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Derechazo de Diego Urdiales a Amoroso, el tercero de Alcurrucén lidiado ayer en Las Ventas. PLAZA 1
Un camión de mansedumbre

Un camión de mansedumbre

Un toro de categoría con el que se estrenó San Isidro no maquilla el manso y descastado encierro de Alcurrucén, con el que solo brilló la esencia de Urdiales. Morante, con detalles, salió abroncado, y García Pulido confirmó sin calado

Viernes, 10 de mayo 2024, 21:43

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LA FICHA

  • Viernes, 10 de mayo de 2024. 1ª de abono de San Isidro. Lleno de «no hay billetes». Sol y calor.

  • GANADERÍA 6 toros de Alcurrucén, de desigual y variada presencia. Corrida mansa con descaro en el caballo. Encastado y con gran fijeza y entrega el 1º, que tuvo un gran pitón derecho; incómodo y sin entrega el 2º; noble el mansurrón 3º, a la defensiva el 4º; manso y violento el 5º, y apagado el 6º.

  • DIESTROS

  • MORANTE (buganvilla y oro) Seis pinchazos y descabello (bronca tras aviso); y estocada (silencio)

  • DIEGO URDIALES (rioja y oro) Gran estocada (vuelta al ruedo); y pinchazo y estocada (silencio).

  • GARCÍA PULIDO (celeste y plata) Confirmación de alternativa. Estocada (saludos tras aviso); y pinchazo y estocada (silencio).

San Isidro comenzó con un toro de categoría y terminó su primera función con un muestrario de mansedumbre y falta de entrega de embestidas descompuestas y a la defensiva que le hizo suspender categóricamente. Después de aquellas cuatro tandas con embestidas superlativas de Afectuoso en la novísima muleta del confirmante García Pulido parecía lanzarse a lo grande la tarde. Y fue todo lo contrario. Echó el freno de mano la de Alcurrucén, que no regaló ni una embestida más entrando la función en barrena. Las hechuras de hasta cuatro toros invitaban a la fiesta, pero nada más lejos de la realidad. Arrogancia de Morante y solera de Urdiales entre la mediocridad de los «núñez», con los que las cuadrillas pasaron un quinario.

En el inicio de faena el primer toro de San Isidro se convirtió en el gran protagonista de la tarde. Y al final, fue el único. La profundidad e intensidad por el pitón derecho puso a todos a cavilar. Aún estando bien, García Pulido no lo cuajó como pedía en las cuatro primeras tandas que solo rompieron con timidez. En el punto clave de la faena tuvo que explotar la obra cuando lo intentó al natural, pero por ahí Afectuoso no era igual, y ya empezó la cuesta arriba para remontar todo. Lo hizo ya a puro huevo. A base de valor y entrega. Antes el toro se había entregado de forma superlativa, por la intensidad, la fijeza y la seriedad con la que lo hizo todo. En nada se le pareció el sexto, apagado en su nobleza mortecina. Era imposible ya darle un giro a la tarde. Y no lo dio. La insistencia de Pulido no hizo más que llenar los minutos de la basura.

Entre las embestidas descompuestas del segundo, Morante se inventó un trincherazo arrogante y un airoso cambio de mano que resultó un primor. Intentó el milagro de que el tren embistiera. Era para aburrirse y desesperarse, y Morante ni se aburrió ni desesperó. Esculpió dos naturales monumentales pero incomprensiblemente cambió de mano para darle continuidad sin conseguirlo. Ahí se equivocó en ese cambio de planteamiento y se desplomó la faena antes de nublarse con la espada. La monumental brega de Curro Javier a Tamborilero, el cuarto, se lo puso a huevo al de Alcurrucén para embestir. Más no se puede hacer. Ni mejor, pero hasta que Joao Ferreira se desmonteró con los palos no terminó de entregarse. Tampoco lo hizo después. Un Morante arrebatado se fue a por él sin filtros, desatado. La trinchera a mano cambiada por el pitón izquierdo se escuchó más allá de la Cibeles. Metió la cabeza entre las manos aquella pintura colorada, invadió sus terrenos Morante y se puso tan a la defensiva que la faena no existió. Parecía imposible que con una fachada tan perfecta dijera que no. Y «no» fue porque «no» dijo.

Al descompuesto terceroUrdiales le vio la virtud de humillar entre su violencia huidiza. Trató de exprimirlo y bajarle los humos con el látigo de varias verónicas arrogantes; y lo vio claro por el pitón derecho, que era el bueno cuando se quedaron toro y torero solos en el ruedo ya con la multa en la mano. Se encajó de riñones y brotaron derechazos intensos, sentidos y muy largos. Dos tandas parecieron caldear el ambiente pero se quedó ahí cuando abortó el lanzamiento para redondearlo por la izquierda, ni la entrega ni la embestidas eran las mismas. Quedó patente la esencia de su mano derecha. No tuvo más que violencia el quinto en los primeros tercios y violento fue en el de muerte. No se entregó ni en medio muletazo y se murió quejándose. Una prenda. Sin opciones Urdiales.

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