16 abril 2021
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Los egos del toreo

Artículo de opinión de Javier Lorenzo en el suplemento ‘Toros’ de LA GACETA

06 mar 2021 / 16:19 H.

Por encima del bien personal de cada uno de los integrantes del toreo, por muy importantes o muy insignificantes que sean, debería de estar el bien común del toreo. Si a la tauromaquia le falta el oxígeno, todos los protagonistas que pululan en torno a ella vivirán renqueantes, si acaso no se quedan por el camino y se los lleva por delante su propio egoísmo. Algo tan sencillo como eso. Una máxima tan evidente que no se ha respetado últimamente y en la que muy pocos han caído en la cuenta, es lo que ha llevado al toreo, entre otros factores, a la situación crítica en la hoy se encuentra, rodeada de egos personales que ignoran el futuro del espectáculo. Una continuidad que debe de seguir cuando los Ponce, Juli, Morante, Manzanares... se retiren y, por supuesto, incluso cuando quien esto firme deje de escribir. El toreo está por encima de todos. El toreo en sí es mucho más importante que todos sus protagonistas. Y ahí, como dice Urdiales en estas mismas páginas, todos, los que torean, los que organizan, los que lidian, los que pican, los que visten, los que banderillean... tienen la obligación moral de dejar el espectáculo mejor que lo encontraron para garantizar su superviviencia y su continuidad. Amén.

Los egos de hoy han asfixiado al toreo. Cada cual ha ido a lo suyo llegando hasta límites insospechados. Y en ese ansia, cuando llegó el momento más crítico de la historia del toreo, dejó a todos con las vergüenzas al aire. Nadie los esperaba. Y a todos les estalló la bomba en sus manos. ¿Y ahora? Y ahora hacen falta toreros comprometidos, empresas con ideas y ganas de trabajar, ganaderos que sigan apostando por la bravura y la integridad. Más o menos, todos tenemos nuestra parte de responsabilidad. Hacen falta mentes pensantes y brillantes que no se ahoguen en un vaso de agua, defiendan el espectáculo y apuesten de verdad por el toreo para devolverlo a su sitio. Y que así vuelva a brillar y a recuperar el respeto que a nosotros mismos se nos ha escurrido como agua entre las manos. Había sucedido antes de la llegada de la pandemia y el coronavirus lo dejó al descubierto. Sobran aquellos que mueven los hilos del toreo y se atreven a ponerle una fecha de caducidad al toreo como profetizó el mismo José Antonio Martínez Uranga hace años cuando estaba sentado en el sillón más importante, el de los despachos de Las Ventas, con esa frase maldita en la que ya no recuerdo cuantos años le daba de vida a la tauromaquia, sin saber entonces que una pandemia se iba a cruzar en nuestras vidas. Una frase similar a aquella con una fecha final un poco más lejana volvió a salir hace unos días entre algunos de los integrantes de esa reunión misteriosa que reunió en finca de La Campana al Comité de Crisis. Hoy lejos de profetizar lo que hace falta es compromiso, trabajo, entrega y verdad para darle nuevos aires a la Fiesta. Para introducirla otra vez en la sociedad de la que se ha apartado, para reinventarla sobre su esencia, tradición y pureza. Y para hacer que vuelva a brillar. Para eso hace falta compromiso. Para eso hay que romper la burbuja de los egos en la que se ha encerrado cada uno y para eso hay que tener como mínimo la voluntad de querer salvarla y que cada uno la mejore. Hoy muchos a los que el toreo le situó en lo más alto no pueden asegurarlo.

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