22 abril 2021
  • Hola

Pandemia y abusos

Artículo de opinión de Javier Lorenzo en el suplemento ‘Toros’ de LA GACETA

27 mar 2021 / 09:47 H.

En la reactivación del toreo no todo vale. Es más, hay que estar más cauto que nunca porque los ojos se multiplican. El toreo siempre mereció un respeto y hoy aún más si cabe. Hay que respetarlo fuera del ruedo y más dentro. Ese compromiso se hace hoy crucial. En un instante en el que, ante la ausencia de espectáculos, hasta el último pueblo se convierte en foco de atención por insignificante que parezca. La llegada de internet hizo volar ya hace años la información al segundo. En cualquier plaza se conoce la noticia al momento y hoy, en plena pandemia, y ante la ausencia de festejos, hace estar a todos al tanto de lo que sucede hasta en el último rincón. Por eso tienen menos cabida que nunca actos y eventos, actitudes y comportamientos que dejen en vergüenza el toreo. Reactivarlo sí, pero no de cualquier manera y a cualquier precio. Porque entre otras cosas, hoy la proyección juega un papel crucial. Y ahí los profesionales deben ser conscientes si de verdad les interesa el espectáculo y creen en el futuro. De lo contrario se convierten en los primeros que empiezan a darla la puntilla a un arte que no se puede prostituir.

La ausencia de festejos dispara la importancia y trascendencia de lo poco que se organiza. Ahora no hay escenario menor. El aficionado juzga más que nunca y los que aparecen en el ruedo no pueden hacer que ese mismo aficionado sienta vergüenza de lo que ahí sucede y lo que ahí se ‘enseña’. Para dar una mala imagen es mejor no entrar en escena. Una mala imagen lejos de incitar y reactivar el sector lo que hace es jugar en su contra y sacarle las vergüenzas. Y hoy lo que menos hace falta es ofrecer un espectáculo sin argumentos de defensa. Un espectáculo en el que todos, subalternos y toreros, si aparecen, den la cara de verdad. La imagen del toreo hoy es crucial. Hoy más que nunca puede inclinar la balanza hacia un lado u otro. Porque un evento indigno en cualquier pueblo escondido que se precie no puede ser la imagen denigrante que se encuentre cualquier persona que, aficionado o no, encienda la tele. Y ahí no todo vale. Si el toreo no se muestra con seriedad y verdad, y ahí no me refiero a que en el último pueblo salga el toro de Madrid, de Pamplona o de Bilbao, acelera su final. Cada uno en su sitio. Apelo a la seriedad de sus actuantes, al compromiso con el toreo, que también está en sus manos. Las grandes empresas y las grandes figuras se han escondido hasta ahora, durante un año de pandemia, pero la mínima actividad que hoy se tiene no puede ser tampoco el argumento para que proliferen ponedores, tuneleros y personajes sin escrúpulos que tiren por la borda la grandeza de la tauromaquia y la dejen en pelotas y sin nadie que encuentre el más mínimo argumento para defenderla. Ni una cosa ni la otra. Ni que todo el mundo esté escondido, ni que se enseñen y difundan las cloacas del toreo en el pasaje más crítico. Esa no es la fiesta que hay que reactivar. Tampoco la de los abusos de las figuras. Tómenlo como aviso para los que han iniciado esa senda y los que la quieren tomar. La pandemia no es barra libre. La dignidad es lo que primero retrata a quien tiene el valor de vestirse de luces. No por hacerlo todos se ganan el respeto. Por arriba, por el medio y por abajo. Nos jugamos el futuro del toreo.

Ver Comentarios
Recupera variable LOGO:
https://www.lagacetadesalamanca.es/base-portlet/webrsrc/ctxvar/d02eb2dc-2fcb-4c80-a2f6-a5cfab1e30e3.svg

https://www.lagacetadesalamanca.es/base-portlet/webrsrc/ctxvar/a835bb89-65e8-449c-9619-d30e7c8e74ec.png