28 septiembre 2020
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Barreras rotas, tablas por los aires, peleas célebres... Así eran los Desenjaules de antaño

Descafeinado en los últimos años, se desinfló la expectación y se vaciaron los tendidos de un festejo que agotaba en papel en los 60, 70, 80 y 90.

14 sep 2020 / 11:39 H.

El esplendor del desenjaule forma parte de tiempos pretéritos de la historia de la Feria. Se aguó con el nuevo siglo. La falta de emoción en el festejo hizo que el aficionado le terminara dando la espalda a un desfile vibrante que, en las cuatro últimas décadas del pasado siglo, llenaba e incluso agotaba el papel. Era el primer contacto con la Feria taurina. El éxito de entonces se asentaba en la emoción y el espectáculo que se vivía en el ruedo. Se enseñaban y mostraban las corridas del abono y el toro se convertía en el principal y único protagonista. Todos los ojos estaban puestos exclusivamente en él. El toro, con todo su vigor intacto, ponía la emoción. El movimiento, la bravura incontenida, las carreras, el impulso y el carácter. Las espectaculares salidas del camión, los animales que hacían volar por los aires los tableros que se colocaban para proteger los camiones y servían de rampas para bajar y pisar el ruedo. Instante en el que encontraban y recibían el beneplácito o la reprobación del público. E incluso, ya desenjaulado, el puro nervio del toro en el ruedo, un espacio desconocido e inédito para él, le llevaba a rematar en las barreras rompiendo barreras y burladeros. O surgía la guerra incontenida entre los propios toros desenjaulados que provocaban el clamor de la masa. Espectaculares "riñas" que, de manera frecuente, acababan incluso con astados muertos en la arena. La emoción del toro era incontenible. Y el gran público encontraba en esta cita el primer gran festejo de la Feria y un gran aliciente para sentarse en La Glorieta.

Barreras rotas, tablas por los aires, peleas célebres... Así eran los Desenjaules de antaño

Recuerdan los más viejos del lugar que este evento iba incluso un poco más allá de la inauguración oficial taurina. Era además uno de los platos fuertes del primer día de Ferias y Fiestas en la ciudad. Por la mañana, el cohete que estrenaba de manera oficial las fiestas en la Plaza Mayor. Y por la tarde, el desenjaule en La Glorieta. Ambas fotos compartían la primera página del periódico tal día como hoy. Pero hoy, los toros no aparecen por la histórica suspensión del ciclo a causa del coronavirus. La expectación era desbordada por el desenjaule, con una amplísima historia ligada a los carteles más rutilantes del abono taurino. Festejo además, otrora, de gran demanda en las taquillas. No sólo se acababa el papel, se colgaba el "no hay billetes" e incluso funcionaba la reventa horas antes del espectáculo. Era frecuente ver en la década de los 80 y 90 como únicamente se bloqueaban las entradas del tendido 2, porque en él siempre fue donde se colocaban los camiones desde donde bajaban los toros al ruedo y la gente no podía verlos. Las entradas más demandadas eran las de los tendidos 6, 7 y 8, porque desde allí se ve la salida de frente de los animales al ruedo. Sin embargo, con anterioridad a esas décadas gloriosas, existe testimonio gráfico que verifica cómo no solo estos tendidos preferidos se cubrían, sino también se abarrotaban el sol, incluso esas localidades de detrás del camión, en tendidos, gradas y andanadas, con aficionados ávidos de toros. Así lo atestigua la imagen central de este reportaje, en la que aparecen los toros de Pérez Angoso, embarcados en la mítica finca de San Fernando y desenjaulados en La Glorieta en la Feria de 1971: Todo el sol repleto, y apretado, de espectadores y, curiosamente, con varios camiones en el ruedo, preparados y protegidos para suelta de los toros. Entonces era habitual colocar en el ruedo los cuatro o cinco vehículos que traían los encierros para hacer más dinámico el festejo. A diferencia a como se hace hoy (ya desde la década de los 80) en la que los camiones salen de uno en uno al ruedo y las corridas se van desenjaulando con los consiguientes tiempos muertos, de salidas, entradas y colocación del camión y los tableros de protección. Periodos absurdos y vacíos que rompen el ritmo de un espectáculo en el que todo depende única y exclusivamente del toro. Parece más incomprensible aún cuando en los últimos años, los tendidos de sol están completamente vacíos de público.

“Las taquillas para el desenjaule se abrían el 7 de septiembre y, desde las doce o la una de la madrugada anterior, ya había aficionados dispuestos a pasar la noche en la calle haciendo cola para conseguir las entradas”, recuerda Ángel Manuel Castro

En el toro precisamente radicaba antaño la grandeza del desenjaule. Entonces, la Feria, con más o menos festejos, contaba con un amplio abanico de encastes de las más diversas procedencias. Y ahí, por norma, la empresa siempre trataba de incluir alguno de los encierros de las divisas de 'sangre caliente' para propiciar y garantizar el espectáculo. Toros vivos, con nervio. Toros que, a priori, no eran de fácil manejo, con complicado trato por norma como eran los coquillas de Fabrés o Raboso, o los hierros de procedencia santacoloma, los vegavillar de Cobaleda o de Galache... Son solo ejemplos del rico muestrario que se ofrecía y garantizaba esa ansiada emoción que se vivía en el ruedo y casi se palpaba en el tendido. Esos pero no sólo esos. En el año 83 se mató en el ruedo, tras una pelea, un toro de Jandilla o en el 85 otro del Marqués de Domecq, o en el 94 otro de Núñez del Cuvillo, por ejemplo. No era cuestión solo encastes. Nada que ver con el espectáculo anodino y descafeinado que se vivió en las últimas décadas, con desenjaules apagados donde desapareció la emoción y, poco a poco, fueron perdiendo el interés para el aficionado que desertó de los tendidos.

Se convirtió en un simulacro de lo que en su día fue este festejo que acababa con el papel en la taquilla: "Era impresionante el tirón que tenía este festejo", comenta Ángel Manuel Castro, empresario y apoderado en la actualidad y que, entonces, en la época gloriosa del desenjaule formaba parte, con apenas 16 años, del equipo de taquilleros de la empresa de la que su padre, Adrián Castro, era el gerente: "Hasta el día 6 de septiembre era la fecha para los nuevos abonados, una vez renovados los antiguos. Y el día 7 era cuando se abrían las taquillas para la venta, de manera exclusiva ya, de las entradas del desenjaule. Y volaban, en tres o cuatro horas se agotaban", recuerda con la emoción que ahora revive de aquellos días. E incide: "Como entonces todo se hacía de manera manual, el día 6, una vez cerradas las taquillas nos quedábamos hasta bien entrada la madrugada para cuadrar y poner todo en orden para el día siguiente. A las doce o la una de la mañana, cuando salíamos, ya había aficionados haciendo cola en la calle. Dispuestos a pasar allí la noche para comprar a primera hora las entradas en cuanto se abrían las taquillas. Eran tiempos de las filas interminables en las aceras de la céntrica calle Íscar Peyra, donde se encontraban las dependencias de la empresa y se dispensaban las entradas antes de que se trasladaran ya a La Glorieta en la que hoy están las taquillas. Ese día, de la venta de entradas para el desenjaule, se producían colas interminables y había una expectación similar al primer día adquisición de boletos sueltos para las corridas de toros con las principales figuras, matiza el propio Ángel Manuel Castro: "Era tal la expectación que despertaba el desenjaule que se le reservaban a los abonados, este festejo no entraba en el abono. Raro era el que no las retiraba al coger su abono. Además, siempre había, en las semanas previas, muchísimos encargos". Era tal la demanda que, en ocasiones, desde la propia empresa tenían que mandar a los aficionados a esa otra pequeña taquilla, que había al otro lado de la Plaza Mayor, en las escaleras del Villa Rosa, oficial pero con un recargo en el precio del 12%, que abrían todos los años gente llegada de Madrid que tenían un número de abonos en Salamanca y luego revendían tras el acuerdo con el gobernador y tras abonar el correspondiente tributo. Era una reventa legal como hoy se mantiene, por ejemplo, en Madrid o en las calles de Sevilla. Otro ejemplo del tirón taurino que tenía entonces Salamanca. Allí también se agotaba el papel para el desenjaule.

Barreras rotas, tablas por los aires, peleas célebres... Así eran los Desenjaules de antaño

Además del atractivo de ver las corridas que se iban a lidiar, la emoción del toro, las peleas, las vibrantes acometidas entre los animales o con las propias tablas de la plaza, que despertaban la admiración y el clamor del público, otro de los alicientes que contaba este festejo era el sorteo que se celebraba (y se sigue haciendo en la actualidad una vez terminada la función) con los diez abonos de sol y otros tantos de sombra, además de una cartera con dinero "para pasar la Feria", según anunciaban. El desenjaule, que se conserva en la actualidad, fue siempre uno de los primeros contactos de los más pequeños con el mundo taurino. Servía de primer acercamiento y también de incentivo para los nuevos aficionados; que hoy se ha perdido. Y además, formaba, junto al Bombero Torero, ambos fuera de abono, el complemento perfecto a la cartelería taurina que en sus años de esplendor en Salamanca llegó a rondar la docena de funciones. Por ejemplo, de 1990 a 1995, ambos incluidos, diez entregas (novillada picada y nueve corridas de toros, la última, la del día 21, mixta) que se abrían con el desenjaule y se completaba con el espectáculo cómico del Bombero Torero, que ya desapareció de la Feria. Como la expectación por el desenjaule. No está de más mirar para atrás para ver lo que se ha perdido. Y saber porqué.