09 julio 2020
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El pueblo salva el toreo

Artículo de opinión de Javier Lorenzo en el suplemento ‘Toros’ de LA GACETA

13 jun 2020 / 16:38 H.

Dar toros se ha convertido a día de hoy en un asunto de talento y de compromiso con la tauromaquia. Puede que esta crítica situación de la pandemia que ha asolado el mundo haya servido también para desenmascarar a los protagonistas del toreo, a los comprometidos con el futuro del espectáculo. A los que de verdad les interesa que el toreo tenga continuidad. Haya o no haya toros este verano, haya más o haya menos, se puedan o no celebrar con unas u otras medidas, lo que no tiene ningún sentido es comenzar una carrera, que parece de competición, por suspender cuanto antes una feria sin saber cómo vamos a estar, ni qué va a ser de nosotros a dos o incluso tres meses vista. A no pocos parece que les apremia anunciar la cancelación antes que mandar un mensaje de optimismo, buscar fórmulas y alternativas antes de tirarlo todo por la borda y pasar el año en blanco. Cuando otros sectores de la industria del país parecen mover Roma con Santiago por abrir sus negocios, planteando alternativas y soluciones, el taurino prefiere permanecer agazapado, sin hacer ruido y esperando que pasen los días sin mover un dedo... Y mañana, ya se verá qué hacemos. O, tal vez, el año que viene. En vez de salir para transmitir y generar ilusión, en vez de motivar, en vez de mostrar a sus clientes el compromiso y la preocupación por la crisis y las consecuencias que puede tener en sus principales protagonistas, y también en la propia afición, y por ende en el futuro del propio espectáculo. En vez de lanzar un mensaje de ánimo y al menos demostrar sus intenciones, luego se podrá o no se podrán dar toros cuando se sepan las medidas y las exigencias definitivas; prefieren ahuecar el ala, esconderse y a la mínima saltar a la palestra para decir que es imposible. Esa es la solución. Ese es el mensaje.

Ni una palabra. Y cuando se ha hablado ha sido para anunciar una cancelación. Y cuando se ha hecho ha sido para transmitir que sin fiestas no puede haber toros. Puede que no de la manera previa al virus, pero ¿no hay más opciones? ¿No se pueden plantear eventos extraordinarios de acuerdo a las condiciones que se impongan sanitariamente? A día de hoy estamos por saber qué impondrá cada Comunidad Autónoma, que va a ser la responsable y sobre la que van a recaer las competencias en poco más de 15 días. Pero aquello dicen. Esos son sus argumentos. Hace ya varias semanas, por ejemplo, salió a la palestra el empresario de Murcia, de mediados de septiembre, a decir que se cancelaban las funciones taurinas en la Condomina. Y como este hay unos cuantos. Demasiados. ¿Tanta prisa hay por anunciar una suspensión? Pesimismo absoluto o no querer dar toros. En el lado opuesto, Perrino, empresario modesto de Arévalo que irrumpió para anunciar que su pueblo tendrá toros y que pondrá todas las medidas posibles para abrir su plaza en poco más de un mes. Que cuenta con figuras y que incluso alguna se ha ofrecido a torear como sea para que el año no se le pase en blanco al toreo. E igual Osuna. El toreo en el pueblo. Es donde se está demostrando compromiso e intención. Querer. Luego ya se verá si se puede o no. El toreo volverá a empezar desde abajo. A los empresarios grandes parece que se los ha tragado la tierra. Mejor suspender. Dicen.

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