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Inspirado pase de pecho de David Galván a Espadachín, el cuarto de El Torero. PLAZA 1
Un despliegue de fantasía de Galván

Un despliegue de fantasía de Galván

El torero de la Isla de San Fernando firma una inspirada, original y deliciosa faena a un manso que rompió a embestir al que le cortó una oreja de gran valor. A Álvaro Lorenzo se le escapó el triunfo del mejor toro de la corrida de El Torero

Miércoles, 22 de mayo 2024, 22:25

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LA FICHA

  • Plaza de toros de Las Ventas de Madrid. Miércoles, 22 de mayo de 2024. 11º festejo de San Isidro. Tarde agradable con 15.462 espectadores.

  • GANADERÍA 6 TOROS DE EL TORERO, con movilidad el 1º; noble pero dijo poco el 2º; a la defensiva y violento el 3º; manso con sorprendente nobleza el 4º; de gran juego el 5º; y vulgar el 6º.

  • DIESTROS

  • DAVID GALVÁN. Azul soraya y oro Gran estocada (ovación); y contundente estocada (oreja).

  • ÁLVARO LORENZO. Grana y oro Dos pinchazos y estocada desprendida (silencio tras aviso); y pinchazo y casi entera (silencio tras aviso).

  • ÁNGEL TÉLLEZ. Blanco y plata Media tendida y descabello (silencio tras aviso); y seis pinchazos y cinco descabellos (silencio tras dos avisos).

Dos toros imponentes y cornalones de Lola Domecq abrieron la función. El primero empujó con la cara alta en el caballo y nunca tuvo entrega ni ritmo en la muleta; el segundo se empleó con una clase sobresaliente en el peto metiendo los riñones y empujando con fortaleza y fijeza. Fue pronto como el primero pero tuvo mayor son y nobleza este que aquel. Vaticano, así se llamaba el segundo, se encontró con la muleta templada de Álvaro Lorenzo; Vistaalfrente con la seguridad aplastante de Galván, que le plantó cara con determinación desde el minuto cero. Le faltó a aquel la calidad de este y a este la transmisión de aquel. Ninguna de las dos faenas se disparó. Galván lo mató de una formidable estocada. Lorenzo se atascó con la espada. Reservón el tercero, con sus 582 kilos fue el de más peso y aparentó menos que ninguno. A la defensiva siempre, embistió a oleadas, con fortaleza y midiendo en cada muletazo de Ángel Téllez, que firmó una faena de exposición y asiento pero sin premio.

Ni una vez humilló en las treinta abantas, descompuestas y huidizas embestidas que viajaron siempre con los pitones por lo alto de las hombreras de los toreros, deambuló de un lado a otro de la plaza. Una prenda intempestiva. Sangrado y picado el toro, tras desmonterarse Juan Carlos Rey, David Galván firmó un precioso inicio de faena. Con la pierna flexionada, sintió, templó, mimó y exigió a la vez mucho al toro. El pase de pecho, erguido, resultó sublime. Y después, otra tanda de la misma guisa fue exquisita. Esta vez remató con una preciosa trincherilla. La sorpresa en el público resultó formidable. Los muletazos de las dos siguientes tandas, una por la derecha y otra por la izquierda, resultaron soberbios, por encaje, por gusto, por temple, por asiento. Una maravilla. La faena fue tan breve como original, improvisada, distinta y sorprendente. Un cierre de nuevo genuflexo dio continuidad a la sucesión de maravillas. El toro no sabía por donde le venía todo. Parecía el primer sorprendido por aquel despliegue de fantasía de Galván, que mató de otra soberbia estocada.

Tardó Álvaro Lorenzo en ponerle al quinto la pasión que pedía y logrado ese clímax en el ecuador de la faena no lo mantuvo en una faena con demasiados altibajos. La colocación fue deficiente, el metraje excesivo y los enganchones inoportunos. Espadachín le ofreció el triunfo que no supo amarrar. Igual que en el reservón tercero, al sexto trató de torearlo Téllez como si fuera bueno. Y no lo era. Arriesgó demasiado con él, se llevó dos monumentales volteretas, se atascó con la espada y flirteó con el tercer aviso que libró de milagro.

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