28 noviembre 2021
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La entrevista a Francisco Galache, Toro de Oro gracias a Gandillito en la feria de Salamanca

Ya tiene el segundo Toro de Oro de su historia | El primero fue en 1978. Este, que reconoce a Gandillito, le ha convertido en uno de los nombres del año y ha demostrado la injusticia del olvido que sufrió en las dos últimas décadas, el tiempo en el que las ferias se llenaron de toros de una sola procedencia que condenaron al toreo a ser un espectáculo previsible

23 oct 2021 / 09:59 H.
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Fue la gran sorpresa del verano cuando Morante de la Puebla rescató del olvido a la ganadería de Francisco Galache para imponerla en su comparecencia en La Glorieta la pasada Feria. Acaparó todos los titulares de la tarde estelar del ciclo taurino y de él salió como gran triunfadora. 38 días después de aquella memorable tarde se sigue hablando de los toros de Hernandinos. Allí está ya el Toro de Oro que recogió Francsico Galache el viernes en recuerdo a Gandillito, el astado berrendo en colorao al que Alejandro Marcos le cortó las dos orejas y le abrió su primera puerta grande en La Glorieta como matador de alternativa. Pese al éxito, pese a la efervescencia triunfal del momento, saboreando las mieles de la gloria, Francisco Galache mantiene los pies en el suelo con la euforia contenida. La incertidumbre del futuro y el drama del campo así lo impone. Esta misma semana reconoce, que llevará más de treinta astados al matadero: “Por mucha ilusión que tengas hay que ser conscientes de cómo está la situación”, afirma: “Algunos porque cumplen la edad y ya no se pueden lidiar, otros por dejar sólo lo mejor de la camada y hacerla más corta. El mercado así lo demanda y no sabemos qué va a pasar”. Ni siquiera la empresa de Salamanca se ha puesto en contacto aún con él para dejar al menos apalabrada otra corrida de toros para 2022. Año para el que ha reservado cuatro encierros mayores, una novillada picada y un buen número de erales.

–¿Cambia la vida después de un Toro de Oro?

–Me imagino, de momento no ha cambiado, estamos haciendo la misma vida que hacíamos. Respecto a las ventas espero que algo cambie. En previsión a la temporada que viene aún es pronto para analizarlo. La gente aún anda con miedo, no sabe a qué atenerse y sigue habiendo incertidumbre.

–Hoy se cumplen 38 días de la tarde de La Glorieta, ¿Cuál es la sensación y el recuerdo que tiene?

–Fue muy especial dentro de la plaza, para mí hubo magia. En La Glorieta ese día entró el duende y duró todo el festejo. Fue de muchas emociones.

–¿Qué fue lo mejor?

–De esa jornada el público esperaba no sabía muy bien qué, pero sí mucho. Antes de esa tarde se llevaba un mes hablando de toros en la ciudad con Morante y los toros de Galache. Y eso es muy importante. Es más, creo que es clave en el toreo. Luego, el espectáculo culminó con ese Morante en estado estelar y con toda su magia a cuestas. Y también, y muy importante, se remató con un gran plato que ya tenemos en la mesa para disfrute de todos, como es Alejandro Marcos.

–¿Cuál fue la clave del triunfo de Morante y Alejandro Marcos?

–Entenderse, hablar directamente con los toros. Expresarse. Saber que hablaban el mismo idioma. Morante y Alejandro los exprimieron al máximo y hubo un mismo lenguaje para disfrute de todos.

–Imagino que le invadirían las dudas, si los toreros iban a saber entenderse con una ganadería que jamás habían lidiado (Morante un toro en Ciudad Rodrigo y Alejandro Marcos solo como novillero).

–Con Alejandro no tenía dudas. El único interrogante era saber si iba a poderle la tarde, y luego también saber cuál era su respuesta después de como estuvo Morante. Resolvió todo a lo grande. El de Galache es un toro muy del temple de Morante, no le gustan los tirones, no admiten enganchones, piden suavidad. Tenían que entenderse y se entendieron.

–¿Cómo sobrevive un ganadero en todo este tiempo en el que apenas ha lidiado?

–A base de sacrificios. Al final, en una ganadería, en estos últimos años no puedes echar números, porque si lo haces desapareces al día siguiente. Nos salvamos a base de sacrificios y de arrimar de otros sitios. Al final te puede la tradición y la pena de quitarlo. Esto ha sido un revulsivo y una bolsa de aire, pero somos conscientes de cómo está todo. A la ganadería de bravo tienes que verla con una perspectiva mayor, en la lejanía. Dándole un tiempo que en otros negocios no le das.

–¿Lo de Salamanca ha sido un descubrimiento o una constatación al tesón de su apuesta?

–Donde hemos lidiando en estos últimos años han sido plazas que no se han lucido mucho, pero las cosas venían rodadas. Lo de Salamanca no ha sido un descubrimiento, ha sido el resultado de un trabajo que se ha ido haciendo con constancia. Te digo una cosa, sin que suene a nada, la corrida de Salamanca no ha sido la peor pero sí la menos completa que hemos lidiado en los últimos años.

–Eso invita al optimismo...

–Siempre lo he sido. Siempre he tenido que serlo, tener una ganadería así de encaste minoritaria, con los 8 o 10 años duros que llevamos... Es tremendo lo que estamos viviendo. Por tanto, tienes que ser optimista si no abandonas a la menor. Ahora vemos la luz...

–¿Pensó en tirar la toalla?

–Muchas veces. Lo que pasa es que se me pasa. También te digo que hubiera sido lo más sensato. Estamos viviendo momentos muy difíciles, en una crisis muy dura en la que han desaparecido muchas ganaderías y ahora seguirán desapareciendo con el covid, que lo ha rematado todo. El de la ganadería brava es el sector que más años lleva en crisis, incluso antes de la pandemia. Es muy duro aguantar.

–En otro momento, un triunfo así, la corrida, el Toro de Oro... aseguraba un futuro esperanzador. Hoy le invaden las dudas.

–El problema es que hemos perdido la variedad y la capacidad de sorpresa en el aficionado. Eso se ha recuperado con Morante. Y ahí radica parte de su éxito. Morante ha venido y ha revolucionado el toreo dentro y fuera. El 90% de sus carteles ha llenado las plazas muchas tardes. Con otros empresarios y otras plazas eso no ocurrió porque siguieron apostando siempre por lo mismo que, por la repetición, ha dejado de llamar la atención. Esa variedad de Morante, y lo que ha hecho después, claro, es lo que lo ha puesto en boca de todos. Todos los sectores tenemos que tomar nota: devolverle la ilusión al aficionado. Y Morante lo ha hecho cada tarde.

–Sin embargo, Morante no ha hecho nada nuevo: ha puesto en práctica lo que hicieron las grandes figuras antes de que llegaran las actuales que lo redujeron todo a muy poco

–Lo clásico siempre es lo revolucionario.

–Entiendo que la empresa de Salamanca ya le habrá pedido que prepare, o que al menos tenga guardada, una corrida para la Feria de 2022.

–Aún no sabemos nada.

–Como sucede con los toreros, ¿por qué han dejado de valer los triunfos a los ganaderos?

–Nos pasa a todos los que estamos fuera del circuito, cada día es un examen. Si se te va un pie, la has preparado. No es justo, pero así está el mercado. El triunfo debería de ser sagrado. Hay toreros que cortan dos orejas en Madrid y no les repercute, porque ya están los carteles hechos desde principio de año. Una vez que están las ferias no hay sitio para las novedades. A las ganaderías les sucede igual.

–Tras tantos años sin aparecer en escena en un coso mayor, mucha gente ya no conocía ni la ganadería. Lo que se vio en La Glorieta, ¿es lo que es Galache o es más?

–Es sólo una pincelada de lo que es la ganadería, la corrida no estaba preparada para llegar en su estado óptimo a Salamanca. Aún así, con esa pincelada de la que te hablo, ya se pudo ver la diferencia con el resto. Galache no es ni mejor ni peor, es diferente.

–Y demuestra, una vez más, que hay vida más allá de Domecq.

–¡Claro! Y un espectáculo distinto. Si varías la materia prima que es el toro, aunque sea con el mismo torero, la lidia, la manera de embestir, la forma de tomar los engaños, es un aliciente nuevo. Es una corrida distinta. Por eso, es clave la variedad, que es lo que hace inesperada una tarde. La incertidumbre, la sorpresa es lo que genera atracción al público. Si ves las primeras ferias y las últimas ves el mismo espectáculo. Es previsible. Esto tiene que ser lo contrario, si no seríamos como el teatro.

–¿Qué tiene Galache que no tenga el resto y qué tiene el resto que no tenga Galache?

–Desde el pelaje que es lo primero que llama la atención ves un toro distinto y sabes que es un toro de Galache. En la plaza es un animal muy encampanado, con mucho trapío. Tiene mucha expresión en la salida a la plaza, la forma de embestir, el gateo del toro que dicen los mexicanos. Si le haces las cosas bien humilla mucho y embiste despacio. Y ¿de los demás? Nada, si tuviéramos algo de lo que tienen los demás seríamos una más.

–En el discurso del Toro de Oro dijo: “En una sociedad extraña como la que vivimos, me gustaría que mis hijos tuvieran la libertad de lidiar y de ir a las plazas de toros”.

–Y así creo que es. Vivimos en una sociedad con unos valores antagónicos a los que hemos vivido en otras etapas y han pasado pocos años. Estamos en una sociedad sin pies ni cabeza, en la que protegen el pensamiento único y el que está en contra de la ley, es el extraño. Si eres de ese pensamiento único, no vales. En las redes sociales colgamos fotos y el 90% nos las ocultan, como si existiesen unos Torquemadas bestiales, y todo porque no piensas como ellos... No vale lo que digas ni lo que hagas.

–Sin apenas ingresos y con los gastos de siempre, el trabajo del ganadero de bravo se ha convertido en un ejercicio de auténtica resistencia.

–La raza de lidia está súper maltratada por todas las comunidades y, desde luego, por el Gobierno. Es una de las razas más antiguas y no está considerada como autóctona. En Francia sí la reconocen como tal, y en Portugal también. Aquí, ni siquiera en Castilla y León lo hacen. Es triste.

–¿Por qué el ganadero, siendo el toro el imprescindible protagonista de la Fiesta, pinta tan poco?

–Porque al final, el 90 por ciento del aficionado cuando va a la plaza ni siquiera sabe quién lidia. El día de la corrida de Morante en Salamanca fue una excepción, un mes antes, se empezó a hablar de toros. Ahí se vio que la distinción existe.

–¿Qué hay que hacer para que el toro recupere el sitio que no debió perder?

–El toro al final es la materia prima para que el torero que se pone delante cree en un espectáculo. Está supeditado a todos los que están a su alrededor. El toro depende del tipo de torero de cada época, se necesita un tipo de ganadería y un toro. El toro por si solo es muy difícil que llene una plaza si no está acompañado de esos toreros que se anuncian. Va a ser complicado...

–¿Teme por el futuro del toreo?

–La Fiesta llevan intentando acabar con ella mucho tiempo y no lo han logrado. Quizá vivamos una etapa dura ahora por las circunstancias sociales, pero contamos con un revulsivo: Es cuando más gente joven se ve en las plazas.

–Y no se sabe cómo ni por qué. Ese es otro de los grandes milagros, que sin apenas información y con todo en contra, surjan nuevos y jóvenes aficionados...

–Es curioso. Me gusta hablar y preguntarle cuando los veo en las plazas por qué van. Me encontré con gente de 2º o 3º de carrera que era el primer contacto que tenían y quieren tener una visión propia. Quieren acercarse para ver si esto está lleno de locos que quieren asesinar al toro como les cuentan... Y se dan cuenta que no. Me he encontrado con otros jóvenes que tienen padres que son veganos o de Podemos, y es una rebelión contra sus propios padres. Puede que el toreo se vaya a poner de moda otra vez como un underground. Puede llegar a ser máxima novedad, como una nueva revolución. Esperemos que el mundo taurino y las empresas sepamos dirigirnos a ellos y lo aprovechemos para que no se nos vayan. Y que la gente nueva que entra, se quede.

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