08 julio 2020
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Comunicación nula

Artículo de opinión de Javier Lorenzo en el suplemento ‘Toros’ de LA GACETA

06 jun 2020 / 10:45 H.

Ha tenido que arrasar el mundo una pandemia para que, al menos, una figura del toreo se de cuenta y reconozca, abiertamente, lo que ya era una evidencia. La asignatura pendiente que tiene la tauromaquia es la comunicación, saber explicar qué significa, cuál es su esencia, su rito, importancia, verdad, liturgia, su historia, su importancia económica y cultural. Saber transmitir sus valores. Llevarlos a la sociedad. Hacerlos visibles. Y no esconderse como si de unos raros fuéramos. Soy taurino, ¿y qué? Me gustan los toros, ¿y qué? No puede haber complejos ni la tauromaquia tiene que estar constantemente cuestionada. Siempre en el ojo del huracán. Siempre con miedos y recelos.

Efectivamente Julián López ‘El Juli’, a la tauromaquia le hace falta comunicación. Desde hace muchísimo tiempo. Por eso está donde está. Así lo ha reconocido en una entrevista en El País. Le hace falta comunicación, le hace falta entrar en la sociedad, formar parte de ella. Los toreros, las primeras figuras, están metidos en una burbuja inaccesible. Y se han convertido en héroes casi anónimos, apenas le conocen los aficionados. Con su silencio, con su lejanía, el toreo ha quedado reducido a una inmensa minoría y ha dejado de interesar en los medios. Y sin los medios, el toreo ha volado de la sociedad. Y, aún así, sigue siendo el segundo espectáculo de masas... Como bien dice El Juli el mundo del toro se ha mantenido por sí solo durante toda su historia. Y lo ha hecho por su grandeza, por la enorme fuerza emotiva y por su verdad. Pero ahora necesita compañía, que le empujen o al menos le acompañen. Requiere que su principal enemigo no sea él. Necesita que, por contradictorio que parezca, la gente del toro le ponga en el lugar que merece para enseñarlo y transmitirlo al mundo.

Y para lograrlo es evidente que al toreo le falta comunicación. Tanto interna como externa. Entre sus propios protagonistas, que deben dejar de preocuparse de los propios egos, para lanzar el toreo al mundo. Y del toreo al exterior. El toreo debe de salir a la calle, entrar en los medios generalistas, normalizarse y ser protagonista por su esencia, por su actividad, por su propia vida diaria; y no convertirse en una feliz excepción cuando sale una pieza en un informativo o un periódico. Esa comunicación que dice El Juli debe ir encaminada, entre otros argumentos, por lograr que haya una habitual, continua y trabajada presencia del toreo en los medios de comunicación, donde, por norma, solo sale por una ridícula manifestación antitaurina o por un fatal percance. El toreo debe de estar en los medios para entrar en la sociedad y, a partir de ahí, debe de saber explicarse y comunicarse de acuerdo con la fuerza y la importancia que tiene el espectáculo. El arte del toreo. Y normalizarse. Que este arte nada tiene que ver con la lucha bárbara de un hombre con un animal. El toreo es mucho más grande que eso. Tan grande es que ha vivido por su propia inercia en su secular historia, esquivando e imponiéndose a las trabas de reyes, papas... e incluso los malajes taurinos. ¿Van a tener el honor de los actuales de acabar con ella? Por favor. Piensen de una vez por todas en el toreo si les importa. El virus no va a poder con él. Los taurinos esperemos que tampoco.

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