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Gonzalo Caballero, este sábado en Alba de Tormes.
La sonrisa la puso el toro

La sonrisa la puso el toro

Un interesante muestrario de seis ganaderías diferentes mantiene el interés y la tensión del festejo a beneficio de la Fundación La Sonrisa de María, en el que triunfaron El Fandi y Diosleguarde y cayó herido Gonzalo Caballero, con luxación de hombro y tres costillas rotas. Brillan Montalvo, Torrealba, Criado y Loreto Charro

Javier Lorenzo

Alba de Tormes

Sábado, 15 de junio 2024, 23:01

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La Ficha

  • Sábado, 15 de junio de 2024. Alba de Tormes

  • GANADERÍA Se lidiaron, por este orden, toros de Toros de Orive, costoso y con temperamento; Montalvo, bravo y encastado, de excelente juego; Puerto de San Lorenzo, noble y con calidad pero flojo; Torrealba, exigente y encastado; Juan Manuel Criado, codicioso y encastado, «Talaverano» de nombre, nº 28 y de 505 kilos, fue premiado con la vuelta al ruedo; y Carlos Charro, de gran juego, «Dicharacho», nº 52 y de 560 kilos, premiado con la vuelta al ruedo.

  • DIESTROS

  • EL FANDI BLANCO Y ORO Estocada (dos orejas); y estocada (dos orejas y rabo).

  • GONZALO CABALLERO ROSAY ORO Cogido al final de su primer toro (dos orejas que recoge la cuadrilla).

  • M. DIOSLEGUARDE NAZARENO Y ORO Dos pinchazos, pinchazo hondo y cuatro descabellos (silencio tras aviso); dos pinchazos y estocada (oreja); y pinchazo y media estocada (dos orejas).

La generosidad del festín la pagó cara Gonzalo Caballero, al que el toro más bravo del variado, emocionante e intenso muestrario ganadero —que fue lo más caro de la tarde— le propinó una fenomenal paliza en las postrimerías de la faena. Epilogaba por manoletinas, cuando en una de ellas le atrapó, el de Montalvo se lo echó a los lomos y el cuerpo del torero cayó de manera violenta. En la caída se luxó el hombro; aunque Bravucón, que fue bravo de verdad, hizo presa en el suelo, lo encunó entre sus pitones y, en unos segundos angustiosos y eternos, hizo presa queriéndoselo comer, apretando el desmadejado cuerpo del torero con el morro y la testuz contra el suelo. De allí salió hecho un guiñapo:_tres costillas rotas deparó el parte. Gonzalo Caballero k.o. y fuera de combate.

Antes de ese percance había dejado muy crudo en el varas a ese Bravucón de Montalvo que ya en la brega había mostrado su formidable condición. Por la entrega con la que acometía, por la humillación, el ritmo y la codicia. La bravura excelsa y contenida de la que nunca apareció el fin. Un pozo sin fondo. Cuando más y mejor respondió fue cuando el torero le bajó mano, le exigió y le plantó cara con entrega. Cuando no lo hizo ganaba siempre Bravucón. La faena tuvo interés toda, porque Caballero la trató siempre con verdad. Y eso se palpó en el ambiente. Los mejores momentos llegaron al natural. El drama y el dolor del percance, en el epílogo.

El festejo a beneficio de la Fundación de la Sonrisa de María tuvo además tres toros más de alta nota:_El que iba ser segundo de Gonzalo Caballero, un precioso y entipado castaño de Torrealba, tuvo la moción de la bravura. No perdonó un detalle y vendió todo caro, pero se entregó. Exigió firmeza y compromiso, Diosleguarde pasó la raya para consentir y apostar por el toro, en faena intermitente y meritoria. El otro de premio gordo fue el sexto de Loreto_Charro: por la seriedad con la que lo hizo todo, por la nobleza de un excelso pitón izquierdo que cantó desde el minuto cero, por el fondo que tuvo y lo sostuvo efervescente en todo momento. A Diosleguarde le costó convencerse al natural, obcecado en apostar por el otro pitón;_y no fue hasta el final de la larga faena cuando lo disfrutó con la zurda.

Le faltó más tino, más pulso para administrar la noble condición del toro de Puerto de San Lorenzo. El mérito de ese trasteo radicaba en poderlo sin tirarlo, en acariciarlo para sostenerlo. No admitía ni un toque a destiempo, ni un tirón fuera de lugar. Por supuesto que no tropezara las telas y aplicarle la medicina del temple resultó crucial. No siempre lo consiguió Diosleguarde.

Sacó carácter el toro de Orive que abrió la función al que no le vinieron bien las formas del granadino que, a la primera de cambio, se encontró con las dos orejas de su oponente en la mano sin saber muy bien porqué. Le exigió mucho el emotivo, codicioso e interesante Talaverano, el toro de Juan Manuel Criado, que hizo estar en alerta en todo momento; y al que le incomodó que El Fandi se metiera antes de tiempo en su terreno. A los dos los tumbó de certeras estocadas. Al segundo lo banderilleó a lo grande, mejor que al primero. El palco fue en todo una tómbola desde el minuto cero, sin ritmo ni concierto. Un sinsentido. Y dentro de ello el toro más bravo de todos se quedó sin premio: el Bravucón de Montalvo fue un toro de bandera, y su recuerdo quedará para siempre. Eso ya no hay presidente que se lo quite.

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