30 junio 2022
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Joaquín, a la verónica

Artículo de opinión de Javier Lorenzo en el suplemento ‘Toros’ de LA GACETA

30 abr 2022 / 11:02 H.
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Un capote de brega apareció en el césped del estadio de la Cartuja en la celebración del Betis tras la victoria ante el Valencia en la final de la Copa del Rey. En plena euforia y con las cámaras de Tele 5 en pleno pico de una audiencia espectacular Joaquín, desatado, se lió a pegar verónicas con el recinto rendido a su arte como la mejor manera que encontró, y con la que acostumbra, a celebrar sus éxitos.

Joaquín es uno de los mejores embajadores del toreo. Aficionado sin complejos, asiduo a los cosos y apasionado de un arte que le cautivó desde niño. Media docena de lances rematados con una media belmontina precedieron a un estruendo que se apoderó del estadio con una ovación cerrada a la ‘faena’ del torero frustrado de El Puerto. Y así se disparó la imagen de la tauromaquia por todo el mundo. Tras el remate de los lances el realizador avistó en el palco la figura de Curro Romero, icono de Sevilla y mito viviente del toreo, con su azotea nevada de experiencia y sabiduría y con una sonrisa orgullosa que reflejaba su felicidad desatada también como bético de pro. Un minuto de difusión de la cultura del toreo. Después de los continuos dardos envenenados a los que estamos acostumbrados con los jorgejavieres de turno en contra del toreo, que presumen y alardean de antitaurinos y tratan de dinamitarlo desde sus atriles con una fobia indisimulada por un espectaculo que encandila y enamora a millones de aficionados, la tauromaquia enre en Tele 5 sin invitación.

Esos pasajes de Joaquín a la verónica, toreando al viento y la aprobación del maestro puede que haya sido lo más taurino que Tele 5 ha emitido en los últimos años, salvo los quites puntuales que José Ribagorda lanza en los informativos del fin de semana. El contenido taurino de esta cadena no existe más allá de los flirteos amorosos de Enrique Ponce, las guerras por la herencia de Paquirri y el recuerdo de aquellas corridas de toros sin seriedad ni respeto que tanto daño le hicieron a la fiesta.

Así, con Joaquín en danza, el toreo salió de su gueto en el que vive escondido, y al que han condenado sus propios profesionales, para mostrar al mundo ajeno a ella que sigue existiendo. Se ha encerrado tan en sí mismo que no tiene proyección al exterior. El toreo ya casi no existe dentro de la sociedad en la que se desenvuelve. De ahí el mérito y la importancia de lo que hizo Joaquín con todos los focos sobre él. Y el agradecimiento al futbolista por el gesto generoso y sin complejos por un arte que le apasiona y muestra sin pudor. Todos esos complejos que tiene encima el toreo para seguir viviendo escondido y sin aparecer en el mundo. Sin relacionarse. El toreo parece que tiene que pedir perdón por todo, en vez de mostrarse con sencillez y naturalidad.

Por el momento ha sido la faena de la temporada. El capote presidió las celebraciones, quedó inmortalizado como una imagen de orgullo para la tauromaquia.

No hay necesidad de atacar ni criticar a Joaquín por sentirse aficionado. Por sentir y ser capaz de paladear la tauromaquia, por enamorarse de un arte que utilizan los anti para llamar asesinos a los toreros y bárbaro a quien se sienta en los tendidos. El gesto de Joaquín, que no debía pasar de normal y anecdótico, se ha convertido en extraordinario. Eso sí, el toreo debe de sacar a hombros a Joaquín como uno de sus mejores baluartes. No es la primera vez que lo hace. Ni será la última. ¡Gracias!

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