28 noviembre 2022
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Morante por encima de todo. El resumen de la Feria 2022

Dos faenas prodigiosas, asentadas en diferentes conceptos le avalan como triunfador de la Feria, en la que Roca Rey defendió su puesto de privilegio y en la que Mario Navas se reveló como una firme ilusión de futuro. Buen nivel ganadero. Se abrió la puerta grande todos los días, hubo más público en La Glorieta que en 2021

26 sep 2022 / 09:57 H.
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Morante sobre todas las cosas. Dos faenas prodigiosa, mil y un registro y una plaza entregada a un torero que ha hecho suyo. El de La Puebla apareció como el gran reclamo de la cartelería, como único coleta que actuaba en dos ocasiones en la Feria y salió como el gran protagonista del serial, por segundo año consecutivo. No lo acaparó todo, pero casi. Porque ensombreció, o al menos dejó en segundo plano, los triunfos sin descanso y las muchas cosas buenas que tuvo la Feria. De principio a fin. Aunque nada ni nadie llegó a las cotas del cigarrero. Ni al portentoso saludo a la verónica al primero de Galache, ni la extraordinaria faena que cuajó al cuarto. Un toro misterioso que nadie había visto y al que Morante le encontró un fondo que nadie esperaba. Hipotecó su arte para desplegar todo un muestrario de técnica, de valor, de entrega, de confianza y de seguridad ante un Enfermito que terminó rendido a toda la capacidad del cigarrero. Una versión distinta. La de un torero que es mucho más que un artista. Supo a poco la oreja que paseó. Se le seguía resistiendo, una vez más una puerta grande que no había conseguido en su cuarto de siglo de alternativa y las diecisiete tardes que sumaba en esta plaza. Fue en la siguiente, cuarenta y ocho horas más tarde. Y una bronca monumental por medio con su primer toro de Cuvillo. Fue con un sobrero de la ganadería gaditana con el que ya unió todo. Todas aquellas virtudes que ofreció con el de Galache, aderezadas ahora por el arte, la improvisación, la magia, la originalidad en una faena que fue creciendo para desbordar un torrente de pasión en los tendidos. Y la estocada... la estocada de la Feria. No solo por la contundencia sino por la forma de ejecutar la suerte, en la que se recreó como nadie había hecho en toda la Feria.

¿Fue más Morante que Talavante?

Fue más Morante que Talavante, al que le faltó pasarse a un almibarado y rítmico Manzanilla más cerca, con más compromiso. Brilló en el toreo al natural, se desató en los remates de las series, con cambiados y pases del desprecio. La faena tuvo muchas virtudes pero le faltó la rotundidad de las grandes obras. ¿Y fue más que Roca Rey? Fue diferente, porque el peruano que fue el máximo responsable de llenar los tendidos y de colgar el ‘No hay billetes’ en La Glorieta once años después. Y asumió su responsabilidad de número uno para no dejarse escapar la tarde. Le echó carbón desde su primera aparición en el escenario con un explosivo inicio de rodillas en el tercio, pero el toro de Cuvillo se apagó demasiado pronto y no tuvo otra opción que arrimarse más que nadie. Por lo civil o por lo criminal se fue a hombros con sus compañeros. Con la tarde desatada ya en plena euforia, no falló. Con las dos rodillas en tierra en los medios se pasó a Perdicero por la espalda, protagonizó una faena muy larga e hizo que terminaran saltando chispas en el roce de los pitones con el bordado de su vestido de torear. Apenas tuvo enemigo, ni el otro ni este. Con o sin él, Roca no falla. Apretó los dientes y defendió su trono. Pero ni él ni Talavante pudieron con Morante, con su recuerdo. Con su toreo y con la conexión y complicidad con el público.

Aquella fue la tarde estelar

De esta y de muchas ferias. Que respondió a las expectativas, que hizo que la gente llegara en masa a la plaza y que saliera deseosa de volver a ver toros, se situó en la cima de las seis entregas de un abono partido en dos. Dos fines de semana. Demasiada distancia entre los bloques, sin embargo se consiguió que fuera más gente a la plaza que en anteriores ediciones. Además del ‘No hay billetes’ la otra tarde de Morante llenó el coso en tres cuartas partes de su aforo, ligeramente más que la que lograron El Juli y Manzanares con la presentación de Tomás Rufo; y similar a entrada de la tarde de rejones, donde al público no le importó la enésima repetición en esta plaza de los Hermoso de Mendoza y Lea Vicens. Que decepcionaron, con una buena corrida de Ángel Sánchez y Sánchez. Solo se salvó de la quema Guillermo, que fue el único que afrontó la función con responsabilidad.

El gran fiasco en la taquilla lo confirmó un cartel que, de entrada, no tenía ningún sentido ni atractivo para el público. Perera, Ureña y Valadez torearon en un solar. La respuesta del aficionado dictó sentencia. Sin embargo, esa tarde se lidió la mejor corrida de toros de la Feria. Por variada, por distinguida, por atractiva. Por la intensidad y el buen juego en conjunto que ofreció la ganadería de Puerto de San Lorenzo que además soltó un toro estelar, de los que no se olvidan fácilmente y de los que se quedan en la memoria para siempre. Inspector plantaba cara de repente a Chillón, el toro de Galache al que en la jornada anterior la habían dado la vuelta al ruedo en el arrastre. Fueron los dos nombres propios ganaderos de la Feria, en la que el único que se quedó muy por debajo del aprobado fue Garcigrande. En todo. En presentación y en juego. Antes ya había sacado nota una novillada francamente buena de Antonio Palla y después Núñez del Cuvillo, sin ser una gran corrida de toros, ofreció los mínimos para que la tarde estelar dejara satisfecho a todos. Se sostuvo y se mantuvo, no encandiló pero sirvió de cómplice para el triunfo de la terna. Y eso hay que tomarlo como meritorio.

Ilusionó e impactó el concepto de Mario Navas en la novillada inaugural, en la que se convirtió en el primer gran nombre de la Feria. Por el asiento, por las formas, por la interpretación y por la firmeza, por la contundencia con la que logró su objetivo: hacerse notar asentado en la mejor interpretación del toreo. Una apuesta de pureza. Para él fue la primera puerta grande de la Feria y le siguió Tomás Rufo, que llegó con la pierna a rastras convaleciente de la cornada sufrida 48 horas antes en Valladolid. Desorejó al toro de su presentación en La Glorieta, con cierta generosidad por parte del palco. De la misma manera que le abrió la puerta grande a López Chaves tras lidiar al ya famoso Chillón, que ya había centrado todas las miradas. El ledesmino lo lidió y lo lució con vistosidad y sabor campero. Y lo mató de una gran estocada. Alejandro Marcos no hizo ruido; tampoco Perera, técnico pero frío con el primer gran toro de La Ventana y meritorio pero con la misma lejanía del público con el cuarto del Puerto. Paco Ureña lució pero estuvo intermitente y sin rotundidad con el gran Inspector; en una tarde en la que debutó en Salamanca como matador de toros Leo Valadez. Todo entrega, disposición y arrojo en todos los tercios, vistoso con el capote, poderoso en banderillas, plano con la muleta y contundente con la espada. Esta le dio una oreja de cada uno de sus oponentes y logró el pasaporte para abrir la puerta grande. Se abrió en todas y cada una de las seis funciones. Faltó exigencia y un mismo nivel para calibrar la concesión de trofeos. Demasiada distancia entre unos y otros. Sorprendió más de una tarde la reacción de un público desnortado, que tan pronto pitaba a un toro por manso como obligaba a salir a un banderillero tras una colocación deficiente de los rehiletes, como se olvidaban de pedir la vuelta al ruedo de un toro memorable como Inspector. Uno de los nombres propios de la Feria, junto a Chillón. Ninguno de los dos coincidió con Morante; que encabezó la terna estelar, le seguirían Roca Rey y la completaría Mario Navas, como una firme apuesta de futuro.

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