26 septiembre 2020
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Rayito, el toro salmantino indultado en Barcelona que vive 10 años después

El toro de Valdefresno se ganó la vida en La Monumental de Barcelona cuatro días después de que se aprobara la prohibición taurina en Cataluña | Se convirtió en uno de los estandartes en pleno debate sobre el toreo | Cubrió vacas hasta hace tres años | “Ya está viejecito y enfermo”, comenta José Enrique Fraile pero, a sus 14 años, lo conservan como uno de los orgullos de la casa

03 sep 2020 / 13:56 H.

Camina por los cercados de Valdefresno con la historia a cuestas. En la paz del campo. Pisa la paja seca que ha agostado los sofocantes calores del verano. Ajeno a todo. Con los pasos cortos y lentos de una vejez bien ganada. Las arrugas de la fuerte y astracanada piel del cuerpo delatan su avanzada edad, igual que su impresionante testa, con la aparatosa cornamenta redondeada ya, desgastada y amarillenta por el paso del tiempo. Tiene la mirada triste que impone su anciandad. Sólo quien la ha visto de cerca sabe lo que eso esconde. Y de ahí brota una luz tímida, y a la vez noble, del que ya ha visto pasar casi todo ante sus ojos. María Fraile va a verle todos los días. A Rayito ya le cuesta andar por unos problemas en las manos y es la joven ganadera de Valdefresno quien le lleva la ración diaria de tacos con los que sigue alimentándose. Se han hecho casi confidentes. Deja que se acerque dentro de un silencio que llena el inmenso escenario de la paz del campo. Allí ambos se respetan con una mirada de complicidad. Él rumia a cámara lenta mientras ella trata de adivinar los secretos que le hubiera gustado descubrir de la mano de su abuelo. Rayito guarda en sus genes la bravura que seleccionó el inolvidable Nicolás Fraile, el sheriff de Valdefresno, que viajó a la eternidad de los grandes ganaderos nada más estrenarse 2014. Y es, ahora, una de sus nietas quien mima una de sus obras de referencia.

María, hija de José Enrique Fraile, muy cerca de Rayito, al que le lleva la comida a diario.
María, hija de José Enrique Fraile, muy cerca de Rayito, al que le lleva la comida a diario.

Rayito se convirtió en todo un emblema hace una década. La bandera del toreo ante uno de los ataques más crueles que se perpetraron en la tauromaquia. A partir de un cambalache político se aprovechó un momento de debilidad para poner fin a sabrosa y legendaria historia de los toros en Cataluña. Solo cuatro días después de que se votara, y aprobara en el parlamento (28 de julio de 2010), la prohibición del toreo en esa comunidad, Rayito fue el protagonista histórico de una tarde memorable en la Monumental. El de Rayito fue el mejor grito del toreo en plena fiebre de un debate tan absurdo como injusto. El toro de la ganadería salmantina de Valdefresno puso sobre el histórico ruedo del antiguo coso de El Sport (1914), rebautizado años después, gran parte de la grandeza de este espectáculo en el que el toro es el gran y principal protagonista. Sobre el que gira todo y el que le da argumento a esta Fiesta.

“Por respeto a todo lo mucho y bueno que nos dio hemos decidido dejarlo con nosotros hasta que aguante”, dice José Enrique Fraile

“Rayito, sigue en los cercados de Valdefresno junto a un lote de vacas, pero ya ha dejado de cubrir. Se ha hecho mayorcito pero por respeto a todo lo mucho y bueno que nos dio hemos decidido dejarlo con nosotros hasta que aguante”, comenta José Enrique Fraile. Lo mantienen con el lote de vacas para evitar juntarlo en cercados con otros toros sementales para evitar que le pudieran pegar, porque él ya apenas puede defenderse: “Anda por todos los sitios libre, a su aire. Hace lo que quiere y puede...”, comenta el ganadero de Valdefresno. Rayito ha estado cubriendo las vacas de Valdefresno, cinco o seis años, desde el invierno inmediatamente posterior al indulto (2010-2011) de aquel verano triunfal en Barcelona: “Luego, hace ya tres o cuatro años, le entró artrosis en las manos y le costaba subirse a las vacas y ya dejó de cubrir”. Aún así dejó buena simiente en la ganadería: “Lo daba muy bravo, pero tenía un problema. Su genética nos daba los toros con las caras (afirma en referencia a la cornamenta) muy abiertas y eso, hoy en día, es un problema para poder lidiar porque va en contra de la tendencia actual y no gusta a los toreros. Por eso decidimos echarlo con medida”.

Curiosamente, en su día, cuando aún era un eral (dos años), Rayito estuvo a punto de ser tentado en la finca para semental por la gran reata (toros y vacas precedentes de la misma familia que habían demostrado un gran nivel) que llevaba pero se desestimó su lidia porque a los ganaderos no les terminaba de convencer la cara. Sin embargo, cuando se cuajó y ganó en edad, obtuvo el cuerpo y la seriedad suficiente como para ser lidiado en una corrida de toros en un coso de primera, como es la Monumental de Barcelona. Allí saltó el 1 de agosto de 2010, en el primer espectáculo que se celebró nada más aprobarse la prohibición taurina en Cataluña, el miércoles inmediatamente anterior. Barcelona seguía siendo entonces plaza de temporada, con funciones taurinas cada domingo, aunque lejos ya de aquella explosión de los años 50, 60 ó 70 en las que había toros todas las semanas en sesiones de jueves y domingo con las primeras figuras y llenos de reventón, siendo Barcelona y su plaza de la Monumental una de las de referencia del curso. Fue, por ejemplo, el coso en el que más paseíllos hizo en toda su carrera el maestro Santiago Martín ‘El Viti’, uno de los preferidos de aquella afición.

Y así, con toda su leyenda, Rayito (negro, número 93 y del guarismo 6) sigue deambulando por los cercados de Valdefresno. Protagonista de una triunfal pero a la vez triste tarde que ya forma parte de la historia. Se convirtió entonces en el tercer toro que se indultaba en la ganadería, tras los precedentes de los astados que se ganaron la vida en el ruedo, Cara Alegre en Béziers (Iván García) y Pitito en Palencia (Perera). Ambos murieron al poco tiempo al no lograr recuperarse de las heridas. Rayito sí lo hizo, dejó su descendencia y hoy saborea su vejez en Valdefresno como uno de los orgullos de la casa.

De la prohibición en Cataluña al pañuelo naranja al toro de Valdefresno en 4 días

“Fue de los días más emocionantes que he vivido en mi vida en una plaza de toros”, comenta José Enrique Fraile, en recuerdo de aquella tarde del verano de 2010 en la Monumental de Barcelona en la que Miguel Tendero indultó a Rayito, premiado con el pañuelo naranja que distingue a los elegidos. “La plaza bramaba con la bravura del toro, era un momento de reivindicación de todos los aficionados que estaban muy dolidos con la decisión que prohibía las corridas de toros en Cataluña, y los de allí más todavía, claro. Fue la mejor manera de reivindicar el espectáculo”, comenta al ganadero de Valdefresno. “Lo que se vivió en la plaza fue muy emocionante, con toda la afición gritando a la vez ¡Libertad, libertad! Era un triunfo histórico. Sin saberlo, Rayito estaba entrando en la historia”, recalca José Enrique Fraile. “Fue un cúmulo de sensaciones muy grande. Un recuerdo que me quedará para siempre”. En aquel momento, Valdefresno era una de las ganadería habituales cada temporada en la Monumental. Aquella tarde del 1 de agosto de 2010 hicieron el paseíllo Juan José Padilla, Curro Díaz y Miguel Tendero. Este último fue el encargado de lidiar a Rayito, que saltó al ruedo en tercer lugar. Y entonces fue cuando se produjo la explosión derivada de la bravura de un toro que defendió con orgullo su vida y se ganó el derecho al volver a Valdefresno para perpetuar su bravura para siempre, además de convertirse en uno de los toros legendarios de la historia.

Pase de pecho de Miguel Tendero a Rayito, el 1 de agosto en La Monumental, donde se ganó la vida.
Pase de pecho de Miguel Tendero a Rayito, el 1 de agosto en La Monumental, donde se ganó la vida.

Una vez que regresó a los corrales, aún con la efervescencia y al emoción de la gente patente en el ambiente, Rayito recibió las primeras curas en la plaza y allí permaneció tres días más. El miércoles deshizo de nuevo el camino desde Barcelona hasta la finca salmantina de Valdefresno, en Tabera de Abajo. Recorrió en camión de nuevo los casi 900 kilómetros que le separaban de su paraíso eterno. Nicolás Fraile le esperaba esa noche de verano, junto a sus nietas, con los brazos abiertos.

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