22 noviembre 2019
  • Hola

Pablo Aguado, la sensación taurina de la temporada habla para LA GACETA: “Mi reto es la regularidad, no defraudar a nadie”

“La Glorieta es una de las plazas que más me ilusiona”, afirma ante su debut el día 13 de septiembre

29 ago 2019 / 17:16 H.

El torero revelación, uno de los nombres propios del curso reapareció este miércoles en Cuenca tras el percance que sufrió el 17 de agosto en Gijón, donde un toro de José Vázquez le arrolló y le provocó una lesión en el hombro que le ha tenido parado los últimos diez días. El diestro (Sevilla, 03 de enero de 1991) cortó cuatro orejas al lote de jandillas en una tarde mágica en La Maestranza el 10 de mayo, apenas año y medio después de haber tomado la alternativa en esta plaza. Paró el tiempo y convulsionó el toreo. La tarde más maravillosa que se recuerda en este siglo en el Baratillo. Removió las entrañas del escalafón y agitó el espíritu de líder inamovible y acomodado de las figuras. Incitó a todos. La irrupción de Roca Rey no espoleó tanto a las figuras como la aparición de Aguado. De repente se echaban de rodillas para hacer alardes delante de los toros. Aquella misma noche colapsó la petición de entradas para Las Ventas donde estaba anunciado ocho días después. Más de siete mil boletos se vendieron a su reclamo. En el coso de la calle Alcalá , Aguado volvió a parar los relojes, esta vez con un toro de Montalvo. A la maravillosa y sedosa faena de Aguado, con la anochecida vencida ya sobre el ruedo, le acompañó un silencio sepulcral que se rompía con los olés más secos y sinceros que subían los decibelios de intensidad y de pasión de la parroquia. Tras los remates de cada serie, de nuevo el silencio sepulcral. Del tendido brotó una voz esclarecedora: “¡Cómo huele a torero!”, Aguado siguió soñando el toreo a cámara lenta. Así nació y se ratificó el espíritu de la temporada que ya tenía su nombre propio.

–¿Qué se le pasa por la mente a un torero cuando, de la noche a la mañana, se convierte en el más deseado por empresas y público?

–El principio fue todo un poco agobiante por lo que se me vino encima de la noche a la mañana. Al final se lleva con naturalidad y dando los pasos con mucha cautela para asimilarlo, aprovecharlo y no dejarlo pasar todo lo bueno.

–Dos meses después de aquella maravillosa y explosiva primavera, con la perspectiva del tiempo, ¿cómo recuerda aquellas tardes de Sevilla y Madrid?

–Ahora es cuando uno lo empieza a valorar, desde la lejanía, aunque hasta que no acabe la vorágine no voy a ser consciente realmente lo que me ha pasado. Fueron días especiales de los que mantengo el recuerdo de haber disfrutado como torero más allá del triunfo de las orejas.

–¿En qué le cambia la vida a un torero y a una persona tras dos tardes así?

–Profesionalmente en todo; personalmente intento que no me cambie nada. Lo que me ha llevado ahí, ha sido a ser como soy. Y no quiero cambiar. Taurinamente uno está preparado porque el triunfo llega gracias a una preparación previa; pero personal y moralmente no tanto porque es algo que nunca se ha aventurado y es nuevo. Yo lo quiero vivir con los pies en la tierra.

“Ahora es cuando ya empiezo a valorar todo, aunque hasta que no acabe la vorágine no voy a ser consciente de lo que estoy viviendo”

–¿A qué se le tiene ahora más miedo, al toro, al público, a la presión, a la necesidad de triunfar a diario, a los nuevos amigos que aparecen con el triunfo...?

–Mantener la regularidad que me ha hecho estar ahí. Mantener ese nivel que en cuanto sale un toro poder volver a repetir Sevilla o Madrid. Ese es el reto y el principal objetivo.

–¿Cree que está preparado el toreo y los públicos para esperar a toreros como usted donde, como es lógico, no todos los días que haga el paseíllo pueden suceder cosas como las de Sevilla?

–Es difícil. Hoy en día hay muy poca, o ninguna, paciencia con los toreros. Todos los públicos quieren verlo todos así todos los días. Uno también se tiene que adecuar al tiempo en el que vive. Lucho por no defraudar cada tarde, consciente eso sí de que sucesos como los de Sevilla y Madrid son muy difíciles de lograr.

–¿Sería capaz de renunciar a su concepto a favor de la regularidad?

–No. Jamás admitiría cambiar el concepto, es el trabajo de toda una vida y con el que he logrado lo mucho o poco que tengo.

–¿Qué está siendo lo más difícil que se está encontrando?

–Lo más difícil de estar acartelado diariamente con las figuras supone mantener una regularidad que ellos han conseguido y les ha llevado hasta ahí. Y competir con compañeros que te sacan décadas de una experiencia que, lógicamente, yo aún no tengo.

“Taurinamente uno está preparado pero personalmente no tanto porque es algo que es nuevo. Yo lo quiero vivir con los pies en la tierra”

–Siendo el principal objetivo de los aficionados, ¿cómo se supera una tarde sin triunfo?

–Lo más importante es saber porqué no ha llegado y quién ha tenido la culpa. Depende de porqué no haya habido triunfo, si es por culpa tuya o si ha habido otras circunstancias. Cuando lo das todo, uno se puede ir satisfecho de la plaza igual aún sin haber triunfado. Lo malo es si tú ese día no has logrado estar a la altura. Ahí es cuando llega el problema.

–¿Se prepara uno diferente para el triunfo que para el fracaso?

–No me preparo ni para una cosa ni para la otra. Me preparo para torear, lo otro es una consecuencia derivada de lo que yo pueda o no pueda conseguir con el capote, con la muleta y con la espada. Ante el fracaso hay que ser fuerte y prepararse mentalmente; eso lo da la experiencia. El triunfo también hay que saber asimilarlo.

–A las figuras con las que ha comenzado a compartir carteles, ¿ya las mira de tu a tú o lo sigue haciendo con admiración?

–Con admiración y, ahora que lo comparto junto a ellos con más admiración aún si cabe al saber lo que hacen y como lo hacen.

“Hay poca, o ninguna, paciencia con los toreros. Todos quieren verme como en Sevilla todos los días. Esa continuidad es el reto”

–La división de opiniones en torno a su figura entre los aficionados aparece con dos argumentos tras el fulgurante inicio de campaña. Los que defienden que debe de torear mucho y los que afirman que mejor poco y que cada tarde sea un acontecimiento. ¿Usted con cuál se queda?

–Más vale poco y bueno que mucho y regular. Todo tiene que venir motivado por la ilusión. Hay que dejarse llevar un poco por eso.

–Sin embargo, no está toreando poco y asumiendo retos de primer orden a los que usted no ha querido volver la cara...

–Me hacía ilusión después de Sevilla afrontar esas responsabilidades que a lo mejor a priori podrían parecer excesivas e innecesarias. Se hace por amor propio y también por orgullo. Si están los compañeros, también quieres estar tú. Y cuando digo poco y bueno, es verdad que es lo que siento, lo que pasa es que este año el número de corridas es alto porque las ofertas son muchas y buenas. Todas a las que voy me hacen ilusión y no voy a dejar de pasar ninguna mientras esto sea así.

PALABRAS CLAVE