16 julio 2019
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El toro salmantino que obligó a instalar doble vallado en los encierros de San Fermín

Liebrero, astado de la divisa de Sánchez Cobaleda, rompió las barreras del encierro del 8 de julio de 1939, corneó a una espectadora y tuvo que ser abatido

11 jul 2019 / 12:02 H.

Pitinesco, Joyito, Velosico, Campanero, Sombreto y Ligantesco son los últimos nombres propios de toros charros en las fiestas de San Fermín. El pasado 7 de julio: 2 minutos y 41 segundos en unir los corrales de Santo Domingo con los de la Monumental de Pamplona. Tres heridos por el camino. Récord cruento igualado con los toros de El Pilar (Sanfermines del 2013) y Carmen Lorenzo (2000) como carreras con más heridos en encierros charros en lo que va de siglo...

Ochenta años antes de que los seis toros de Puerto de San Lorenzo abrieran las carreras en Pamplona —lejos aún de que la feria de San Fermín se transformara en la del Toro— otro protagonista charro, Liebrero de nombre, y de la divisa de Sánchez Cobaleda, se convirtió en toro célebre del encierro. Carrera del 8 de julio de 1939.

Pamplona había reaccionado un día antes al final de la Guerra Civil perdiendo la mecha de los Sanfermines tras dos años de paréntesis forzoso provocado por la contienda nacional. Un cartel vertical, plagado de colores [con la fecha del 7 de julio, un mozo y un toro como protagonistas] anunciaba el retorno de la fiesta a la capital navarra. Toros de Juan Pedro Domecq y Marqués de Villamarta y los encierros salmantinos de Arturo Sánchez Cobaleda y Antonio Pérez. Vicente Barrera, Rafael Ponce ‘Rafaelillo’, Jaime Pericás, Domingo Ortega, Victoriano de la Serna, Juan Belmonte (hijo) y Jaime Noain como espadas anunciados para las corridas de toros. Y “emocionantes encierros” como coletilla final.

El toro salmantino que obligó a instalar doble vallado en los encierros de San Fermín

El segundo de ellos, el del 8 de julio, cambiaría la historia del encierro: la carrera quedó marcada por la fierieza de Liebrero.

El toro -de pelo negro- respondía con embestidas depredadoras a los cites que le llegaban desde el vallado. La reiteración en las cornadas en busca de presa más allá de las talanqueras acabó por destrozar los maderas -“Probablemente putrefactas por el desuso en los dos sanfermines anteriores”, según rezan las crónicas de la época- y escapar del recorrido.

El toro salmantino que obligó a instalar doble vallado en los encierros de San Fermín

Con el toro a la fuga llegó el caos: los espectadores huyen despavoridos mientras el toro se quita de los lomos el listón de maderas quebrado tras la embestida definitiva. Tras zafarse de los correajes del vallado se arrancó en tromba hacia Clara Herrera, que presenciaba el encierro junto a la plaza con sus hijos, parar herirla de gravedad [estuvo un mes y medio ingresada en el hospital: “Se salvó por estar gruesa”, apuntó su familia].

El toro salmantino que obligó a instalar doble vallado en los encierros de San Fermín

Liebrero no llegó mucho más allá: una pareja de Guardias Civiles lo abatió a diez metros del vallado. La huida de Liebrero cambió la orografía del encierro: en el San Fermín de 1941 se estrenó el doble vallado para dejar al toro charro de Cobaleda como el último en romper las barreras del encierro.