16 agosto 2022
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Ángel Téllez, la revelación de San Isidro: “Es increíble que con ocho o diez naturales se consiga tanto”

Nadie toreó más despacio que él en toda la feria: media docena de naturales en Las Ventas que valieron más que muchas faenas completas le pusieron en la órbita del toreo, se ganó la repetición en Madrid y, en el cartel estrella de San Isidro, se ratificó como la gran revelación. Dos orejas y puerta grande.

26 jun 2022 / 12:19 H.
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Mantiene la calma pero no disimula la euforia. Habla con reposo y, al mismo tiempo, desprende la felicidad de haber cumplido un sueño. Es el triunfador de la feria de San Isidro. El torero revelación. La gran novedad con la que en un principio nadie contaba. La puerta grande de Madrid ha disparado su nombre. Si el toreo fuera justo, que no siempre lo es, Ángel Téllez tendría que estar en todas y cada una de la ferias de lo que queda de temporada. Ese misterio aún está por resolver. El torero se mantiene cauto. Reconoce que el invierno ha sido duro. Demasiadas negativas siempre, a casi todo y descubre la fórmula de su preparación. Reconoce que hacer un tentadero era un auténtico milagro, que apenas toreó ocho este invierno: “Nadie tenía vacas”, puntualiza. Ahora, muchos de aquellos que no las tenían ya las tienen y le llaman para tentar: “Ha sido como el milagro de los panes y los peces (las vacas en este caso)”, bromea el torero. Como si hubiera nacido y crecido las vacas en un tiempo récord. Han aparecido como por arte de magia en apenas unos meses. El torero que sabía cuál era su situación entonces y también sabe cuál es ahora afirma que “es normal”. Es la grandeza del torero. pasar del cero al infinito. De no tener nada a saborearlo casi todo. El primer objetivo lo ha conseguido, ahora el gran reto es mantenerlo, ratificarse y seguir dando argumentos. El toreo no tiene memoria, ni sabe de lo que es vivir del pasado. Ahora todo el mundo quiere ver torear igual de bien que ha toreado en Madrid en sus plazas. Ese es el objetivo de este torero de Mora (Toledo), que acaba de cumplir 24 años. Vestido de blanco y plata tocó la gloria del toreo. Y de esa nube en la que se encuentra ya no se quiere bajar.

–Uno siempre va convencido de cambiar su vida a Madrid, pero ¿esperaba tanto?

–El trabajo del invierno se ha hecho a conciencia o con la idea de que pasase una cosa así, pero tal resultado, por muy altas que tuviese las expectativas, nunca se llega a imaginar. Es más de lo que soñaba o preveía.

–¿Cómo se resiste o subsiste cuando no hay contratos o ni se sabe si un día los va a haber?

–Trato de normalizar cada situación. Igual que ahora está teniendo repercusión, antes veía como lógico el olvido y buscaba seguir en la línea de mi preparación, de mi evolución. Tenía la confianza de que, tarde o temprano, llegaría mi día. Una oportunidad. Y lo que tenía que estar era preparado para, cuando llegase, aprovecharla sin poder poner ninguna excusa.

–Llama la atención que con apenas una veintena de corridas de toros, diese esa dimensión y torease tan despacio al de Arauz.

–Las casualidades no existen y menos en una profesión tan complicada. Al final es fruto de un trabajo a conciencia. Cada vez que me pongo delante, en el campo o donde sea, trato siempre de buscarme como torero, con las miras puestas en escenarios como Madrid. Es difícil entender como con tan corto bagaje llegó esto. Pero el triunfo es fruto de eso, de que cada vez que me pongo delante de un animal, mi idea es mostrarme como si estuviese toreando en Madrid. Donde sea. Al final cuando llega el momento sale de forma natural. Estoy convencido de que es gracias a esa forma personal que tengo de entender el toreo y lo que tengo que entregar siempre. Viendo lo conseguido todo eso ha resultado clave.

–Con el toro de Arauz se destapa y con la de Victoriano se ratifica y sale embalado de Madrid, ¿con cuál se queda de las dos?

–Recalco sobre todo la primera tarde, con el toro de Arauz, que es la que me pone en boca de todos. Por lo que significó. Esa es la que me permitió entrar el 27 por Emilio de Justo. El 17 pude desmostrar el toreo que llevo dentro. Fíjate si ese día fue importante, y lo bonito que fue, que unos días después me dan la sustitución del maestro.

–Sin la primera no hubiera llegado la segunda, pero sin la segunda la repercusión de todo lo conseguido no hubiera sido la misma...

–Trato de hacer un balance global. El punto de inicio es el 17. Con ese toro de Arauz es increíble lo que consigo, que con ocho o diez naturales se logre tanto. Eso demuestra que cuando algo es bueno, cuando lo que se hace tiene calidad, con poco se puede lograr mucho. Es increíble como con tan pocos naturales pudiera expresarme como torero. Sentir aquella embestida con tanta calidad y ritmo, mostrarme en plenitud fue precioso. Eso marcó el inicio, luego es verdad que el 27 viví momentos de gran intensidad. Traté de entregarme al máximo y torear como siento. Fue muy emocionante. Así que trato de dar cabida a las dos.

–La explicación del impacto es la pureza y la lentitud con la que interpretó esos naturales. Quien torea más despacio que el resto es quien marca las diferencias...

–Ese día fue muy importante para mí. Ser capaz de con tan poco lograr tal impacto, me dio una moral y confianza enorme. Eso es lo que persigues, siempre uno trata de mejorar, de dar esa vuelta de tuerca. Esas sensaciones a mí me dieron una moral y confianza muy grande. Esa moral y confianza fue clave para estar tranquilo, sereno y convencido de poder estar a la altura el siguiente día.

–Uno sueña con torear en Madrid y, luego, Madrid con las figuras. Pero una vez ahí, hay que resolver para seguir dando motivos. ¿Cómo se afronta eso?

–Traté de vivirla desde el disfrute. Al final era para mí un día soñado. Estaba acartelado con dos toreros a los que les tengo una admiración máxima y con una ganadería de tantas garantías que a tantos toreros ha encumbrado. Traté de disfrutar lo que suponía esa tarde, de la expectación, de la responsabilidad, de estar anunciado con esos dos pedazo de toreros. Estaba feliz. Me cuesta ponerlo en palabras porque fue algo que llevaba soñando tanto tiempo que hubiese parecido tonto de no vivirlo como lo viví. Esa forma de disfrutar la tarde, aunque resulte extraño, me hizo estar tranquilo, sereno, vivo de mente y luego, con el resultado en la mano, me afianza que la forma de plantear la actuación fue clave.

–¿Se puede decir que se trata de darle normalidad a una tarde que era de todo menos normal?

–Por la cabeza de un torero en esa situación pasan muchas cosas. Era tal el sueño que estaba viviendo que quería disfrutar de todo: del miedo, de que iba a salir el toro, el toro de Madrid, el toro encastado de Victoriano del Río, de mis compañeros, sabía que, si hubieran tenido un poco más de fortuna con los toros, Urdiales y Talavante hubieran dinamitado la feria. Son toreros con tanta calidad y tan capaces que lo normal hubiera sido eso. Los días antes trataba de visualizar una corrida de máximo nivel: que Urdiales estaba en cumbre, que me replicaba en quites, que yo entraba en los de Talavante, que ellos cortaban todas las orejas posibles. Y esa forma de visualizar me hacía verme a su nivel. A un nivel superior al que yo estaba y me veía capaz. Verme así y plantear una tarde así, me hizo disfrutarla y vivirla decenas de veces antes de que llegara. Quería poder mostrar un nivel que hasta el momento no había mostrado, porque el escenario, el cartel no lo había vivido nunca. Y esa fórmula, tan compleja y tan complicada, en ese momento me sirvió.

–¿Le ha cambiado la vida?

–En diez días mi vida ha cambiado por completo; pero he seguido mi línea de entrenamiento, de rutina, trato de seguir con los pies en el suelo. No quiero cambios porque hasta ahora lo que me ha funcionado ha sido lo que hecho. No quiero que ahora nada me altere.

–¿Cuál fue la primera empresa que le llamó y el primer contrato que firmó tras su paso por Madrid?

–Fue el primer día, el 17, después de la corrida de Arauz, pese a que no hubo trofeos, firmamos la Feria de Julio de Valencia (16 de julio, toros de Fuente Ymbro con Jesús Duque y Álvaro Lorenzo). Y, nada más acabar la del 27, con la puerta grande, la primera que llamó fue Mont de Marsan para ofrecernos la sustitución de Emilio de Justo con la de La Quinta (23 de julio, junto a Ferrera y Ginés Marín).

–¿Cuántos contratos tenía firmados antes de este San Isidro?

–Teníamos la de seis toreros en Bayona con toros de Pedraza, que firmamos en enero, luego toreé en mi pueblo, Mora de Toledo, y el contrato de la Copa Chenel, que toreé dos días antes en la fase eliminatoria. En la del 17 me enteré que era uno de los clasificados. No había nada más... Y Madrid. Eran cuatro corridas las que tenía.

–¿Cuántas tiene a día de hoy?

–El cambio ha sido enorme. No sabría decirte... Pero hay cosas muy bonitas y contratos muy buenos. Irán saliendo más. No sabría decirte el número exacto. Esto ha supuesto algo tan grande que me intento mantener al margen de lo que se va cerrando. Mi idea es seguir como hasta ahora, a mi aire, con mi rutina, delego todo en mi tío Fernando (Téllez) aunque estoy al tanto de todo y doy el sí o no.

–¿Y no surgió nadie que se interesara en apoderarle?

–Fernando es quien ha estado siempre, quien me ha dirigido por la línea por la que tenía que ir y ahora que el teléfono suena es él quien sigue estando ahí.

–Sorprende su ausencia en la feria de San Fermín...

–Ya iré a Pamplona. No creo que haya problema en años venideros y me vea allí acartelado. Ha habido contactos, pero al final en años venideros haré todo lo posible para estar.

–Ahora parece tan importante saber decir que “sí” a los contratos como saber decir que “no”, ¿es así?

–Ahora es un momento de una importancia muy grande y trascendental en mi vida. Lo que haga repercutirá en mi futuro y en mi vida. Nunca sabes cuál va a ser la decisión acertada o correcta, pero sí hay que tener una idea clara. Ahora es importante que cualquier respuesta o decisión vaya en una línea y esta debe de ser la correcta.

–Y este no es el final sino el principio. Ejemplos hay de puertas grandes en Madrid que luego o no se rentabilizaron o no tuvieron continuidad, ¿eso le da miedo?

–Está claro que me preocupa, al final espero y confío en que lo que ha ocurrido tenga el resultado que lleva y merece...

–¿Y el planteamiento es eludir citas de responsabilidad o ir de lleno a las ferias importantes?

–El planteamiento va a ir un poco en base a como se vayan poniendo las cosas y sean los ofrecimientos. Después de lo mostrado en Madrid, la confianza y la moral la tengo para asumir cualquier tipo de compromiso.

–Como gran revelación de la temporada sería de justicia un debut, por ejemplo, en La Glorieta.

–Como te digo, estoy al margen, pero sí se que ha habido ya algún contacto. Ojalá me vea anunciado en esa maravilla de plaza. Que me anuncien en Salamanca, en una Feria con esa categoría, imagina la ilusión que me puede hacer...

–¿Con quién tiene mayor relación de la Salamanca taurina?

–Hay una familia que está por encima de todas por lo que me han dado y por lo bien que me han tratado siempre. María José Majeroni y Fernando de Patrocinio, la familia de Castillejo de Huebra, conmigo se ha portado de categoría, de una forma excepcional, les tengo una estima y un cariño muy grande. Me ofrecieron siempre todo cuando no tenía nada ni era nadie eso jamás se olvida.

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