15 enero 2021
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Gonzalo Hernández, la sabiduría del Campo Charro

Gonzalo Hernández ha pasado más de tres décadas, de los 65 años que acaba de cumplir, entre reses bravas y toda una vida dedicada a la ganadería. Los tres últimos lustros fue el conocedor de Castillejo de Huebra, donde crió sus reses murubeñas con esmero. Como si fueran suyas, o más si cabe. Acaba de estrenar la jubilación y se marcha a su retiro sabedor de los secretos que esconde el campo bravo. Toros y caballos presidieron su vida.

Caía la tarde en La Sagrada, donde ha encontrado refugio en su paso a la jubilación. Ha estado montado a caballo hasta el penúltimo día, encerrando unas vacas tuvo un percance que le ha llevado a entrar en el retiro apoyado en unas muletas. Una fisura en el tobillo y una escayola. “Cosas del oficio”, dice Gonzalo Hernández que, aún así, sale a recibirnos a la puerta. Más de tres décadas unido a la cria del toro bravo. Empezó con Mariano Bartol y con él estuvo cerca de veinte años, hasta que arrendó la finca. Luego llegaron catorce de conocedor en Agustínez, la finca en la que pastan las vacas murubeñas de Castillejo de Huebra, cuidándolas y atento a la cria de los becerros que herraba con la media luna de la casa. “Si hubiera entrado allí con 15 años, allí hubiera estado toda mi vida”, dice en reconocimiento y agradecimiento a una familia que le hizo sentir uno más: “Son unos ganaderos de categoría, lo era don José Manuel Sánchez y lo es hoy su hija María José”. Gonzalo Hernández es de Tamames y presume de ello (del barrio del Espino, matiza) y se crió en una finca cercana a la localidad pucherera, Pedraza de la Sierra: “Me salieron los dientes entre las vacas, las ovejas y los caballos”. Con el confinamiento se refugiaron en La Sagrada, en casa de los padres de su mujer. Y de allí no se han movido. Nos sentamos al brasero que esconde una mesa camilla para hablar con un hombre de campo. La sabiduría también crece fuera de la universidad. Inteligencia y prudencia natural. Gente sabia. Tiene la tez morena y curtida de quien pasó la vida al raso soportando frío, lluvia y sol. Manos rudas de quien supo arreglarlo todo. Las arrugas ya comenzaron a florecer en el rostro. Su voz limpia acostumbró a reunir en torno a él a una piara de vacas. Hombre de pocas palabras pero sabia conversación. Hombre de campo, que también, para quien lo conoce, es buen título en la vida. Las vacas tienen la costumbre de comer todos los días y, bajo las encinas, siempre hay algo que hacer. Esa ha sido su misión. Un portillo que se cae, una alambrada que se rompe, echar de comer, acrotalar becerros, preparar todas las faenas, tientas, saneamientos, herraderos... Allí no se descansa. Las porteras se abren cuando apenas se ha desperezado el sol y se cierren cuando ya no se ve. Ha sido el día a día de nuestro protagonista.

–Tras una vida dedicado al campo y al toro bravo, ¿cuál es el secreto para ser un buen mayoral?

–Tener afición, andar con ilusión, estar preocupado y más en tiempo de paridera. Saber cuándo y cómo van a parir las vacas. Y, sobre todo, conocerlas. Ir pronto a verlas cada mañana. Dar un repaso a todo el ganado. Por la mañana, a veces me iba antes de que saliera el sol. Es cuando uno anda más a gusto. Ahí es cuando se cogen mejor los becerros recién nacidos para acrotalar (ponerle las chapas en las orejas para que estén identificados antes del herradero). Si vas más tarde, y llegas a las diez o las once, cuando ya han mamado, es más difícil. Las vacas los “acarban” (así dicen los hombres de campo a cuando la madre esconde a la cría entre las matas, los cardos para protegerlos en las primeras horas de vida) y ya es mucho más difícil identificarlos salvo que los cojas justo cuando los amamanta. Eso solo se hace con afición, con interés y estar como si fueran tuyos. Yo así lo hice siempre.

–¿Cuál es la mayor satisfacción que se puede llevar en su trabajo?

–Ver a un toro en la plaza, o en un tentadero a una becerra, a un eral, embestir galopando fijo al caballo, metiendo los riñones, con entrega, fijeza... Lo sacan del caballo y vuelve. Y llega a la muleta y los ves embestir por abajo, y van a más en la lidia. Eso no tiene precio, es incomparable. Lo has visto crecer. Ves que tu trabajo ha tenido resultados. Ahí ya no importa nada.

–Lo que pasa que en el bravo las matemáticas no existen y no siempre un semental bueno y una vaca buena dan un gran producto. ¿Cómo se desvela ese misterio?

–Las alegrías de ver embestir un toro son muy grandes pero contrastan con las desilusiones. A veces piensas que va a salir bien y te pegan un petardo. Ahí está el misterio de esto. Si todos salieran buenos ser ganadero sería sencillo... También te digo una cosa, aquí por suerte, como bien dices no todo son matemáticas y te puedes equivocar. Da la casualidad, que el mismo toro, la misma vaca, un año te sale un macho bueno y al siguiente te sale regularillo y no sabes. Y a ver, a quién le echas la culpa, ¿al padre o a la madre...?

Gonzalo Hernández, a caballo, encerrando vacas y becerros con la lustrosa parada de bueyes en Agustínez.
Gonzalo Hernández, a caballo, encerrando vacas y becerros con la lustrosa parada de bueyes en Agustínez.

–Y un imposible de demostrar. Hasta el mismo toro, o la misma vaca, ¿no podría ser que en días diferentes dieran distinto resultado?

–Eso pienso yo. ¡Sí señor! También lo decía don José Manuel (Sánchez, el inolvidable sheriff de Castillejo de Huebra, fallecido en febrero de 2014) que era un gran ganadero. Por ejemplo, esos días sientos, que está medio lloviendo, que no hace aire... Esos días parece que embisten los animales más.

–Ahora, que le llega la hora de la jubilación, ¿qué consejo le da a los que le sigan?

–Que tengan afición. Pasión y ambición. Y tener cabeza para conocer y hacer las cosas bien. Y querer aprender algo cada día. Aquí siempre se aprende.

–Y cuando llegan tiempos difíciles como ahora, del virus, la crisis, como está el toreo... ¿Cómo lo ve desde el campo?

–Mal, muy oscuro, porque con este Gobierno... Tenemos un futuro complicado, para todo, pero para lo de casta, mal, porque tenemos encima a los antitaurinos. Lo más bonito que hay para mí es esto. ¿Por qué está considerada como la Fiesta Nacional? El toreo es un arte. Ser torero es un arte. Y ver un toro con codicia, que ponga dos pares un banderillero, eso es un arte, eso me llena a mi como nada en este mundo. Me dice mi mujer a veces, cuando la vemos por televisión, parece que vas a torear tú...

“El toro de antes no tenía la clase y la movilidad buena que tiene hoy. Ahora da gusto. Antes salían toros buenos pero no como los de ahora. Eran más chicos y, eso sí, había más emoción”

–¿Qué se puede hacer para enderezar esto o que tengamos ilusión de cara al futuro?

–Yo que sé (suspira) No te puedo explicar... Una unión de todos, ganaderos, toreros, la gente del campo, mayorales y la afición. Eso haría mucho, si todo el mundo del toro apoyara sería... Apoyando todos a una, todo el mundo para delante, pero sin diferencias. Sería una solución de que se recuperara esto un poco. Estamos en momentos muy difíciles.

–¿En qué ha cambiado el toreo desde que empezó usted al que tenemos hoy?

–Estaba mejor... Antes presumíamos del toreo y ahora parece que nos avergonzamos de él. Había mucha más afición, a todo el mundo le gustaban los toros, hasta los jóvenes. Ahora la vida da la ‘Entrada Joven’ que hay en algunas plazas, que otra cosa es y eso creo que va a favor del futuro de la Fiesta.

–¿En qué ha cambiado el toro de antes al de ahora?

–¡Mucho! Nada tiene que ver. Es mejor hoy. A toros de muchas ganaderías le pegan cuarenta muletazos por abajo y siguen embistiendo incansables, antes el toro no llegaba a eso. Hoy tiene más calidad, más nobleza, más duración... Una bravura más definida.

Gonzalo Hernández, la sabiduría del Campo Charro

–Pero, ¿no dicen que el toro de antes era más bravo que el de hoy? O al menos con más emoción...

–Eso dicen. Yo por lo que he visto... Antes iban más rebrincados, con menos clase, lo ves ahora y nada tiene que ver. El toro no tenía entonces la clase y la movilidad que tiene... Ahora da gusto. Antes sí, salían toros buenos, aunque eran más chicos, sí que había más emoción. Eso sí. Antes el toreo era distinto. Ahora se torea muy bien.

–Como mayoral, ¿dónde es donde más valora y más virtudes le ve a un animal, en el caballo, en el capote, en la muleta?

–En la suerte del caballo me fijo mucho. Ahí, cuando un toro o una vaca, ves que se arranca de largo, como las pone María José (Majeroni) y la ves salir con fijeza, humillada, mete la cara abajo y empuja... Eso es la bravura. Luego, que siga embistiendo y por abajo y le aguante cuarenta muletazos al torero. Antes aunque tenían más fuerza, se acababan mucho antes las faenas. Mucho antes. Y lo han dicho hasta toreros como El Viti.

–¿Quién fue su torero?

–¿El mío? Paco Camino, sin duda. Desde chico, yo de Camino fui siempre. Iba con mi padre, yo con seis años, a ver los toros. ¡Que torea Camino! Era mi ídolo. ¡Qué torero!

–¿Más que El Viti?

–Más que El Viti. Luego, Santiago me gustaba también, era un torerazo.

–¿Y de los de ahora?

–Está Morante, está para mí el número 1 que es José Tomás, pero lo vemos tan poco... Tiene una torería tremenda, pero no lo vemos. Está Talavante, Manzanares... Hay una baraja extraordinaria...

–Y entonces, ¿por qué ha dejado de ir la gente a los toros?

–Pues es lo que yo no sé... Te voy a decir una cosa. Cuando yo tenía apenas diez o doce años todos los años nos invitaba un tío mío al Desenjaule a La Glorieta. Y teníamos que pedir la entradas a un conocido que trabajaba en la plaza porque se acababan. Y ahora... No sé el motivo. Y para ir a las corridas a Salamanca igual, entonces todos los días lleno. Encontrar las entradas era un milagro. Muchas veces por no dar más vueltas las cogíamos a la reventa y eran carteles normales no los mejores de cada Feria. Se acababan casi todos los días. Y había 6, 7, 8 corridas.

“No me imagino una vida sin toros, la verdad. Sería... Es que es la Fiesta Nacional y lo seguirá siendo, es un arte. Es nuestra cultura. Quien la critica es porque de verdad no la conoce”

–Y eso, ¿volverá a pasar?

–Creo que va a ser difícil. Va a ser difícil (repite con resignación).

–¿Y se imagina una vida corridas de toros?

–No me la imagino, la verdad. Sería... Es que es la Fiesta Nacional y lo seguirá siendo, es un arte. Es nuestra cultura. Quien la critica es porque no la conoce.

–¿Por qué hay tanto antitaurino?

–Pues no te puedo decir, porque está el mundo al revés. Mira, te voy a explicar... Un toro de casta es para esto. Un toro de casta, sale, lo toreas con el capote y no lo verás escapar. Sale el caballo y el que mansea, mansea, pero no verás al caballo corriendo detrás del toro para picarlo. Y, en cuanto lo vuelven a poner, y aunque le cierres la salida porque sea manso, acomete y no lo acobardas, es la bravura que tiene. El toro sin las corridas de toros ni tendría sentido ni existiría.

–¿Dónde aprende un mayoral?

–Estando al rabo de las vacas todo el día. De uno mismo. Si te dicen, mejor, de todo el mundo se puede aprender. Mi padre montaba a caballo y me enseñó, mi tio Paco era un gran caballista y me enseñó mucho cuando empecé. Siempre estás aprendiendo. Me acabo de jubilar y sigo aprendiendo. Hasta el último día me llevé una lección.

Gonzalo Hernández, la sabiduría del Campo Charro

–No es fácil que hoy la gente joven se vaya a trabajar al campo...

–No es fácil, no. A los jóvenes les fastidia venir el domingo, el sábado por la tarde lo que quieren es marcharse. Hay que tener afición.

–Se pasó media vida a caballo...

–Si, sí, me gustó siempre repasar las vacas a caballo.

–Y cuando ve... (Me interrumpe y me dice: Ya se por donde vas) a otros compañeros de otras fincas, con los coches, la motos, los quads entre el ganado...

–Eso para mí no es. Lo primero, los caballos son para las vacas y los toros. Un toro vas con un tractor, te da la cara y sí, lo echas para allá, pero si pega un leñazo se parte un pitón. Con el caballo le echas los bueyes y ya lo llevas donde quieras. Hoy las fincas están bien preparadas. Solo hay que tener paciencia, no tener prisa. Aquí todo es paciencia.

–¿Desaparecerán los mayorales?

–Creo que no. Tienen que quedar ganaderías... El ganadero que aguante, aunque esto está muy oscuro, tendrá recompensa. Pero, claro, lo que dice mi jefa, María José y Fernando, lo difícil es aguantar. Hay que pensarlo. Hay que echarle dos cojones. Que llegue el 2021 y no se saque ningún toro y son dos años ya... Espero que esto cambie pronto. Y que yo lo vea.

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