15 diciembre 2019
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Una visita guiada por el cementerio de Salamanca

Tumbas ilustres y obras de alto valor artístico que forman parte de la historia de Salamanca

01 nov 2019 / 10:41 H.

Miguel de Unamuno, de vigente actualidad por la película de Amenábar ‘Mientras dure la guerra’ tiene su tumba en el cementerio San Carlos Borromeo. En el nicho 340 de la galería de San Antonio se encuentra el célebre epitafio ‘Méteme Padre eterno en tu pecho, misterioso hogar, dormiré allí, pues vengo deshecho del duro bregar’. Los versos de su Salmo III le acompañarían hasta la eternidad. Sin duda, la más visitada de todo el camposanto como reconocen los responsables de la gestión del camposanto. “Hay gente que va expresamente al cementerio preguntando por la tumba de Unamuno como si fuera una peregrinación”, explican responsables del camposanto.

Aunque los actos más llamativos suelen concentrarse en el 31 de diciembre, fecha de la muerte del escritor, con el homenaje en su tumba que suele realizar la Asociación Salamanca Memoria y Justicia, una hora antes del que la ciudad realiza en la calle Bordadores frente a la escultura en bronce realizada por Pablo Serrano; muchos son los salmantinos y turistas que acuden a visitar la tumba del pensador.

Sin embargo, Unamuno no está solo presente en su nicho. El nieto del filósofo, Pablo de Unamuno, describe una de las curiosidades que se encuentran en la tumba de su abuela, Concepción Lizárraga. “La caligrafía sobre la lápida es una copia fiel de la letra de Miguel de Unamuno que realizó el artista Luis Santos”, detalla el nieto del escritor. En tres nichos, se encuentra gran parte de la familia de Unamuno, entre ellos su hijo Raimundo, fallecido con solo 6 años años de meningitis que le causó una de sus grandes crisis existenciales.

En la galería “histórica” del cementerio, comparten espacio con otros personajes ilustres como el historiador Villar y Macías o el médico y político Filiberto Villalobos. La leyenda cuenta que sobre su lápida siempre hay un clavel blanco.

La segunda tumba más visitada del camposanto salmantino es la de Rafael Farina. En su sepultura siempre se pueden ver numerosas flores de personas que llegan para dedicarle un recuerdo y una oración a uno de los artistas salmantinos de mayor proyección internacional. El sepulcro está ejecutado en granito negro con el frente y los dos bloques del mismo material y luce una “Piedad” de porcelana vitrificada, según explica el historiador salmantino José María Hernández Pérez.

La ruta por el cementerio es un recorrido por la historia de la ciudad pero también por el valor artístico que atesoran panteones como el de Doña Cándida Corneja. Terminado a finales del siglo XIX, es uno de los mausoleos más importantes del cementerio. Tenía reminiscencias bizantinas en la cúpula semejante a los cimborrios de la época románica. Lucía un precioso medallón con el rostro de Cristo, en el tímpano sobre el dintel de entrada y la verja de separación era de rejería de hierro, según señala Hernández en su repaso a la necrópolis salmantina.

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