La tribuna sobre la Gran Vía: esta es la historia de las escaleras de la Riojana
En 1945 acabó con una peligrosa rampa de tierra que subía hacia la plaza de San Cristóbal y desde entonces ejerce de punto de encuentro al pie de la cuesta de Asadería, mirador hacia la plaza de San Julián y espacio emblemático que está a punto de transformarse
La frecuentaban los estudiantes del vecino colegio Hernán Cortés, fue espacio de encuentro para locales y foráneos con la puesta en marcha de los Cursos Internacionales de la Universidad y también llegó a ser terraza efímera para el bar de la esquina, en lo que podría considerarse un antecedente amable del botellón. La próxima puesta en funcionamiento del primer ascensor urbano de la capital salmantina modificará el aspecto de las escaleras de la Gran Vía, también conocidas históricamente como de San Julián, aunque todos las hemos conocido como «escalerillas de La Riojana». Toca por ello echar un vistazo al archivo gráfico de sus 80 años de historia.
Comenzaban los años 40 y la ciudad planeaba su desarrollo al este de la Plaza Mayor. El proyecto de la ansiada Gran Vía, atascado desde inicios de siglo por la complejidad de los trámites urbanísticos, recibiría un impulso con las ordenanzas de edificación aprobadas en enero de 1944. Pero para llevar los planos del trazado rectilíneo a la realidad, habia que derribar unos cuantos viejos edificios. Los recordados soportales de San Julián ya habían caído en 1933 y los dos inmuebles ya construidos entonces a partir de la cuesta de Asadería marcarían la alineación del lado este. Todos los demás tendrían que contar con soportales, tal y como determinaba la ordenanza. Pero había que buscar una solución elegante para subir a la iglesia de San Cristóbal.
«Hace bastantes años (...) que los vecinos de la calle Asadería hacen equilibrios para subir unas improvisadas escaleras, con peligro inminente de hundirse en el barro que se forma en las épocas de lluvia». En un artículo publicado en El Adelanto en agosto de 1939 sobre la renovación de la vieja plaza de San Julián, Javier de Montillana señalaba este reto urbanístico pendiente. Paradójicamente, el autor también saludaba la construcción en la esquina de enfrente del edificio de cuatro plantas «símbolo del progreso moderno que ha venido a sustituir a los antiguos soportales» y daba por condenada al derribo la Casa de las Viejas. Se equivocó: el primero, que no respetaba la alineación, fue demolido en los años 70 y la segunda es hoy sede de la Filmoteca de Castilla y León.
El arquitecto municipal Ricardo Pérez Fernández se encargó de diseñar la escalera que acabaría con esa cuesta de tierra y barro al pìe de la calle Asadería. El proyecto, con dos tramos rectos separados por un descansillo, fue aprobado en ese mismo año 1939 dentro del plan de urbanización de ese tramo de la Gran Vïa. Así lo recuerda el blog «Salamanca en el ayer» en un documentado artículo publicado recientemente.
El maestro de obras José Gómez González inició la construcción de las escaleras en 1942 pero los trabajos se demoraron tres años ya que, en plena revolución urbanística de la zona se encontraron con un escollo: el proyecto de hotel adyacente hacia el norte, promovido por el propio Gómez González, debía contar con los soportales prescritos. Esto obligó a remodelar el tramo bajo de las escaleras dándoles una forma curva que permitiera acceder desde los soportales e introduciendo un muro a la Gran Vía y nuevos elementos de diseño.
El proyectado hotel nunca llego a serlo ya que la Universidad compró el edificio, que se convertiría en Colegio Mayor Hernán Cortes, inaugurado por Franco en 1954. Con el traslado al nuevo edificio del paseo de San Vicente y ya en la democracia, fue cedido a la Junta para ser oficina de turismo, después Servicio Territorial de Educación y hoy, Servicios Sociales.
En la esquina opuesta de las escaleras abrió en 1947 el bar Gran Vía, que aparece en las primeras imágenes de las nuevas y flamantes escaleras. Le sucedería el bar restaurante La Riojana, dirigido por los hermanos Carlos y Chuchi, referencia hostelera de la zona que perduró durante décadas hasta que, ya como Casa Vale-La Riojana en su última etapa, cerró en el cambio de siglo. La entidad bancaria que ocupó entonces la esquina de Asadería con la Gran Vía y los establecimientos que llegaron después no han hecho olvidar la denominación popular de las escaleras, ya arraigada entre los salmantinos.
La instalación de varios teléfonos públicos sin cabina en el muro contiguo y la parada del autobús, cada vez con más líneas, convirtieron a las escaleras de La Riojana en punto de encuentro y nudo de tráfico peatonal. Hoy, 80 años después, las escaleras cambiarán su fisonomía para convertirse en espacio pionero de accesibilidad en la capital.