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Derechazo de El Fandi a Patrón, el primer Montalvo lidiado ayer en Valencia. @PlazaDeValencia
Montalvos de oro en las Fallas

Montalvos de oro en las Fallas

Paco Ureña cuaja una faena formidable al natural toreando con el alma a un excelente toro de Juan Ignacio Pérez Tabernero que lidió una gran corrida de toros en el cierre de la Feria de Valencia. El Fandi salió a hombros en tono menor.

Martes, 19 de marzo 2024, 20:47

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La Ficha

  • PLAZA DE TOROS DE VALENCIA 9º y último festejo de Fallas. Más de media entrada en los tendidos en tarde entoldada y fría, con luz artificial a partir del tercer toro.

  • GANADERÍA 6 toros de Montalvo (Juan Ignacio Pérez Tabernero), de honda y seria presencia en conjunto, cinqueños 1º y 3º. Codicioso, emotivo y con gran transmisión el 1º, que resultó un gran toro; serio y a menos el 2º; apagado y sin decir nada el 3º; noble y rajado el 4º; excelente el quinto, que desarrolló en un gran toro; apagado el noble 6º.

  • DIESTROS

  • EL FANDIBLANCO Y PLATA Estocada (oreja);y media estocada (oreja). Salió a hombros.

  • PACO UREÑACARMESÍ Y ORO Gran estocada (ovación con saludos);y media estocada y tres descabellos (ovación con saludos tras aviso).

  • EMILIO DE JUSTOAZUL MARINO Y ORO Pinchazo y estocada (silencio), y pinchazo y estocada (silencio).

La corrida de Montalvo fue de irreprochable presencia. Y estará en el podio de la primera gran feria de primera del curso taurino. Desigual en hechuras, pelajes y edades. Tuvo distinción. Entre ellos, un toro muy importante, que fue el primero. Ni este, ni el excepcional quinto, ni tampoco los otros cuatro del encierro de Juan Ignacio Pérez Tabernero fueron bravos en el caballo. Más bien todo lo contrario; y eso que el quinto empujó con fortaleza e ímpetu después de pensárselo mucho y escarbar antes del primer encuentro, pero se desentendió en el segundo envite retratando su condición. Aquel Patrón, el primero, tuvo una emotividad distinguida, codicia, entrega y emoción por el pitón derecho. Vibrante, codicioso y con mucha transmisión. Un toro intenso, con fondo. El segundo se acabó demasiado pronto; el cuarto y el quinto tuvieron más nobleza que calidad en los primeros compases de la faena, uno pidió que no le exigieran y el otro que le bajaran mucho la mano. Así apareció en este quinto, Cartero, un toro excelente que hizo surcos con el morro por el suelo en las postrimerías de la faena, humillando de manera fantástica y entregándose a lo grande con una calidad sublime. Permitió a Ureña torear con el alma al descubierto al natural. Tercero y sexto enlotaron las perores notas. A El Fandi se lo llevaron a hombros, aunque el recuerdo del mejor toreo, de la tarde y de la feria, será de Paco Ureña que toreó a lo grande, de forma primorosa a ese quinto, en una faena que alcanzó el Olimpo al que solo llegan los elegidos para quedar grabada ya para siempre.

Patrón, el toro que rompió la tarde fue tremendo por el pitón derecho. Por la emotividad, por la transmisión, la entrega y la codicia que tuvo el de Montalvo. Serio en todo, menos en el segundo encuentro con el caballo donde salió suelto. Se torcieron los dos cuando El Fandi se echó la muleta a la zurda. La voluntad del torero no estuvo a la altura de la categoría del pitón de oro del pupilo de Juan Ignacio Pérez Tabernero.

Se dejó mucho el cuarto, acertando en las alturas, sin exigencias, sin molestarle, sin asustar a Tomatillo, que fue el primer castaño de los tres de la segunda parte. Sin exquisiteces, le buscó las vueltas y le dio forma a una faena voluntariosa en la que el torero dio todo para calentar la tarde. Aún rajado al final del trasteo, sin llegar a plantar renuncio, se dejó para entregarle al torero las llaves de la puerta grande. Los circulares finales caldearon el ambiente de un público festivo, benévolo, nada exigente y mucho menos exquisito. La salida a hombros servirá para la estadística, los méritos de El Fandi no encontrarán acomodo en el recuerdo.

Antojitos, el segundo, resultó un toro imponente, por cuajo, hondura, por seriedad y profundas hechuras. Empujó con más genio que clase y entrega en el caballo. Ese poder y densidad también la tuvo en su comportamiento en la muleta. Seco, serio, noble, que respondió con más tranco cuando apareció la exigencia y el poder de la muleta.Atacó tan pronto Ureña que casi cogió sorprendido al toro, que pareció no saber donde estaba. Todo pureza y verdad. Sin contemplaciones. Por eso se entregó más y mejor a partir de la tercera tanda; cuando ya asentó y limó ese poder. Luego duró poco. Esa sinceridad con el toro la certificó en la manera de tirarse a matar. El quinto le duró mucho más, y fue mejorando cada vez más en las embestidas;para acabar siendo un toro soberbio. Pasado el acuerdo del trasteo, Ureña firmó naturales inmensos, interminables, lentos y casi soñados. Con ambas manos. Muy asentado, muy mandón, muy largo, buscando la curva, rematando en la cadera y llevando a Cartero muy embebido y muy profundo todo. El toro se entregó y viajó hasta el infinito en busca de la tela roja, embistiendo casi con el morro. Excelso Ureña. Toreo carísimo. Se atascó al matar, el medio espadazo frenó el premio, que iba a ser doble. Se cerró la puerta grande que tan bien ganada estuvo y se esfumó ya para siempre con el verduguillo. No la esencia y el aroma de la faena.

Parado, soso y sin entrega el cinqueño tercero, Regente, no ofreció interés en la muleta de Emilio de Justo. Tampoco el sexto. Con uno y otro estuvo tesonero Emilio de Justo, cuando la tarde ya era de Ureña, el fervor de la gente lo gozó El Fandi. Hoy y mañana los aficionados hablarán de los naturales del torero de Lorca.

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