27 junio 2022
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Juan del Álamo estrena temporada y apoderamiento en Vistalegre

El diestro salmantino torea este domingo una corrida de Adolfo Martín

23 may 2021 / 13:12 H.
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Juan del Álamo comenzó la entrevista partiendo de los tópicos para terminar desnudando su alma y mostrándose más sincero que nunca. Desvela sus miedos, reconoce su delicada situación y asume con admirable naturalidad que 2019 fue su año más difícil. El parón forzoso de la pandemia le vino de perlas para reencontrarse, liberar su espíritu y desenredar sus dudas. Para llenar el depósito de la ilusión que a veces se agota cuando todo se pone en contra. Nos citamos en Linejo, la finca donde Juan Ignacio Pérez Tabernero cría los toros de Montalvo que hierra con el doble círculo concéntrico. Siempre fue este territorio del diestro mirobrigense. Se le nota en el tono de la voz la responsabilidad de saber que el traje de luces le espera de nuevo. Los miedos acechan y una nueva fecha para desafiar al destino se acerca. ¡Madrid a la vista! No su Madrid de Las Ventas, sino el Madrid de Vistalegre, que conoce de refilón de su etapa de becerrista. Puede que entones el toreo fuera solo un juego. O una ilusión. Hoy es su vida. Juan ya ha conocido el circuito y los grandes escenarios. Ha sentido el peso de la responsabilidad. Los miedos de la incertidumbre y de la necesidad de puntuar para seguir en la brecha. Está solo ante el peligro. Y tiene ante sí dos toros. Cárdenos y cinqueños para más señas, de un hierro con el que ha vivido las dos caras. Nunca en un coso mayor como el que le aguarda el domingo donde juega sus cartas con el ánimo de seguir contando en la gran partida del toreo.

–¿Puede más la presión de solucionar el futuro o la ilusión de volver a torear?

–La presión tanto de lo que sucederá en el futuro como la de no torear trato de olvidarla. Tengo que tratar de ser yo. Como salen las cosas es teniendo seguridad en mí mismo. Así todo surge. La presión es importante, te da la señal de que es una tarde importante para mí, y la asumo con responsabilidad. E intento que no afecte tanto como para que no me deje estar, desarrollar y ser yo delante del toro.

–¿Tiene que ser Vistalegre el nuevo punto de partida de todo?

–Para mi es muy importante que saliera bien, pero tampoco me lo quiero tomar así. Lo que sí me preocupa, y pretendo, es estar al nivel que me marco y se que hay que estar. Que salgan las cosas o no, se tienen que juntar muchos condicionantes. Y en ese sentido se que llegará o no, de lo que no tengo duda es que lo que está en mi mano es estar a la altura de las circunstancias, del nivel que estoy marcando y en el que quiero estar.

–¿Con qué puede o debe de sorprender?

–Siempre sorprende uno con la verdad más absoluta. Creo que el toreo que marque será de una forma u otra, dentro de mi personalidad, lo que puede marcar la tarde es la entrega y la verdad. Eso es lo que llega en estas plazas y aficiones. Con la verdad se gana todo.

–Vistalegre no es Las Ventas, pero Juan del Álamo con esta oportunidad se juega tanto como si de una cita en Las Ventas se tratara. ¿Lo considera así?

–En Vistalegre solo toreé de becerrista en el certamen de La Oportunidad, tenía 15 ó 16 años recién cumplidos. Lo que he visto estos días en la tele es un público que van con ganas, a disfrutar. Puede ser diferente a Las Ventas, pero está claro que es Madrid, la exigencia de Madrid, en sus tendidos está la afición de Las Ventas. Con esta mentalidad voy, como si fuera Las Ventas. Mi deseo es sentir el calor del público.

–Con Adolfo Martín no tiene mucha experiencia, sin embargo la primera referencia que se me viene a la mente es un triunfo con victorinos en Plasencia (2016).

–Es una ganadería diferente. He matado dos corridas: una en Soria que no salió bien, y otra en Tarazona de la Mancha en la que triunfé y estuve muy a gusto. Tengo gran recuerdo. Es una ganadería con la que una equivocación te puede pasar factura y costar cara. Hay que estar concentrado cien por cien, pero tiene cosas muy buenas. Está en un punto encastado y con mucho fondo para hacer el toreo. Tiene gran personalidad por cómo embiste y su forma de actuar en la plaza es diferente. Con esa mentalidad voy. Desde que me dijeron que iba a matar la de Adolfo he intentado ver a otros toreros en vídeos, sacar todo tipo de información de esta ganadería para que cuando llegue el día me cueste menos.

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–¿En qué ha cambiado en este año y medio de pandemia? ¿Con qué Juan del Álamo nos vamos a encontrar?

–Ha sido una travesía larga. El campo para mí no es lo mismo que la plaza, el campo sirve para ver muchas cosas, aprender, pero la plaza es otra película. Es la realidad más absoluta del toreo. En este tiempo he tenido momentos mejores y peores, me ha servido para disfrutar de mi profesión de otra forma diferente, sin la presión de la plaza que es la que nos motiva a los toreros. El campo es otra película, repito. A mí me gusta más la plaza. Es necesario tener esa tensión. Cuando uno torea, en mi caso por lo menos, me preparo con más intensidad y más ilusión. En ese sentido aunque ha sido largo, me ha servido para disfrutar, buscar y ver muchas cosas que faltaron o fallaron en el pasado y tratar de mejorarlas.

–Cuando habla de lo que se falló, ¿a qué se refiere?

–Esta temporada hago 10 años de alternativa y esa experiencia que uno va adquiriendo sirve para saber en lo que se falla cuando no salen las cosas y se lo que hace falta para que salgan... Esa madurez y el tiempo te lo da. Más allá de lo que puede ser técnicamente para ser mejor torero creo que cuando tiene que pasar algo en la plaza, en los momentos clave, ahora se lo que hay que hacer. Y eso a lo mejor antes no lo sabía.

–Tengo la sensación de que si a alguien le vino bien este parón, por como venían las cosas antes de la explosión de la pandemia, fue a Juan del Álamo. Como si este tiempo sirviera para resetearse cuando parecía ya que estaban fundidos los plomos.

–Es cierto, personalmente me ha venido bien. Hubiera sido mejor que nadie tuviera que haber pasado una situación tan crítica como la de esta pandemia, que tantas vidas se ha llevado, que tanto ha afectado al mundo y que tanto daño le ha hecho al toreo. Pero a mí, que estaba en un momento delicado de mi carrera, pienso que me hacía falta un parón así para pensar las cosas y reencontrarme. Buscar esos motivos de ilusión que me empezaban a fallar. Para seguir creciendo e ilusionarme de nuevo. Me ha venido bastante bien. Además, es un año más de madurez. Todo en una profesión en la que todo lo que sea siempre es poco.

–¿Cuáles son los miedos que echó de menos en este tiempo?

–Los de la plaza. A un torero, aunque cueste mucho y se sufra, siempre los echa de menos, cuando ya te enseñas a vivir con ellos es difícil vivir sin sentirlo. Es contradictorio, porque es duro y difícil, pero al final te das cuenta que, cuando no están, son necesarios. También es cierto que en este tiempo piensas mucho. Y te preocupa lo de la plaza y, tampoco lo voy a negar, tenía miedo a la incertidumbre de lo que vivimos, qué iba a pasar en el toreo y cómo va a venir todo en el futuro. Cuándo y cómo se iba a volver a torear. Antes lo teníamos y no lo valorábamos.

–¿Es consciente de los errores que le llevaron a la situación a la que dice que llegó?

–2019 fue muy difícil. Siempre he sido un torero que salí fuerte de Madrid y ahí hice mucha parte de la temporada. Ese año, por unas cosas u otras, no salieron las cosas en Las Ventas. La temporada fue dura, difícil, complicada. Y bajó mi ilusión. Un torero sin ilusión no es torero. Hay que estar motivado. Vino esta temporada tan dura y difícil y me afectó, la verdad. Por eso te decía que me vino bien ese parón. La de 2020 la empecé cuesta arriba, sin apoyos. Toreé en Ciudad Rodrigo el festival del Carnaval y hasta allí, que siempre se me ha dado bien, no salió. Era un momento duro y difícil que estaba pasando, y allí se vio reflejado que no estaba bien. Después de aquello vino la pandemia y creo que me vino muy bien. Estaba perdido, desencaminado. Las circunstancias y el momento eran delicados. Sabía que era un problema que no se iba a arreglar ni en uno ni dos meses. Habría ido a remolque, habría ido a Madrid o Pamplona, que tenía la fecha. No se qué hubiera pasado, pero sentía en esos momentos que no estaba para echar una temporada triunfal. Nunca se sabe cómo podría haber salido, pero esa motivación e ilusión me faltaba. Me vino bien ese momento para encontrar el camino que busco.

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–Esas sensaciones de que uno no está, ¿cómo se notan?

–Te das cuenta, al ver que no hay sensación de toreo en el mismo entrenamiento de salón. Vas a entrenar y no hay esa motivación. Te das cuenta de que hay un problema. Me estaba pasando. La temporada anterior no me gustó como salió casi nada. Iba a remolque. Así no sale nada. Para funcionar en el toreo la cabeza es clave. Y la mía no estaba. Me daba cuenta de todo, las sensaciones al coger un capote o una muleta no eran las que quería sentir. Me faltaba algo, iba al campo y me seguía faltando. El día a día de un torero hace darte cuenta de si estás o no.

–¿Encontró culpables en ese camino?

–Uno mismo, es la vida misma. Aquí todos somos personas, hay momentos en los que uno se come el mundo y otros no es capaz de nada. ¿Motivos? Uno está bien o mal por motivos, siempre existen. El principal culpable cuando están las cosas mal siempre es uno.

–Y más en su caso en el que siempre apostó por la independencia de su espada y su muleta. Nunca nadie le regaló nada. Eso, por contra, le sirvió para ser dueño de su destino.

–Somos personas y nos equivocamos... La vida es eso, se aprende de los errores y de los aciertos. Todo influye. Hay que tener humildad para reconocer esos errores. Y cuando se está arriba también ser humilde para saber que está ahí pero se puede ir también. Ese equilibrio es el que me viene bien.

–¿Dos toros sirven para aclarar el futuro?

–Aquí no hay nada escrito. El toreo es así. He vivido en mis carnes el fracaso y el triunfo. Cuando uno sale a la plaza con las ideas claras, pueden que pasen muchas cosas, pero lo que está de la mano de uno, sale y se nota. Eso a un torero le vale, las sensaciones interiores son las que a ti te dice que estás bien. El triunfo depende de muchas cosas. La claridad de ideas y la entrega es todo para dar una u otra sensación. Incluso sin cortar orejas.

San Isidro

Juan del Álamo estrena este domingo la temporada en la que cumplirá (el 25 de julio) una década como matador de toros. Y lo hace de la mano de sus nuevos mentores, el diestro salmantino Javier Valverde que, junto a su hermano Cucho, se ha convertido en el encargado de dirigir la carrera profesional del torero de Ciudad Rodrigo, que hoy se viste de luces por primera vez en esta campaña en la corrida de toros que cierra San Isidro en el Palacio de Vistalegre. Del Álamo estrenará su campaña abriendo el cartel (junto a Román y José Garrido) para estoquear un encierro de Adolfo Martín, hierro que, en las 158 corridas de toros que ha toreado en su carrera, solo estoqueó dos veces:

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