20 septiembre 2019
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Un siglo después, realizan el viaje de regreso que su madre y abuela salmantina no pudo cumplir

Isabel Martín cruzó embarazada el Atlántico desde Salamanca para empezar una nueva vida en el Buenos Aires de 1928. Ahora casi un siglo después su hija y su nieto hacen el viaje de regreso que ella no pudo cumplir

22 ago 2019 / 21:55 H.

Isabel Martín y Melquiades Fraile iban a iniciar la navegación más larga de sus vidas. Hacían la maleta con la incertidumbre con la que golpean los 10.000 kilómetros de distancia que separan la localidad salmantina de Hondura de Huebra y Buenos Aires. Dedicados toda la vida al campo peleaban por dar un futuro mejor a sus hijos. Ni siquiera ella que viajaba embarazada con 18 años en un avanzado estado de gestación y sin apenas salir del camarote dudó sobre aquella nueva vida que arrancaba cuando un 31 de diciembre de 1928 atracaban en el puerto bonaerense y dormían en el hotel de inmigrantes, que aún hoy en día se conserva. Once miembros de la familia componían aquel viaje al nuevo mundo.

Hoy su hija, Alicia Fraile, y su nieto Marcelo Aliberto, recorren la Plaza Mayor y recuerdan aquella odisea que acabó con final feliz. Pisan los adoquines de una Plaza Mayor a la que sus padres y abuelos no volvieron, ya que murieron jóvenes, pero que siempre mantuvieron viva a través de los recuerdos, las tradiciones o el mismo lenguaje. “Buscaban el mejor futuro, viste, pero siempre extrañando Salamanca”, explica Alicia. Tras unos inicios duros en labores de ganadería en Santa Fe, la abuela Isabel abrió una mercería en el centro de Buenos Aires, adquirieron su vivienda propia y abrieron un nuevo horizonte.

“Cuando regresé al pueblo no podía parar de llorar porque todo estaba tal y como lo explicaba mi madre”, recuerda Alicia. La primera imagen al abrir la casa natal fue la pileta que le había realizado su abuela a su abuelo para que no tuviera que bajar al río a lavar. Fue en el año 1999 cuando Marcelo y su hermano concluyeron la carrera y decidieron realizar el viaje de fin de curso junto a sus padres. Una aventura en la añoranza “En vez de hacer el viaje nosotros solos, fuimos los culpables y quisimos volver a las raíces junto a nuestros padres y conocer de dónde eran los abuelo”, recuerda Marcelo. Ninguna localidad era desconocida para ellos en aquel primer viaje. “Veía los letreros de pueblos como Linares y todos me sonaban al igual que las comidas que eran las mismas que me hacía mi madre”, recuerda Alicia. Ni silas palabras sonaban diferente. “Yo siempre he dicho que voy a fregar los cacharros, algo que en Argentina todavía hoy nadie entiende”, bromea Alicia quien destaca lo buenas que le quedan las rosquillas y las floretas que aprendió de su madre.

Un familiar que había emigrado en los años 50 y regresado a Salamanca se encargó de hacer una búsqueda de todos los primos, ascendientes y descendientes para que se reunieran en Huebra. “Nos abrió las puertas en Salamanca y nos contactó con familia que ni siquiera sabíamos que existían. Cada viaje aparecen más familiares”. Fue el primero de muchos. “Hay gente que piensa en Miami, mi viaje siempre acaba en Salamanca”. Desde entonces, Alicia ha vuelto tres veces más, mientras que Marcelo lo ha hecho muchas más ya que durante años fue directivo de la Casa de Salamanca en Buenos Aires. Aquel primer viaje reforzó aún más sus vínculos con los nietos de salmantinos donde comenzó a implicarse creando un grupo de jóvenes. “En el 2006 hicimos el primer viaje a las raíces y dos años después volví con un grupo que recorrieron Castilla y León que no entraban por edad ni en los programass ‘Añoranza’ ni en ‘Raíces”. Cada vez que Marcelo regresa a Salamanca comprueba la importancia de la “identidad” que se mantiene sobre todo en los pueblos de la provincia y “la capacidad para mirar al futuro”. En la Casa de Argentina, se juntan todos los domingos salmantinos de Mieza, Béjar, Ciudad Rodrigo, Lagunilla donde cada uno defiende con entusiasmo sus orígenes y donde el número de habitantes nunca es transcendente.

Ambos poseen la doble nacionalidad española y argentina y estuvieron a punto de regresar a Salamanca cuando en el año 2001 se desató la pesadilla económica del ‘corralito’. “Decidimos esperar y finalmente salimos bien de la situación. La situación del inmigrante y su familia siempre es extraña. Estás en Buenos Aires y piensas en Salamanca; y cuando estás en Salamanca piensas en Buenos Aires. Está dividido el corazón”, remarca Marcelo Aliberto.

El relevo está garantizado. “Mi nieto de 5 años conoce muy bien lo que es Salamanca y lo que significa para su familia. No podemos permitirnos que se olvide”, concluye Alicia Fraile.