20 marzo 2019
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¿Es bueno ducharse con agua fría?

Hablamos de los beneficios que tiene para la salud optar por una opción que sólo de pensarlo da auténticos escalofríos

08 mar 2019 / 09:55 H.

Algunos con solo escuchar la palabra agua fría ya sentirán escalofríos. No olvidemos que estamos en invierno. Y si además relacionamos agua fría con ducha, es posible que más de uno salga huyendo. Pero lo cierto es que cada vez se habla más de los beneficios para la salud que tiene optar por mover el grifo hacia el color azul. Mejora la circulación, alivia el estrés y aumenta la vitalidad y la lucidez mental. Además de todo eso, también se ahorra agua caliente que, en algunos casos no viene nada mal. Lo que no cabe duda es que ducharse con agua fría o simplemente mojarse las piernas con ella tras realizar ejercicio, tiene un efecto reparador indudable.

¿Hay estudios científicos que lo demuestren? Y de ser así, ¿son esos supuestos beneficios lo suficientemente fuertes como para convencerte de que gires el grifo hacia el otro lado?

De entrada, lo que está claro es que el agua fría, al contacto con la piel, es un shock para el organismo: el cuerpo reacciona desencadenando una respuesta masiva al estrés, que hace que suba el ritmo cardíaco, aumente la circulación sanguínea y se libere adrenalina.

Por otro lado, a nivel doméstico, una ducha de agua fría es bastante segura y no tiene adversos negativos significativos para la salud. A no ser que tengas una edad muy avanzada o problemas de corazón, en cuyo caso el agua fría podría hacer que te desmayes o sufras un ataque al corazón, matiza el doctor Chris van Tulleken, presentador del programa de la BBC “Confía en mi, soy doctor”.

Un estudio holandés sobre el efecto de las duchas frías sobre la salud y el trabajo publicado en 2016 en la revista PLOS One halló que una ducha diaria de agua fría resultó en una reducción del 29% en la autoevaluación de enfermedad de los participantes durante los 90 días siguientes a haber adoptado ese hábito.

Durante al menos 30 días consecutivos los individuos debían ducharse con agua fría al final de sus duchas habituales con agua caliente, durante periodos de 30, 60 o 90 segundos, según el subgrupo de estudio.

Otro efecto demostrado es que, si bien la ducha fría provoca que nos despejemos, con le paso de las horas, también hace posible una mayor relajación del cuerpo y, por tanto, una mejor conciliación del sueño.

Por otro lado, ducharse de manera excesiva acaba provocando que se pierda la protección natural de la piel y del cabello. Para resolverlo, es mejor ducharse con agua fría ya que ésta no genera la pérdida de grasa cutánea y estira la piel, permitiendo su tonificación. En el caso del pelo, ayuda a retener más la caída del cabello.

Y volviendo a los deportistas y la capacidad que tiene el agua fría para regenerar los músculos, algunos estudios dicen que mejora la recuperación pero otros sugieren que puede reducir la capacidad de adaptación de los músculos. Por otro lado, un estudio de 2014 publicado en “Physical Therapy in Sport” halló que no había diferencias estadísticas significativas entre darse una sola inmersión breve de contraste, inmersiones breves intermitentes de agua fría y caliente o baños de 10 minutos en agua fría a 6 o 10 grados.