16 abril 2021
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La torería e ilusión de Alejandro Marcos, intactas tras superar una grave lesión en el tobillo

El torero de La Fuente de San Esteban retoma los entrenamientos en el campo tras la recuperación

15 feb 2021 / 18:32 H.

En cuanto dejé la muleta ortopédica, cogí la de torear. Y con ella es con la que mejor rehabilitación he podido hacer”. Son palabras de Alejandro Marcos que ha puesto fin a una larga recuperación de la lesión que sufrió en agosto cuando toreaba un toro a puerta cerrada. De la voltereta salió con un tobillo hecho trizas: fractura de Maisonneuve. Se libró del quirófano, pero no de 40 días en reposo absoluto y una dura y delicada rehabilitación. Ya está listo y ha vuelto a torear. Y lo hace además estrenando apoderados: Andoni Rekagorri y Jesús Benito son los encargados de dirigir sus destinos, en los despachos y en el entrenamiento del día día. Con Alejandro Marcos nos citamos en la finca de Agustínez, una buena e intensa prueba para ver su punto y ánimo. El torero de La Fuente ha ganado en pureza, apuesta por una mayor verdad en las suertes y le ha dado una vuelta más a la innata torería que atesora. Esa no es capaz de marchitarla ni la pandemia. Viste impecable. Camisa blanca con los puños vueltos, chaleco negro y calzona gris perla, cubierta en su delantera por unos torerísimos zahones. En su punto central, las iniciales del torero bordadas. Una vaca con el hierro de Sánchez Cobaleda delicatessen por su excelsa calidad, y dos de sangre murubeña de Castillejo de Huebra, una con más movimiento que entrega y otra brava y poderosa que lo pidió todo por abajo para derrochar su inmenso fondo. Una prueba variada, muchas teclas que tocar. Examen aprobado con nota.

–¿Qué ha sido lo más duro de todo este tiempo?

–Los cuarenta días del reposo absoluto fueron largos. Y, luego, ver a los compañeros en el campo me daba envidia. Al final son accidentes. A mí me ocurrió por querer pasar una raya, era consciente, y hoy estoy orgulloso de haberla cruzado. No me preocupa lo que me pasó, sé porqué fue.

–Lo suyo fue una demostración más, del riesgo que también se corre en el campo...

–Demasiado poco pasa... Es un entrenamiento, el más importante y real. Un toro en el campo pesa más, aún si cabe, que en la plaza. El maestro Juan José siempre me dijo que es bueno, pero de vez en cuando. Lo veo así también. Hasta ahora no había sido de torear tantos, era de torear cinco o seis toros al año. El esfuerzo cuesta más hacerlo aún en el campo, pero si pasas esa línea, en la plaza luego cuesta menos cruzarla cuando hay que lograr las cosas importantes.

–¿Qué plus requiere el campo para hacer ese esfuerzo extra?

–A la plaza vas predispuesto a arriesgar y a llegar a unos puntos extremos, con el fin de que te reconozca el público o la prensa. En el campo es para ti. La plaza requiere otra mentalización y en el campo no estamos acostumbrados.

–¿De qué han servido estos cinco meses en el dique seco? ¿Tienen alguna lectura positiva?

–Sí, casi toda. De la negativa podríamos estar hablando todo el tiempo que quisieras, sin embargo he tratado de buscarle el lado positivo. Me ha hecho darle muchas vueltas pero para crecer. Llegó cuando me estaban saliendo muchas cosas y se paró todo. Sin embargo, este tiempo me ha servido para profundizar más lo que estaba haciendo y afianzar en mi convencimiento de que iba por el camino correcto. Para madurar más los conceptos y las formas. Interiorizarlas para luego demostrarlas. Todo lo que estoy cogiendo en mi toreo, se va a asentar más en mí y lo voy a poder demostrar cuando vuelva. Cuando no paras, muchas veces no asimilas. Y a mí me ha servido para crecer.

–¿En qué ha avanzado?

–En el poso, en el reposo. En la hondura, a lo mejor antes quería torear, torear y torear. Lo hacía estéticamente bien, pero me faltaba hondura, más tiempos entre los muletazos, vender aquello para que sea igual de verdad pero a la vez sirva para predisponer a la gente a lo que estaba haciendo. Ahora quiero que lo que se haga que sea con la mayor rotundidad.

–Y, ahora, comienza una andadura no solo renovado y recuperado, si no también estrenando nuevo apoderamiento. ¿Cómo ha surgido y por qué de esta elección de Andoni Rekagorri?

–Llevaba dos años solo. Andoni es una personas que siempre ha tenido mucha fe en mí, ha sido admirador mío, y amigo por encima de todo. Siempre hemos tenido una relación muy buena, me ha apoyado mucho. Ahora se ha jubilado de su profesión y ha surgido. Tiene tiempo para apoyarme de manera más oficial digamos. Es una persona inteligente, con la que además tengo la confianza de muchos años, labrada en la amistad. Y tiene algo crucial, que valora mi toreo. Y una persona que tiene esa fe lo va a saber transmitir de mejor manera que nadie. Siempre me ha ayudado mucho a creer en mí, a seguir el camino que quiero. Siempre me dijo que confiara y que apostara, que todo va a llegar algún día. Además, me da tranquilidad personal y profesional. Me aporta confianza y apoyo.

–Llega después de varios años en solitario...

–He estado a gusto. En realidad, no he tenido la desesperación de no tener nadie. Al final de lo que me quiero preocupar es de crecer como torero. Tanto tiempo solo es porque tal vez nadie me dio esa confianza para considerar que me iba a aportar más de lo que tenía.

–Y en ese camino en solitario llegó la muerte del maestro...

–Ha sido el golpe más duro. Quitármelo ha sido terrible. Me acuerdo de él a diario. Es la persona que me enseñó todo. Un mazazo muy grande porque la vida me arrebató a alguien que para mí ha sido como mi segundo padre. No hay día que no me acuerde de él.

–Sin casi oportunidades para los modestos antes del COVID y puede que menos ahora, ¿cuál es la clave para lanzar un torero?

–Creer en uno mismo, en tu constancia, concepto y toreo. No desesperar, al final todo el mundo ha tenido su oportunidad y yo la tendré. Estoy seguro. En este tiempo de pandemia no he sentido tristeza, te da pena que no haya toros, pero no como algo particular. Me está sirviendo para asentar conceptos y creencias. Cuando llegue mi oportunidad me va a pillar más maduro y asentado. En ese aspecto el tiempo corre a mi favor. No he parado a lamentarme. Lo aprovecho para todo lo contrario. Lamentarse no sirve de nada más que para buscar excusas, y eso resta. Siempre hay que tener ilusión, motivación. Es lo que te hace crecer.

–¿Qué lleva a un torero a no tirar la toalla y a seguir con esa constancia, no solo cuando escasean los contratos sino cuando toca sufrir un momento tan crítico y con un futuro tan incierto?

–Desde fuera entiendo que cueste entenderlo. Una fuerza interior que nos hace que en esta situación nos hagan creer más que en nosotros, a las adversidades siempre le buscas el lado positivo. El toreo es algo tan grande, una vocación con tanta verdad que es la que tira.

–¿Cómo saldrá el toreo de esta situación?

–Ahí tengo más dudas. Nos están atacando y estamos sin escudos. Para empezar, las ferias se van a reducir, van a llegar años difíciles. Los políticos tiran no hacia otro lado, si no en contra. Si somos capaces de aguantar y seguir con la verdad del espectáculo y no perder la pureza, terminará imponiéndose a las pantomimas que están vendiendo.

–¿Cómo, quién o de qué forma se puede revertir y volver a poner el toreo en boca de todo el mundo?

–A los aficionados hay que darle ilusión y motivos; pero el toreo hay que hacerlo llegar a la gente que no accede a él. Tengo amigos que no lo conocían y tras enseñarles los porqués más básicos, el que menos ya lo respeta. Y muchos tienen curiosidad. Por eso hay que acercarlo a todos. Necesitamos apoyo de las instituciones y hacer una labor educativa del toreo y sus porqués. De dónde viene, qué implica y qué significa. Una labor de enseñanza. A nosotros nos la transmitieron nuestros abuelos, pero después no hemos seguido con esa cadena. La cadena se ha roto y ahí el toreo es el que pierde.

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