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Manuel Escribano, con las dos orejas del sexto toro de Victorino Martín en La Maestranza ARJONA-PAGÉS
Escribano, un héroe indestructible

Escribano, un héroe indestructible

Actuación memorable ante el sexto de Victorino Martín al que desorejó tras ser operado en la enfermería de una cornada en el primero. Borja Jiménez torea a placer dos victorinos a los que no mató bien. Midieron a Roca Rey, que no convenció

Javier Lorenzo

Sevilla

Sábado, 13 de abril 2024, 22:25

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La Ficha

  • Sábado, 13 de abril de 2024 Lleno de «no hay billetes». Sol y calor.

  • GANADERÍA 6 toros de Victorino Martín, de buena presencia; nobles en conjunto, con matices. Noble por el izquierdo el 1º; buen toro el 2º; excelente el 3º; noble el 4º; el 5º noble pero a menos; noble pero informal el 6º.

  • DIESTROS

  • MANUEL ESCRIBANO Carmelita y Oro Herido en el primero; y estocada (dos orejas en el sexto).

  • BORJA JIMÉNEZLila y oro Estocada desprendida (saludos en el que mató por Escribano); estocada casi entera trasera y tendida (oreja en el tercero); y casi entera trasera y tendida (ovación).

  • ROCA REYCaldero y Plata Estocada habilidosa (silencio en el segundo); y estocada desprendida (silencio en el cuarto).

Cuando un torero pasa los límites de lo humano se convierte en un héroe. Pero héroes de carne y hueso. Héroes de verdad, de los que sufren, sienten y sangran. El primer Victorino le desgarró las carnes a Escribano en ese milagro del que sale cada tarde en la puerta de chiqueros. Se lo llevaron casi a la fuerza a la enfermería donde ordenó que le operaran sin anestesia general para poder volver a salir. Un derroche de verdad. Tremendamente emocionante, uno de los hitos del año. Salió para dar cuenta al sexto. La plaza se rompía las manos a aplaudir, ante el gesto que sería superado por la catarata de emociones que se sucedieron ya sin descanso. Otra vez a la puerta de chiqueros. Con la noche ya vencida, arrancó la banda rendida al gesto heroico y sincero. Y bajito, bajito, mantuvo el pasodoble, hasta que salió el toro y la plaza estalló en una nueva tormenta de sentimientos desatados. El saludo emocionante. Y después el tercio de banderillas donde no escatimó. El derroche de verdad era absoluto. Y ahí se mantuvo la faena en un tono menor, pero con la admiración siempre. Los sentimientos a flor de piel. El público llevaba en volandas a Escribano al infinito. El de Victorino no se unió a la fiesta, sin embargo Escribano iba a por la puerta grande de la historia. Un triunfo legítimo. La entrega fue bárbara. La sinceridad absoluta. La verdad incuestionable. Hipotecó su vida a cambio del sentimiento desatado de quien lo izó ya de manera definitiva al Olimpo de los elegidos, dentro de una obra en la que no importaron ni los naturales, ni los derechazos. Era otra cosa.

La corrida de Victorino salió en son de paz. Con sus matices fue noble. Roca enlotó un toro bravo que fue el segundo, Borja Jiménez dos muy nobles, uno solo por el pitón izquierdo; el primero que hirió a Escribano; y otro excelente que fue el cuarto. Disparate quiso dejar fuera de juego a Escribano a la primera de cambio, en aquel envite a porta gayola, del que salió herido. El saludo fue vibrante, la apuesta no cesó, y jugó a la ruleta rusa en cada verónica. Un clamor y con el torero arrebatado y sintiéndose vivo volvió a jugársela sin miramientos. Le echó mano el toro y a merced en el suelo, volvió a hacer por él cogiéndole de lleno por el estómago y lanzándolo por los aires. Quiso quedarse en el ruedo, pero se lo llevaron irremediablemente a la enfermería. Borja Jiménez se hizo cargo. Y empezó a disfrutar desde el inicio por naturales. Noble y franco porque se la puso sin dudas, convencido y con una firmeza apabullante. Brotaron naturales inmensos, a los que no le hizo falta la ligazón para hacer sonar la música. La espada cayó baja y le dejó sin premio. A Baratero, el tercero, lo toreó a placer, de principio a fin, arrebatado y templado, sentido y arrogante; largo y poderoso. Ni una duda. Tuvo una nobleza superlativa; se llevó una incuestionable y sonora ovación en el arrastre. Por la calidad, el ritmo, la entrega y la bondad encastada que desarrolló. A Borja Jiménez le faltó contundencia con la espada; por eso el premio fue menor. Con el quinto trató de alargar unas embestidas menos francas.

Roca Rey, al que no le permitieron ni una, hizo aguas en su apuesta, que no continuó en el ruedo donde no dio ese paso adelante que pudieron sus toros. Ni con el bravo segundo, que pedía exigencia y a la vez, mimo y temple. Al hilo del pitón despertó las protestas de un público que a esas alturas ya había descubierto las virtudes del toro. Haciendo un esfuerzo con el noble cuarto no conectó con el tendido. Por los mismos defectos, por el mismo planteamiento conservador. La tarde fue de héroes, él no lo fue.

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