Borrar
Derechazo de Roca Rey a Abonador, el tercero del Conde de Mayalde. PLAZA 1
Del triunfo fugaz a los tres avisos

Del triunfo fugaz a los tres avisos

Importante faena de Roca Rey que acabó en nada tras un descabello y una larga agonía del mejor toro de un correoso encierro de Mayalde, que sacó un carácter inesperado. El primero dejó noqueado a Cayetano toda la tarde y salvó el envite como pudo. Jorge Martínez confirmó con pulcritud pero sin suerte

Viernes, 24 de mayo 2024, 22:24

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

La Ficha

  • 13º festejo de la feria de San Isidro. Las Ventas

  • GANADERÍA 6 toros de Conde de Mayalde, cuatreños todos, menos el 5º. Violento y con poder el 1º; encastado el poderoso 2º; bravo y con buen fondo el serio 3º. Se alteró el orden en la segunda parte por el percance de Cayetano: el 4º para Martínez, noble pero apagado; manso el 5º que se atemperó en la muleta; y el 6º para Cayetano, noble, apagado. º.

  • DIESTROS

  • CAYETANO NEGRO Y ORO Estocada trasera y tendida (silencio); y estocada (silencio).

  • ROCA REY AZUL AZAFATA Y ORO Estocada y descabello (silencio tras petición no atendida y dos avisos); y tres pinchazos y estocada (silencio tras tres avisos, con el toro muerto).

  • JORGE MARTÍNEZ BLANCO Y ORO Confirmación de alternativaEstocada (silencio); y pinchazo y estocada (ovación tras aviso).

Al confirmante Jorge Martínez le propinó el toro de la ceremonia una formidable e inesperada voltereta al salir del primer puyazo en el que derribó a Juan Melgar. Por ir a hacerle el quite lo arrolló, cuando el piquero estaba en el suelo a merced del toro; que salió con la vista perdida de la pelea y volteó al torero. En el segundo puyazo, en otra salida intempestiva hizo lo mismo con Cayetano, que se puso por delante en su huída a chiqueros, lo encunó, lo llevó varios segundos entre los pitones, le metió uno por el espaldar de una chaquetilla que hizo trizas y, amarrada la presa, lo apretó contra el suelo en dramático pasaje. El toro, entero y sin picar, violento y con fortaleza, se hizo el dueño hasta que apareció el capote poderoso de Curro Vivas. No fue empresa fácil después para espada nuevo como Martínez, que puso empeño y mató con eficacia. Con el cuarto dejó la impronta de buen torero, serio y clásico, solvente y seguro, con un toro sin complicaciones, bondadoso, que derrochó nobleza pero no transmitió nada. En faena larga trató de administrarlo demasiado tiempo hasta que se decidió a apretarlo cuando la gente ya había desconectado. Dejó pasajes de bello trazo.

La corrida de Mayalde era una incertidumbre. Y en pocos guiones entraba que saliera con la fortaleza, genio y poder que sacaron algunos toros. Ese primero por ejemplo; el segundo, incluso el sexto hasta que se afogonó en la muleta, hizo pasar un mal rato a un bregador experimentado como Rafael Rosa. Sacó un carácter inesperado toda ella. Hizo estar en alerta. El astado más completo, serio, centrado, poderoso y noble dentro de sus secas embestidas, fue el tercero. Un precioso castaño salpicado que tuvo personalidad. Como la tuvo Roca Rey en todo momento. Impecable. Intratable también. A placer lo cuajó de principio a fin, con una autoridad bárbara, sin dejar a su oponente un resquicio para hacerse protagonista. Lo redujo el peruano en todo momento. No le permitió ni una desde que se abrió por estatuarios. En cuanto se descuidó, en el mismo tercio, le enjaretó dos cambiados por la espada con los que puso en ebullición ya la olla venteña aplacando a los encargados de reventar la faena. Con siete muletazos hizo la plaza suya Roca. A placer y con una autoridad bárbara midió al toro para administrarlo en todo momento. Se impuso pero con condescendencia para que su oponente se sintiera vivo. Las pausas y los tiempos, la media distancia en los cites, resultaron clave, como lo fue el trazo y temple a puro pulso para poder con suavidad la embestida, de un toro con fijeza, serio y bravo. Por la izquierda no era igual, se quedaba más corto y reponía antes, por eso evitó la ligazón y a la mínima de pasárselo otra vez por la espalda, antes de volver a tomar la mano diestra. Impecable el trasteo en medida, tiempo, trazo y planteamiento. Las bernardinas finales todas fueron el pitón derecho. La estocada a ley. Se amorcilló el toro, la petición no atendida se tornó en un sorprendente mudo silencio de la parroquia. Menos claro estuvo con el deslucido quinto, con el que ni se entendió ni quiso. Descartó el descabello después de la reprimenda del delegado del callejón en su primero, y terminó escuchando el tercer aviso, anecdótico, justo cuando doblaba el toro para morirse.

En el tercer muletazo de rodillas se le quedó el toro a Cayetano en la barriga y le obligó a saltar de cabeza al callejón de manera precipitada. Se libró de milagro. Sacó casta, poder y genio ese segundo y no lo puso fácil. Cayetano, maltrecho aún del palizón del primero, se tiró a matar con autoridad y pasó a la enfermería de donde ya no salió hasta el sexto, que tampoco fue un toro de una fiesta para la que tampoco estaba Cayetano.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios