11 junio 2021
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Leña al fuego

Artículo de opinión de Javier Lorenzo en el suplemento ‘Toros’ de LA GACETA

01 may 2021 / 15:42 H.

El toreo ha estado dormido... Hace falta más fuego, más intensidad”. Son palabras de Roca Rey en Aplausos. Al público hay que darle fuego, candela, vida. Necesita que haya rivalidad entre toreros, competencia real en la plaza. Siguen siendo titulares del último que revolucionó la tauromaquia. El último gran reclamo. El último torero que ilusionó y movió masas. El último que salió de la burbuja del toreo y entró y conoció la sociedad. Ese público que llena las plazas en las tardes de acontecimiento más allá de los aficionados taurinos. RR cruzó fronteras. Y en plena explosión de su consagración como máxima figura, se atravesó una inoportuna lesión y luego la pandemia.

Roca Rey pulsa las claves. La entrevista es memorable. Por la frescura que transmite y las sensaciones que desprende. Aire fresco. Una inyección de moral. Pide guerra, la siente y la transmite. Roca Rey no es de los que se le llena la boca y habla por hablar. Todos persiguen el sitio de Roca Rey, le dice el maestro Benlloch dejándole el toro en suerte. Roca ataca sin remilgos: “Pues que vengan, que se pongan a mi lado y lo vemos”. Ahí está el reto... No digo que no haya rivalidad en el toreo actualmente, que la habrá. A su manera. Al modo de los toreros que se escondieron y fomentaron más la amistad que la competencia. Si la ha habido, lo que sí tengo claro es que no la han sabido transmitir, no han sabido trasladar esa sensación de que cada uno quiere ser el mejor. No hace falta que se peguen ni insulten, pero sí que se enseñen los dientes y que, como mínimo, les moleste el triunfo ajeno que siempre restó protagonismo al otro, le quitó euros a la cotización del que no triunfaba y mermó la capacidad de mando al elegir y exigir más que el resto. Ahí radicaba la categoría. Sin embargo, han trasladado una sensación de dejadez que ha hecho que el toreo se haya ido desinflando en los últimos años como ese globo que no atas, agarras por la boquilla y le vas soltando el aire despacio. El globo se quedó sin vida. Como el toreo. Y hace falta que los toreros, con su verdad de siempre, le devuelvan la efervescencia que jamás tuvo que perder. Entre otras cosas porque no han logrado transmitir su carácter. La Fiesta se fue descafeinando, perdiendo el hilo con la sociedad, desconectándose y aislándose. El torero siempre fue el héroe del pueblo. Y ya no.

Roca fue el último que más y mejor se acercó. Y ahora, tras un largo silencio habla para dejar una declaración de intenciones repleta de titulares. De retos. De desafíos. Aparece en la entrevista impecablemente vestido del torero cuando torea, a diferencia de quien se salta esos patrones y se muestra de cualquier manera. Y, a la vez, con una imagen de frescura, moderna y de juventud fuera de la plaza. Respeta los patrones de su tiempo. Nada es casualidad. Leo a Roca Rey y se me viene a la mente aquella última tarde de Madrid que le vi en directo. Mayo de 2019. La del órdago en Las Ventas la tarde de los ‘adolfos’. Esas tardes de Madrid de ambiente denso, en las que se acaricia la expectación, se toca el miedo y se siente el toreo. Aquellas de relevancia máxima donde late el espectáculo. Hace falta leña al fuego.

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