección exterior? Tal vez para no dejar que el espectáculo deje de formar parte de la sociedad, de la que ya no forma parte. Así se ha reducido a un gueto de aficionados perdiendo la fuerza del gran público. El que llena las plazas y da fuerza a un espectáculo dentro del país. El toreo la tuvo. Hoy no. Hoy se ha encerrado en sí mismo y ha perdido su conexión con el exterior. Y éste se ha olvidado del toreo. Y ahora tenemos que luchar contra todo eso, además de la pandemia que puso en jaque al mundo. Ni una cosa ni la otra se soluciona en un invierno. Ni una ni otra tuvieron ante sí un momento tan clave y crucial como el que tenemos delante. De la pandemia se saldrá. Lo malo es que ese maldito coronavirus se puede llevar por delante al toreo, si el toreo no pone remedio. Y esta batalla se gana todos unidos. Desde la máxima figura y el empresario más poderoso hasta el último banderillero que apenas torea o el penúltimo aficionado que está a punto de tirar la toalla presa del desencanto que le ha inyectado el taurino de turno. Y de uno a otro extremo, todos y cada uno de los integrantes de este aún maravilloso espectáculo del que viven miles de personas y dependen cientos de puestos de trabajo. La solución pasa por todos. No es momento de mirar el interés particular y sí el bien común para que el toreo recobre su salud y siga mirando al futuro. Hoy siguen naciendo becerros en el campo y niños que sueñan el toreo, en el ruedo o en el tendido. Solo falta que quienes mueven los hilos sean conscientes y se paren a pensar si merece la pena tirar por la borda nuestra historia y la identidad de nuestro país. Unión y voluntad. Ahí está la clave del mañana de la tauromaquia.

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