26 septiembre 2020
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Un estudio estadounidense afirma que el uso de las mascarillas puede generar inmunidad

Además, puede reducir la gravedad de la infección y “ralentizaría la propagación del virus mientras esperamos una vacuna”

15 sep 2020 / 18:15 H.

Todo el mundo se encuentra a la espera de una vacuna segura y eficaz para prevenir el coronavirus. De esta manera, los inmunólogos Monica Gandhi y George W. Rutherford, de la Universidad de California, en San Francisco (Estados Unidos), que aunque se trata de una hipótesis, ofrece datos virológicos, epidemiológicos y ecológicos, interesantes: el enmascaramiento facial universal puede reducir la gravedad de la infección en personas afectadas y aumentar, por otra parte, las posibilidades de que los nuevos casos sean asintomáticos.

Por lo tanto, ¿es el uso de la mascarilla la única y actual forma de conseguir cierta inmunización en espera de una vacuna? De confirmarse la hipótesis de estos inmunólogos, “ralentizaría la propagación del virus mientras esperamos una vacuna”.

En marzo, todo el mundo comenzó a pensar el papel fundamental que tendrían las mascarillas, ya que el contagio más importante del COVID se produciría a través de la nariz y la boca de los pacientes que eran presintomáticos o asintomáticos.

ES CLAVE REDUCIR LA CARGA VIRAL

Conseguir mediante el uso de la mascarilla la “inmunidad” se relaciona con una teoría de sobre la patogénesis viral, que sostiene que la gravedad de la enfermedad es proporcional al inóculo viral recibido. “Esta forma de variolización es una forma de disminuir el inóculo infectivo. Hasta que no haya disponible una vacuna es importante reducir el tiempo de exposición; en este caso con el uso de mascarilla universal que se presenta en este artículo como una estrategia para reducir la gravedad de la infección en afectados y, además, para favorecer la infecciones asintomáticas”, señala Silvia Sánchez Ramón, jefe del Servicio de Inmunología del Hospital Clínico de Madrid.

Para la inmunóloga, la clave está en disminuir esta carga viral, ya que “su carga inicial juega un papel preponderante en la gravedad de la infección. Por ello, la clave de llevar mascarilla es reducir el inóculo infectivo”.

El uso de la mascarilla llevaría a reducir el inóculo viral y al impacto clínico posterior de la enfermedad. “Dado que las mascarillas pueden filtrar algunas gotas que contienen virus (con la capacidad de filtrado determinada por el tipo de mascarilla), la mascarilla podría reducir el inóculo que inhala una persona expuesta. Si esta teoría se confirma, el enmascaramiento de toda la población, con cualquier tipo de máscara que aumente la aceptabilidad y la adherencia, podría contribuir a aumentar la proporción de infecciones por SARS-CoV-2 que son asintomáticas”, señalan los autores.

Según el estudio, los países que han adoptado desde el principio estas medida, y su población ha llevado la mascarilla todo el tiempo les ha ido mejor, tanto en términos de tasas de enfermedades graves relacionadas con el coronavirus, como con la muerte.

“La forma más obvia de evitar que la sociedad sufra los efectos devastadores del Covid-19 es promover medidas para reducir tanto la transmisión como la gravedad de la enfermedad. Mientras esperamos los resultados de los ensayos de vacunas, cualquier medida de Salud Pública que pueda aumentar la proporción de infecciones asintomáticas por SARS-CoV-2 puede hacer que la infección sea menos mortal y aumentar la inmunidad de toda la población sin enfermedades graves ni muertes”, indican los inmunólogos estadounidenses.