14 diciembre 2019
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Historia y charrería en el pregón taurino 2019

El periodista Javier Lorenzo pregona la Feria en el Casino recordando tardes históricas en La Glorieta y anhelando no haber podido contar otras a sus lectores

09 sep 2019 / 21:23 H.

Con los nervios a flor de piel de un imberbe novillero y la sabiduría de un maestro del periodismo taurino se presentaba ayer Javier Lorenzo en el Casino para abrir el abanico de actividades culturales que condimentan la Feria de la Virgen de la Vega. El pregón taurino de 2019 llevaba escrito su nombre.

El cronista de LA GACETA trenzaba el paseíllo a cuerpo descubierto con la intención de que sus vivencias, recuerdos, análisis y anhelos le permitieran abrir la puerta grande de una de esas plazas, la del Palacio de Figueroa, en las que solo se anuncian los privilegiados que se lo ganan con esfuerzo. Javier Lorenzo tomó el testigo de Leopoldo Sánchez Gil, y precisamente para él y para el director del Casino, Alberto Estella, fueron sus primeras palabras de agradecimiento . Al primero le reconoció el valor para ayudarle a cumplir su sueño en LA GACETA, y al segundo su confianza ciega.

Al toro lo recibió Beatriz Montejo, coordinadora del capítulo de la Fundación del Toro de Lidia en Salamanca, con enérgicas palabras en defensa de la Fiesta y relatando las virtudes que hacían a Javier Lorenzo acreedor al título de pregonero por su “compromiso con el mundo del toro” y su labor profesional “analítica” en las páginas de este periódico a lo largo de casi dos décadas. Con el animal en suerte, el periodista mirobrigense dio una verdadera lección de historia taurina y de charrería. Anheló no haber podido contar a sus lectores aquellos festejos que en el siglo XVIII se celebraban en la plaza de San Martín, que es donde se ubica el primer documento que certifica en la ciudad la puesta de largo de una función taurina. Repasó los diferentes rincones en los que hasta el siglo XX se celebraron espectáculos en el centro de Salamanca y en la carretera de Madrid, y reveló con todo lujo de detalles el germen de la Feria actual, con el nacimiento del condominio que levantó La Glorieta gracias a 200 familias “que aportaron las 452.193 pesetas que costó su construcción”.

Este instante histórico fue punto de inflexión para la Tauromaquia salmantina y también para la disección del propio Lorenzo. Arranca un último siglo que el cronista de LA GACETA domina a la perfección. Un ramillete de datos, resultados, carteles, curiosidades y el anhelo de ver aquellas gloriosas tardes de figuras de época como Manolete, Ordóñez o “El Cordobés”. Todo para avanzar hacia su gran referente, Santiago Martín “El Viti”. Quién le iba a decir a Javier Lorenzo que ese genio un día sería su amigo. “Su Majestad” siguió atentamente el discurso del periodista junto al presidente de la Fundación del Toro de Lidia, Victorino Martín, y toreros salmantinos como Víctor Manuel Martín, José Ignacio Sánchez, Javier Martín Olmedo, José Ramón Martín, Juan del Álamo, Damián Castaño o Alejandro Marcos. Tampoco faltaron ganaderos como Pilar y María José Majeroni, Julio Pérez Tabernero, Juan Ignacio Pérez Tabernero, José Manuel Sánchez, Domingo Mateos, Ángel Casasola o Moisés Fraile, padre e hijo.

“Tengo debilidad por él. Pero creo que es una debilidad justificada. Hoy tengo la inmensa suerte de gozar de su amistad”. La única interrupción del pregón de Lorenzo fue para ovacionar a El Viti tras estas sentidas palabras que emocionaron “al mejor torero del mundo entero. Lorenzo remató la faena con sus vivencias personales. Con 40 años recién cumplidos, el toreo es su forma de vida, personal y profesional. Su debut como aficionado en La Glorieta llegó con siete años y Morenito de Maracay en el ruedo, y sus primeros recuerdos en la plaza con Curro, Paula o Aparicio en el cartel. Desde entonces enumeró momentos para la historia que el periodismo le ha permitido narrar con Morante, JT, Talavante, Roca, Gallo, Del Álamo, Chaves, Castaño o Valverde como protagonistas.

Todo esto lo ha contado con enorme acierto Javier Lorenzo gracias a que una vaca de Benito Ramajo le dejó claro que su sitio estaba en el tendido, donde hay menos valor, pero donde labores como la suya también se premian con la puerta grande.