16 octubre 2019
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De las capeas de Ciudad Rodrigo a Las Ventas

Francisco Montero fue en los tres últimos años uno de los protagonistas de las capeas del Carnaval del Toro donde se forjó con los astados más duros. En agosto debutó y destacó en Madrid y acaba de ganar el Zapato de Oro de Arnedo

10 oct 2019 / 12:38 H.

Se pasó el Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo durmiendo en el coche de otro compañero de capeas. La primera noche se dejaron la llave dentro, tuvieron que romper una ventanilla para poder entrar y resguardarse del frío, aún así la pasaron a ocho bajo cero y se agarró una pulmonía que le dejó con casi 40 fiebre. Por la mañana ninguno de sus compañeros pensó que iba a poder torear, se fue a la enfermería, pidió auxilio al doctor Crespo y no faltó a ni una capea a las que había viajado desde su Chiclana natal. Es Francisco Montero, uno de los héroes anónimos que se jugaron la vida a diario con la muleta en este peculiar coso de talanqueras. Allí se ganó el corazón del pueblo de Miróbriga. Y de las capeas, a Las Ventas. En seis meses cambió su vida. De febrero a agosto. Simón Casas le abrió las puertas con el dulce envenenado de una saltillada. Su bagaje era el debut con picadores justo dos campañas antes, un solo paseíllo este año en Boujan-Sur-Libron y cientos de miedos e incertidumbre derrochada por esas capeas. Montero se fue a la puerta de chiqueros en su segundo turno para recibir de rodillas, y no con el capote de brega sino con el de paseo, a Cafetero, 47, cárdeno, 533 kilos y el temido hierro de Saltillo. Un hecho inédito. La foto de aquel trance explotó como la pólvora. Montero logró su cometido. Había llamado la atención, había sido ovacionado en sus dos toros y ganado el respeto. Una de las imágenes del año en Las Ventas. El torero de Chiclana estaba dispuesto a no perder su oportunidad.

“He decidido quitarme de las capeas pero estoy orgulloso de haberme forjado ahí. Ahora no me puede coger un toro y perder las novilladas”

Seis meses antes en Ciudad Rodrigo, en la capea matinal del lunes también se había salido con la suya. Había rizado el rizo. En pleno bullicio, recién enchiquerado el encierro, se dirigió a uno de los directores de lidia y le pidió prestado el capote de brega para ponerse a portagayola; ante la negativa al tratar de calmar ese ansia imparable se lo robó para salirse con la suya; y le dijo casi con el corazón saliéndose por la boca: “¡Déjamelo que aquí va a pasar algo muy bonito o muy terrible!”. Por suerte, fue lo primero. Montero puso la plaza boca abajo tras librar el envite, en plena efervescencia del trance siguió ligando verónicas hasta soltar el capote en una airosa revolera mirando al tendido que había provocado las ovaciones más sinceras y rotundas del Carnaval. Ahí llega una de las claves de la filosofía y la manera de pensar de este singular personaje, forjado a la antigua y obsesionado con hacerse un hueco en el toreo: “Cuando sales de una tanda y ves que la gente come pipas y te tocan las palmas sólo con los dedos es porque siguen con la bolsa de la mano. Ese es mal asunto. Lo importante es lograr que la gente esté pendiente solo de ti y se rompan las manos aplaudiendo. Eso es lo que busco”. Habla Francisco Montero (Chiclana de la Frontera, Cádiz; 23 de marzo de 1992) que de las capeas de Ciudad Rodrigo este año, saltó a Las Ventas, de allí encontró una sustitución en la feria de novilladas de Villaseca (Toledo), donde salió a hombros; de allí siguió encadenando triunfos en plazas menores hasta que otra baja le abrió las puertas de Arnedo para entrar a competir por el Zapato de Oro que se terminó calzando como el más destacado de un ciclo al que acuden los mejores novilleros del año: “Me he hecho en las capeas, no me da vergüenza decirlo. Soy un maletilla humilde pero lo que quiero es ser figura del toreo”.

“Mi sueño es torear la novillada del Carnaval. Si no lo logro, tal vez vaya un día a esa capea a dar dos tandas a un toro. Eso ya solo lo haré allí”

–¿En qué ha cambiado el Montero de las capeas de Ciudad Rodrigo al que tiene el Zapato de Oro?

–¡Aún no me lo creo! De verme en las capeas a estar en boca de la afición. Me llaman de todos los lados... es como un logro a ese esfuerzo que he puesto en las capeas. Me fui a ellas pensando llegar en las ferias. Eso es lo que esperaba y lo que estoy consiguiendo. Estoy tieso, no tengo dinero, ni casi recursos para moverme, no tengo ni coche, con mi humildad y mi querer quiero lograr las cosas, es lo bonito, alcanzarlo con tu esfuerzo, no solo en el toreo, en la propia vida.

–Siete novilladas en un mes... pero miras las divisas a las que se ha enfrentado (Saltillo, Dolores, Barcial, Monteviejo, Partido Resina...) y se estremece el cuerpo.

–No le voy a hacer ascos a nada. Si te pones de verdad, el novillo te mira de otra forma y le da hasta por embestir. Si él no lo hace, embistes tú. En las capeas sale de todo, ni siquiera sabes si está toreado. Siempre hay que salir con la verdad por delante. Si no te pones así en las capeas los que están arriba te pitan, pero si estás de verdad la gente quiere verte.

De las capeas de Ciudad Rodrigo a Las Ventas

–¿Dónde cambia al rumbo de la temporada?

–En el momento en el que me ponen a torear, en cuanto puedo expresarme... No puedo defraudar.

–¿Y no es un atrevimiento presentarse en Madrid con solo dos novilladas toreadas en su vida?

–Es lo que hay. Yo no voy a pagar por torear. Llegué este año a Madrid con seis vacas y una novillada. Y, además, de Saltillo. No voy a ir a un sitio a poner dinero por torear. Yo siento el toreo, pero me tengo que llevar algo a mi casa para darle de comer a mi familia. Lo más bonito es poder volver a casa y llenarle la nevera a mi madre.

–¿Qué le han dado y de qué le ha servido su presencia en las capeas de Ciudad Rodrigo?

–En Ciudad Rodrigo he vivido de todo. Que me coja un toro, me he ido a la puerta del chiqueros, pases cambiados, he cuajado un toro con la izquierda. También los he vivido muy duros, de pasar mucho miedo. Y otros muy bonitos, porque me he entregado en cuerpo y alma. El Carnaval de Toro es muy especial. Esa plaza tiene algo diferente, no se qué será... la arena, las tablas, la campana, cuando aquello suena allí todo cambia. Estoy muy agradecido a Ciudad Rodrigo, se quedará marcado siempre en mi vida. He estado tres años y jamás lo olvidaré. Fue la primera capea que pisé...

“Si haces algo en el ruedo y no sorprende la gente te olvida. Hay que buscar que quien paga una entrada no crea que le quitas el dinero”

–¿Cuál fue el pasaje más duro?

–Cuando ves las cornadas cerca. No olvidaré una que sucedió a un metro. Fue el toro del Aguardiente, de Juan Manuel Criado, de salida cogió a un mozo, no le dio tiempo a subir a la barrera, lo cogió contra las tablas y le atravesó la pierna. Le partió la femoral, la sangre salía a borbotones y cayó en mi muleta. Luego, ponerme delante del toro, con la muleta llena de sangre de una persona, es muy duro.

–Ahora lo bonito sería que le anunciaran en una de las novilladas o en el festival...

–¡Ojalá! Le mando un saludo a la Comisión del Ayuntamiento y que tengan claro que si cuentan conmigo no se arrepentirán. Me voy a entregar con toda mi alma.

De las capeas de Ciudad Rodrigo a Las Ventas

–Y ahora, ¿volverá a las capeas?

–No. Ya he decidido quitarme de las capeas. Estoy orgulloso de haberme forjado ahí y de todo lo que me han dado, pero tengo la opción de quitarme. Ahora no me puede coger un toro en una capea y perder las novilladas... ¡Sería de tontos! Pero también le digo, Ciudad Rodrigo tiene algo especial y, si no me ponen en el festival o en la novillada, no descarto escaparme algún día y pegarle un par de tandas a un toro. Pero solo en Ciudad Rodrigo. Aquello es muy bonito.

–¿En qué toreros se fija?

–A día de hoy, los maestros Talavante, Paco Ureña, Emilio de Justo... expresan lo que llevan dentro con su sentimiento. Cuando un torero sale con la barriga llena de sangre es porque se entrega y el toro les pasa muy cerca. Es a los que me gusta ver, aunque todas las figuras que están ahí es por algo...

“Ir a Madrid con solo dos novilladas fue muy atrevido pero lo más bonito es volver a casa y poder llenarle la nevera a mi madre”

–¿Cómo surge el gesto de recibir a portagayola un toro con el capote de paseo?

–Es muy simple. Todo el mundo lo hace con el de brega y yo quería darle una vuelta más a la tuerca. Sabía que si lo hacía con el capote de paseo iba a llegar más. Lo pensé y me dije... Si me coge un toro que sea en Madrid. Disfruté mucho y fui feliz. Lo piensas en el hotel, cenando el día antes, esas cosas las llevas en la cabeza, las piensas en el día a día. El día de un torero te da para pensar mucho, piensas muchas cosas... La creatividad es la clave de todo. Ferrera ¡fíjate la que ha formado en Madrid! Y mira cómo la gente lo valora. Hay que ser distinto. El torear bonito lo hace cualquiera, pero con creatividad y entrega todo cambia.

De las capeas de Ciudad Rodrigo a Las Ventas

–Y ahora, ¿cuál es el reto?

–¡No defraudar! Cuando me anuncien, tengo que llegar y mostrar mi frescura como torero, mi verdad, mi entrega. Si haces una cosa y no sorprende, cae en el olvido. Si siempre haces lo mismo, igual. Por eso hay que hacerlo todo con entrega y humildad. Si lo haces así el aficionado que paga una entrada por verte torear sabe que no le estás quitando el dinero.

–¿Y cómo se ilusiona un torero cuando las empresas apenas anuncian novilladas, en el que las que se celebran no siempre tienen las mejores condiciones y todo son trabas para abrirse camino?

–Puede escribirlo en tres palabras: Querer, querer y querer. La oportunidad llega y, cuando se te presente, tienes que estar preparado y te lo tienes que ganar. Dios está arriba, es muy sincero, va apuntando en una libreta y dice: “Ahora la oportunidad va para este, ahora para este otro...”. Ahora me ha llegado a mí y no se me puede escapar. Eso es lo que hay que pensar, los novilleros que sigan luchando por sus sueños para ver un día su nombre en los carteles.

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