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Fabulosa embestida de Frutero en el exigente natural de Jesús de la Calzada. J. Lorenzo
Guijuelo disfruta de una sabrosa novillada

Guijuelo disfruta de una sabrosa novillada

El amor propio y la torería de Raquel Martín, ante un utrero encastado, y el poso y buen trazo de los muletazos de Ismael Martín, que se inventó una faena ante un astado inválido, fue lo más notorio de un festejo en el que destacó un excelente novillo de Casasola, el quinto

Javier Lorenzo

Salamanca

Martes, 15 de agosto 2023

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El cartel de los «Martín» terminó con la noche vencida tras una novillada eterna. La petición del sobrero de regalo resultó un despropósito en un festejo de sabroso contenido, en el que destacó la raza de Raquel Martín y el poso de Ismael Martín, junto a un novillo excelente que resultó el quinto.

La Ficha

  • GUJUELO Tres cuartos de entrada. Tarde soleada, 32º. Primer festejo de la feria.

  • GANADERÍA 7 novillos de Casasola, el 7º como regalo de Manuel Martín. Encierro de muy desigual presencia y variadas capas, 2º y 6 con cuajo y hechuras de toro. Noble y bondadoso el fácil 1º; lastimado de los cuartos traseros y sin fuerza el noble 2º, que desarrolló calidad; encastado el burraco 3º; noble, inválido y rajado el 4º; codicioso el gran 5º; y noble pero flojo el 6º; rajado y defendiéndose el 7º.

  • DIESTROS

  • Manuel Martín. Verde y oro Pinchazo en los bajos y estocada (oreja); y cinco pinchazos y descabello (silencio).

  • Valentín Hoyos. Esperanza y oro Pinchazo y pinchazo hondo (vuelta al ruedo).

  • Raquel Martín. Turquesa y oro Gran estocada (dos orejas).

  • Ismael Martín. Grana y oro Estocada desprendida (dos orejas).

  • Jesús de la Calzada. Celeste y oro Pinchazo y estocada (oreja).

  • Víctor Cerrato. Carmesí y oro Pinchazo y estocada (oreja).

A Manuel Martín le costó cogerle punto a Madrileño, que tuvo prontitud y al que había que imponerse pero sin forzar para administrar su buena condición. Firmó una labor tropezada. De mitad de faena en adelante se atemperó el astado y le ofreció torear a placer, sin ninguna exigencia y regalándole almibaradas embestidas. Lo disfrutó solo a veces por la izquierda. Orador (de 520 kilos), el segundo, tuvo no solo peso sino también hechuras de toro. Mostró clase en los lances de recibo, pero también escasez de fuerza, salió rendido del encuentro con el caballo. Lastimado de los cuartos traseros no podía con su alma, en el único tirón de la apertura de faena se derrumbó. Sereno y asentado siempre, Valentín Hoyos trató de imprimirle temple y llevarlo con suavidad a media altura, dándole tiempos y distancia. Acertó con la larga distancia y perdiéndole pasos en cada muletazo para aprovechar la inercia y que se sintiera libre el toro, que no aceptó exigencia alguna. Saboreó como pocas una serie con la derecha en las postrimerías de gran asiento, encaje y temple.

Mediano se llamó el tercero, el de menor cuajo de la primera parte, que se fue al relance en el caballo donde empujó con la cara arriba y sin entrega para quedarse luego dormido en el peto. Tuvo movilidad y entrega el burraco de Casasola en los primeros compases de la faena en los que a la disposición de Raquel Martin le faltó dominio para sostener e imponerse a las embestidas, y así recorrió mucha plaza. Mediado la obra lo intentó por la izquierda por donde ni ella tuvo la misma seguridad ni el utrero fue tan franco. Un derrote en cada embroque alertó de su arisca condición por ahí, no se amilanó la novillera hasta que se la echó a los lomos con violencia y haciendo saña con ella en el suelo. Recompuesta, le puso fibra y entrega e incluso volvió a intentarlo por el pitón de la dinamita, en una faena que fue a más y en la que acabó imponiéndose. Se tiró a matar con una tremenda rectitud y recetó una gran estocada que tiró al toro sin puntilla enardeciendo los tendidos.

Momento de la voltereta que le propinó Mediano a Raquel Martín. J. Lorenzo

Ruidoso, el cuarto, colorado chorreado, bajo, estrecho de sienes, gacho y cubeto, era de esos novillos que de entrada se te meten por los ojos. Su flojera fue el lastre que lo sentenció. Los estatuarios de inicio de faena no parecieron el inicio de faena más adecuado y acabó hasta en dos veces es con el torete por los suelos. Ese fue el único error de Ismael Martín, que luego se inventó una faena en la que nadie creía por la invalidez del animal. Muy asentado, puro siempre, con la virtud del temple y la suavidad en los cites, se encajó en la arena y fue acariciendo poco a poco las mebstidas noble y apagadas en las que él lo puso todo. La cerró entre pitones dejándoselos llegar a la banda de la taleguilla y jugando muy bien con los terrenos y querencias de un animal ya aplomado cerca de las tablas. La contundencia de la espada puso a rúbrica.

El quinto fue uno de los novillos de la tarde, por la codicia y la entrega de sus embestidas. Le costaba arrancar pero cuando lo hacía acometía con una gran entrega y profundidad. Pedía mando y exigencia pero no siempre la tuvo. Se crecía al castigo Frutero, que así se llamaba. A la faena de Jesús de la Calzada le faltó mayor conexión dentro de una labor intermitente que fue creciendo en mérito e importancia cuando logró bajarle la mano y sacarle los muletazos limpios.

Víctor Cerrato se mostró como un torero con oficio, templado y bullidor en su faena, fue cortando las distancias pera terminar pegándose un arrimón ante un novillo de gran cuajo y seriedad. Mientras que a Manuel Martín le salió todo al revés con el del regalo, que llegó sin fuerza ni opciones a la muleta, defendiéndose dinamitando así esa segunda opción que resultó un amargo regalo.

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