30 mayo 2020
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Un salmantino en Pekín: “En China horroriza ver lo de España”

Relata que allí la vida comienza a recuperar la normalidad

31 mar 2020 / 16:41 H.

China es el espejo donde nos miramos. Un país que empieza a ver luz al final del túnel tras lograr controlar los contagios locales. En Pekín reside y trabaja un salmantino que, con la experiencia de lo vivido viene del ‘futuro’ para aconsejar cómo afrontar un largo confinamiento y para analizar las diferencias entre las medidas implantadas por España y China.

La vida en Pekín comienza a recobrar una “aparente normalidad”, relata. Comienzan a abrir sus puertas pequeños negocios, hay más movimiento de transeúntes, ciudadanos en bicicleta y tráfico, se abren los primeros restaurantes, salones de estética y peluquería y los niños ya entrenan en campos de fútbol o juegan al bádminton en los parques, donde hay más vida y vuelven las clases de tai chi. “Eso sí, los controles siguen siendo igual de estrictos. Te toman la temperatura cada vez que entras y sales del trabajo, al entrar en el metro, cuando accedes al supermercado, al parque o a tu zona residencial. Las restricciones continúan con la paquetería y los repartidos no pueden acceder a los edificios y lo dejan todo abajo para que lo recojamos. En muchas grandes superficies exigen al entrar mostrar un código QR que certifica que en los últimos 14 días no has estado en ninguna zona de riesgo”, explica este salmantino.

La preocupación en China está ahora en los contagios importados de ciudadanos extranjeros o chinos procedentes de otros países del mundo. Para controlarlo, China ya ha cerrado fronteras a los extranjeros, aunque hace unos días a todos aquellos que llegaban a los aeropuertos, estuvieran o no infectados, les mandaban a centros de cuarentena para que pasaran allí 14 días obligatoriamente. “Las compañías aéreas chinas están recortando los vuelos y los precios no bajan de los 2.500 euros. En Wuhan ya han levantado la cuarentena y los trenes empiezan a funcionar en esa ciudad y en la provincia de Hubei. Y se han reabierto 6 líneas de metro”, relata el salmantino afincado en Pekín que desde el 7 de febrero trabaja desde su casa.

“Aunque muchos trabajadores se están incorporando a las empresas, las medidas de seguridad siguen siendo las mismas con un número máximo de personas por oficina. Se divide la plantilla para que una parte teletrabaje y otra esté físicamente”, describe. Él no sabe cuándo volverá a su oficina. Tampoco los niños chinos saben cuándo volverán a las aulas de los colegios. “Ahora yo puedo salir de casa tranquilamente, pero lo evito. Todavía tengo miedo. No sé si estará todo tan cortado como parece. Salgo para hacer un poco de ejercicio y comprar cuatro cosas básicas que necesito”, cuenta.

Este salmantino reconoce que no ha vivido el confinamiento más extremo de la zona cero como es Wuhan o zonas de la provincia de Hubei, pero aporta algunos consejos para aguantar en casa: “Paciencia. No queda otra opción. Por salud mental hay que desconectar de las noticias. Porque ves los datos de muertos que crecen día a día y es horrible. Hay que desconectar porque si no, tu vida se anula”.

Una de las claves para llegar a los cero contagios ha sido la “disciplina tremenda y ejemplar de los chinos”. “Veo que en España, salvo algunas excepciones se está respetando la cuarentena que es fundamental. En España nos queda lejos esa capacidad para aguantar las cosas y seguir las normas que tienen los chinos, pero gracias a esas medidas estrictas las cosas han funcionado y siguen funcionando bien aunque no estén al cien por cien. Aquí aunque se pudiera salir nadie lo hacía por miedo. Eran ciudades fantasmas, como en una película”, incide el salmantino, que detalla el elevado nivel de implicación desde las comunidades de vecinos hasta los gobiernos locales y provinciales.

En China no comprenden cómo se está actuando en España y en Europa. “Todo el mundo está horrorizado con lo que ven. Se sorprenden de que no usemos mascarillas, algo que es muy habitual en Asia, incluso con el más mínimo catarro o para protegerse de la contaminación. En España deberían prohibir que más gente fuera a trabajar, limitar más el uso del transporte público, controles de temperatura, que es fundamental para cribar a la gente, y mascarillas obligatorias. Que no digan que no es necesaria. Sí que es necesaria. Que digan que no se puede usar porque no hay pero no porque no ayuda a contener el contagio”, agrega este salmantino, que ahora se muestra muy preocupado por las noticias que llegan de España y sorprendido por el repunte de casos en Salamanca de los últimos días. “Lo que he pasado yo, ya me parece hasta lejano”, confiesa, mientras manda mucha fuerza a España.

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