15 octubre 2021
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Novillada en Los Santos: Un Marismeño para lanzarse

Deslumbró un excelente novillo de Charro de Llen al que Ismael Martín cortó un rabo. Jesús de la Calzada y Mario Navas también salieron por la puerta grande

19 sep 2021 / 10:24 H.
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El gran juego de un novillo de Charro de Llen, el sexto, se impuso a todo y a todos. No lograron fijarlo en los primeros compases de una brega sin dominio, en la que Marismeño viajó de un lado para otro. Estaba pendiente de todo. Y con todo parecía poder. Apretó y volteó en el tercer par de banderillas a Ismael Martín. Se fue el de Cantalpino a los medios para brindar y, en la misma boca de riego, clavó los pies para enterrarlos bajo la montera. Al pupilo de Charro lo fijaban como podían en el burladero. En cuanto desplegó la muleta y le hizo el péndulo atendió y se arrancó con una alegría deslumbrante. La fijeza y la prontitud fueron sus virtudes. Se entregó sin reservas de ahí en adelante. Pedía firmeza, exigencia y mano baja. Se crecía al castigo. Le incomodaban los viajes a media altura y la muleta muerta.

Ismael Martín le estructuró una faena con altibajos, con asiento siempre, jugó los vuelos de modo perfecto, porque perfecto respondía siempre Marismeño que enamoraba con su fabulosa manera de atender siempre al leve y ligero toque de la tela. Todo bondad. Corrió largo y bien la muleta con la izquierda, por donde salieron los muletazos largos y templados. La faena fue creciendo y entró en ebullición en las bernadinas finales que precedieron a la estocada. La pidieron el rabo y el presidente atendió. Eso sí sacó antes el pañuelo azul que el tercero blanco. Ya había estado muy generoso antes concediendo el doble trofeo ante la faena al tercero con el que Ismael Martín no le encontró ni el pulso, ni el trazo ni el sitio. Terminó atinado y de manera solvente invadiendo sus terrenos.

Jesús de la Calzada estuvo honrado ante el correoso y arduo primer novillo de Charro. Incómodo tuvo siempre una movilidad incierta, era boyante pero no fácil de dominar, había que imponerse y anticiparse para someterlo. A la mínima ventana se le colaba y así se lo llevó por delante varias veces. Tuvo un calamocheo constante y llegó un punto en el que ni tapándole garantizaba que pasara completo cada muletazo. Estuvo tesonero, valiente y porfión. Relojero se puso cada vez peor y él no se arrugó. Le costó encontrarle el sitio al de Arjona, el cuarto, que tenía su punto de nobleza, pero no pero podía tocarle nunca la muleta. Listo el torete, en cuanto citó al hilo, lo descubrió y volteó. Llegaron los desarmes cuando trató de meterse encima. Estuvo pundonoroso otra vez, apretó en las postrimerías con cambiados por la espalda y mató con eficacia.

Tuvo nobleza el primero de Charro del lote de Mario Navas. No admitía ni un solo fallo y pidió siempre exigencia para aprovechar la calidad que tenía. Le puso calidad a todo lo que podía el vallisoletano, con ese don de la distinción que tiene. Sin embargo, se echaron en falta mayores apreturas en los embroques. Tuvo enjundia el epílogo con ayudados por alto. No lo puso fácil el imponente eral santacolomeño de Arjona. Tenía la virtud de la prontitud, que humillaba en el largo viaje que siempre emprendía y que se iba largo. El reto era aguantar la acometida, porque cuando arrancaba lo hacía con todo de forma imponente. Y no era fácil dominar aquello. La clave era poder esa violencia desordenada con suavidad, con temple y con mimo. Atemperado el torete, pasado el ecuador de la faena, le sacó una serie soberbia de naturales, que fue de lo mejor de la función; en una tarde de gran personalidad ganadera.

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