16 octubre 2019
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El agente salmantino que salvó a dos niños de una muerte segura: “Si no fuera policía lo hubiera hecho igual”

Javier Illera no lo dudó y en su último día de vacaciones se lanzó al mar y nadó hasta rescatar a dos niños que habían sido arrastrados por las fuertes corrientes

19 sep 2019 / 14:47 H.

Javier Illera disfrutaba con su mujer de su último día de vacaciones en la playa de Las Gaviotas, en Benalmádena (Málaga). Una jornada tranquila y agradable en la que no esperaba arriesgar su vida como nunca antes lo había hecho, a pesar de su profesión, pero acabó lanzándose al mar sin dudarlo para rescatar a dos niños, dos hermanos marroquíes, que habían sido arrastrados por las fuertes corrientes, y después a su padre, mucho más alejado aún de la orilla, aunque en su caso y pese a sacarle del agua con vida nada se pudo hacer ya por salvarle. Su heroica actitud le valió los reconocimientos de sus superiores en Málaga y Salamanca y probablemente reciba alguna condecoración, pero sobre todo le ha servido para vivir con la satisfacción de haber ayudado a los demás aún poniendo en riesgo su propia vida : “Porque aunque no fuera policía lo hubiera hecho igual, porque creo que la solidaridad no se puede perder, a mí me gustaría que si yo o algún familiar mío se encontrara en una situación similar alguien nos echara una mano. Si perdemos el principio de solidaridad, no sé donde acabaría esta sociedad”, señala el agente salmantino.

Illera hará pronto cinco años en la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) de la Comisaría de Policía de Salamanca -los agentes encargados de la custodia y el restablecimiento del orden público, pero también los que protegen a las personalidades y los que blindan las operaciones más conflictivas, un grupo entrenado para actuaciones rápidas y decisivas-. A sus 41 años, Francisco Javier Illera Hernández ha vivido los registros en las Barranquillas y la Cañada Real, poblados chabolistas de toxicómanos y delincuentes por antonomasia. Y la detención de Isidoro García Carro tras más de dos años en búsqueda o la custodia de su hermano, Amancio García Carro ‘El Rubio’, durante el juicio contra él como cabecilla de una banda de narcos que introducía droga en España en maletas transportadas en aviones procedentes de Venezuela.

Javier Illera es uno de los efectivos de la Policía Nacional destinados a Barcelona para controlar el referéndum del 1-0. También fue uno de los dos policías a los que llamó “torturadores” el podemita Gabriel de la Mora, en su época de concejal y diputado provincial, calumnias que difundió a través de las redes a raíz de la intervención del agente y otro compañero para detener a un menor fugado de un centro en su domicilio familiar del barrio del Carmen. Una intervención en la que tanto Illera como su compañero fueron amenazados, insultados y golpeados por los familiares del menor y que, debido a sus desafortunadas palabras, acabaron con De la Mora condenado.

Pero sin duda la intervención más arriesgada y la que ha marcado a Javier es la que vivió este verano cuando disfrutaba de su último día de vacaciones con su mujer en Benalmádena y sin dudarlo se lanzó al mar para auxiliar a dos hermanos de 12 y 15 años. Un comportamiento de extraordinaria valentía que salvó a los dos pequeños, pero que por desgracia nada pudo hacer por la vida de su padre, al que llegó a sacar del agua, pero que pese a sus esfuerzos por reanimarle, murió allí mismo.

Nunca olvidará aquel 15 de julio. Casualmente el hamaquero del hotel en el que estaban hospedados les había comentado a él y a su mujer que unos días antes había muerto una bañista ahogada en la playa de Las Gaviotas donde ese día ocurrió todo.

Alertado por los gritos de otros turistas, Javier nadó hasta los dos hermanos que habían sido arrastrados mar adentro. Cuando pudo sacarlos del agua, con ayuda de otros bañistas, llegó lo peor, otro hombre -más tarde se enteraría que era el padre de los niños- se estaba ahogando. La socorrista, una chica muy joven, se encontraba junto a él, muy nerviosa, intentando socorrerle al tiempo que hacía gestos. Así que Javier no lo dudó y nadó 80 metros mar adentro hasta llegar a ellos. “Vi a la socorrista muy nerviosa, era una niña, me acordé de mi sobrina porque podría ser ella, y le dije: “Tranquila que estoy aquí”.

Logró socorrer al bañista, que había perdido la consciencia y echaba espuma por la boca, y como estaban muy lejos de la orilla, intentó llevarlo hasta unas rocas para intentar rescatarlo con los conocimientos de socorrismo que adquirió en el ejército hasta que llegó otro socorrista en una moto acuática.

Subió al bañista a la moto, no sin dificultad, y mientras el socorrista conducía hasta la orilla, él hacía las maniobras de reanimación con una mano al hombre y con la otra le sujetaba. Los intentos por reanimarle siguieron en la arena, donde entre todos intentaron sacarlo adelante, pero nada se pudo hacer por él. “Lo más impactante fue oír en ese momento los chillidos del niño pequeño ‘papá, papá, papá...’, le oyó gritar”, recuerda el agente, que fue entonces cuando supo que el hombre al que acababa de sacar del agua era el padre de los pequeños a los que había socorrido minutos antes.

Javier Illera no ha vuelto a saber nada de los niños, que pasaban con sus padres las vacaciones en Benalmádena, ni de su madre, que aquella mañana, cosas de la vida, decidió quedarse en casa mientras su marido e hijos se iban a dar un baño a la playa.

Ese día, el 15 de julio, murieron tres personas en playas de España, entre ellas el bañista marroquí que pasaba las vacaciones con su familia en Benalmádena. Ahora acaba el verano, pero la gente debe ser más consciente de que “la playa no es una piscina”, señala el agente.

Un acto digno de reconocimiento

Se vino de vacaciones con la satisfacción de haber salvado la vida a esos niños aunque consciente de que podría haberle costado la vida, motivo por el que recibió la felicitación de sus superiores. Una actuación que ha motivado que el sindicato al que pertenece, el SUP, le proponga para ser reconocido con la Cruz al Mérito Policial con distintivo rojo, reconocimiento que sus compañeros consideran ajustado a su valiente actuación con una prueba de humanidad que vuelve a poner de relieve el valor y el esfuerzo de aquellos que integran nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.